(REUTERS/Agustin Marcarian)
(REUTERS/Agustin Marcarian)

Como los gatos, Mauricio Macri parece dispuesto a demostrar que tiene siete vidas. Hasta hace pocos meses sus propios socios buscaban un "Plan B" que lo reemplazara para las elecciones presidenciales y él mismo le preguntaba a su mesa chica -eso sí, de a uno- si tenía que dar un paso al costado. Sus enemigos nunca tomaron en cuenta su resiliencia, esa capacidad para superar las circunstancias más adversas y salir fortalecido. Tampoco su tenacidad ni su pragmatismo.

Cuando nada lo hacía prever, sacó de la galera a Miguel Angel Pichetto, una candidatura  a vicepresidente que el círculo rojo leyó como una autocrítica y la promesa de que en un segundo mandato las cosas se harían con mayor profesionalismo y sentido de la realidad.

Fue el 11 de junio, hace hoy exactamente dos meses, que el experimentado hombre de la política aceptó acompañar al Presidente en la fórmula. Macri tenía todavía niveles muy bajos de imagen positiva, rondando el 20%. Pero Pichetto no dudó. Aceptó acompañarlo, y sin poner condiciones.

Macri y Awada en el homenaje a la Pachamama, en la puna jujeña.
Macri y Awada en el homenaje a la Pachamama, en la puna jujeña.

El senador abrió una ventana de oportunidad que era inimaginable pocas semanas atrás para el Gobierno y se puso a disposición del jefe de campaña, Marcos Peña. De hecho, Pichetto fue "LA" campaña durante el primer tramo y la comunicación estaba centrada en él. Al volver Macri y su Jefe de Gabinete del G20 en Japón comprobaron que había chances de ganar o perder por muy poco en las PASO y se pusieron manos a la obra.

Macri retomó protagonismo y se lanzó a la reconquista del voto enojado, no solo para garantizar su reelección, sino la también la de María Eugenia Vidal, de quien sinceramente piensa que "los bonaerenses no pueden perderla como gobernadora". La recuperación de la intención de voto del Presidente facilitó la campaña de los candidatos de Juntos por el Cambio en todo el país y lo que hace pocas semanas parecía imposible, para algunos empezó a volverse posibilidad. Intentar sacar en las primarias lo que se logró en la general de 2017 se transformó en la meta-objetivo. Y"Boleta completa" casi en un grito de batalla.

Aunque en el primer piso de la Casa Rosada están dispuestos a perdonar a los que en el conurbano saquen algún voto más que el Presidente porque aceptan que en ese territorio las cosas no están fáciles. "Tampoco vas a decirles que no corten boleta si vienen a decirte que van a votar por vos y no por mí", le dijo Macri a un intendente que también pelea por su reelección.

Macri es un extraño caso de hijo del poder. Desde muy joven se puso objetivos más propios del que quiere entrar al sistema, no de alguien que se crió en él. Encaró una larguísima carrera que empezó en Boca Juniors para seguir por el Gobierno de la Ciudad, todo porque quería ser presidente. Y no cualquiera, sino uno que lo lograría con su propio partido o su propia coalición, porque la juega de punto, pero necesita ser banca.

Recorriendo con Vidal un nuevo gasoducto en Mar del Plata.
Recorriendo con Vidal un nuevo gasoducto en Mar del Plata.

Contra todo pronóstico, alcanzó la Presidencia en el 2015 y llega competitivo a la reelección. Y si para ganar la presidencia tuvo un profesor de baile al que iba una vez por semana para aprender a moverse en el escenario y dar pasos ridículos y así conectar con su electorado dando una imagen descontracturada, ahora tomó clases de teatro para aprender a sacar la emoción que tiene escondida detrás de su estoica timidez. Es que en los focus group suele repetirse que es frío y distante, y en la Argentina se hace muy difícil votar a un candidato que no genere alguna emoción.

Los actos de campaña también cambiaron. Siguieron los escenarios 360º que se inauguraron para la legislativa del 2017, pero se abandonaron no solo los bailes, sino también los globos. Se podría decir que es una victoria del ala política, que siempre criticó esa práctica, pero Peña contestaría "son etapas". La verdad es que el horno no está para globos.

En la gran cantidad de actos que se hicieron por el país, donde no ingresa ningún militante que antes no haya dejado su nombre y documento, los candidatos hablan estrictamente un minuto, dos, cuatro o diez, según su lugar en las listas, dando un discurso que exige aprobación y que pueden leer con los telepromter que rodean el círculo, para evitar equivocarse y pasarse del tiempo estipulado.

Sí, hay telepromters, lo que quiere decir que a Macri no se le saltó la cadena cuando dijo "no se inunda más, no se inunda más, no se inunda más, carajo". Ese discurso fue la respuesta a la pregunta que se venía haciendo el equipo de campaña: ¿cómo hacer que el electorado comprenda que las verdaderas transformaciones llevan tiempo? Y ahí fue el Presidente, prolijo y ordenado, a hacer lo que tenía que hacer para intentar ser comprendido por sus votantes, lógicamente fastidiados por el durísimo ajuste, en las instancias últimas de la campaña.

Macri y Pichetto, en el plenario nacional de Juntos por el Cambio. (Franco Fafasuli)
Macri y Pichetto, en el plenario nacional de Juntos por el Cambio. (Franco Fafasuli)

Cómo votarán los argentinos en estas PASO se terminará de dilucidar esta noche, o quizás dentro de varios días, en el escrutinio definitivo. Por cierto, a Macri no lo impacientará tener que esperar varios días  el resultado. Está acostumbrado a que las cosas se le hagan difíciles y no pierde fácilmente la calma. Mucho menos ahora, que siente que la fortuna podría ponerse de nuevo a su lado.

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