Mauricio Macri junto a Marcos Peña (Reuters)
Mauricio Macri junto a Marcos Peña (Reuters)

Marcos Peña, el dueño de las encuestas de Juntos por el Cambio, nunca se lo imaginó.

"Este dejó de hacer periodismo hace rato, ¿y ahora hace periodismo de ficción?", se despachó el jefe de ministros en el salón reservado para funcionarios, familiares y amigos en Costa Salguero. En uno de los televisores, un reconocido periodista pronosticaba que la diferencia en favor de Alberto Fernández era de más de 6 puntos. La votación había cerrado hacía ya un rato largo.

El Gobierno no esperaba esta derrota. Ni Peña ni Jaime Durán Barba, el consultor estrella de Mauricio Macri que hasta ahora casi no había fallado en sus pronósticos, habían previsto un resultado tan categórico, que deja al candidato del Frente de Todos a tiro de victoria en primera vuelta y al Presidente en las puertas del final de su carrera política.

Incluso hasta bien entrada la noche, en el equipo de comunicación oficial daban cuenta de que, como mucho, la derrota podía ser de unos "5 puntos". Fue de 15.

Durante toda la tarde, habían elegido el silencio. "Hicimos una muy buena elección", dijo el jefe de Gabinete y jefe de campaña nacional a las 7 de la tarde.

Macri, Peña, Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia vidal, Durán Barba, su socio Santiago Nieto y un puñado de colaboradores se encerraron en el salón reservado para el Presidente cuando se dieron cuenta de que la diferencia abultada e irreversible.

Y decidieron terminar la noche lo antes posible, sin números oficiales y con un discurso breve y frontal de un Macri desahuciado. El Presidente subió al escenario 10 minutos después de las 22. Según el cronograma previo, su palabra se esperaba para la medianoche.

Unos minutos después, el Jefe de Estado enfrentó a los medios. Por su cara y la del resto de sus colaboradores y funcionarios habrá sido, tal vez, de las ruedas de prensa más dura que le tocó encabezar.

Cuando este medio le consultó si se había comunicado con el candidato del Frente de Todos, no dejó terminar la pregunta y contestó con un seco, apurado y fastidioso "no".

Mauricio Macri y María Eugenia Vidal (Nicolás Stulberg)
Mauricio Macri y María Eugenia Vidal (Nicolás Stulberg)

Durante la semana, Durán Barba, que se instaló toda la tarde en Costa Salguero y siguió los datos de las dos mil mesas testigo en el salón VIP apostado para la ocasión, se había mostrado llamativamente optimista.

En reuniones privadas, decía que esperaba un empate. Y hasta un triunfo muy ajustado por parte de Macri. El mismo relato que repitieron durante la semana en las principales oficinas de la Jefatura de Gabinete: "empatados".

A la mesa chica del PRO, el ecuatoriano les repitió lo mismo: "2 o 3 abajo".

El consultor fue uno de los últimos en irse de Costa Salguero. Pasadas las 12 y media de la noche, aún seguía en el complejo. Al igual que Rodríguez Larreta, Santilli y parte del equipo de la Ciudad.

En el entorno de la cúpula partidaria buscaron evitar contar detalles de un búnker desolador. El más desolador desde la creación del PRO. Pero algunos de ellos sí admitieron que hubo llantos. Y mucha tristeza. 

Marcos Peña (Nicolas Stulberg)
Marcos Peña (Nicolas Stulberg)

Después de la conferencia de prensa, Macri improvisó una reunión de gabinete. Hubo ministros que tuvieron que arrimarse de urgencia. Después de ese encuentro, plagado de versiones y suspicacias, el Presidente se fue a Olivos.

Y Vidal, la dirigente más taquillera del oficialismo, se despidió de sus colaboradores, uno por uno, con un beso. Escrutadas casi el 90% de las mesas de la provincia de Buenos Aires, la gobernadora -hasta este domingo, la esperanza de Juntos por el Cambio- perdía por 17 puntos frente a Axel Kicillof.

La mandataria bonaerense dejó el búnker sin decir ni una sola palabra. Su discurso estaba pautado para un rato antes que el de Macri. 

(Nicolas Stulberg)
(Nicolas Stulberg)

A las 7 de la tarde, en el sector reservado para los invitados especiales y la militancia, en uno de los livings blancos armados a metros del escenario en el que tres horas después habló Macri, habían empezado a inflar dos docenas de globos de colores. 

Al rato, los empleados de seguridad enfundados en chalecos amarillos, los guardaban en bolsas negras de consorcio. Los globos nunca más volverían a aparecer. 

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