Maia Volcovinsky ocupa el segundo lugar en la lista de diputados nacionales de Consenso Federal por la Ciudad de Buenos Aires, que encabeza Marco Lavagna. Es integrante de la Comisión Directiva de la Unión de empleados de la Justicia de la Nación (UEJN). 

En sus intervenciones públicas postula una defensa del trabajo y de la familia. "Desproteger a la familia es hipotecar la Argentina", afirma. 

"Es imposible pedirle a la dirigencia de hoy que hable en términos de geopolítica -dice Volcovinsky, aludiendo a un aspecto del debate por la legalización del aborto casi ausente en la consideración de muchos legisladores-, porque se acostumbraron a una forma de hacer política muy banal". Y asegura que lo que más la sorprendió fue que algunos legisladores tomaron su decisión "en base a lo que charlaron en su casa". "¿A quién representan? No sabía que ahora las familias elegían un diputado para el Congreso de la Nación", ironiza.

Volcovinsky, que trabaja en el ámbito de la justicia y tiene una larga militancia judicial y territorial en la Ciudad, defiende la vida desde la concepción, al igual que la mayoría de los referentes de su sector -Marco Lavagna votó contra el proyecto de aborto legal- y espera que se generalicen políticas de protección y acompañamiento a las mujeres durante el embarazo y los primeros tiempos de la crianza.

Lamenta que se desperdicie la oportunidad que representan las elecciones para discutir el "qué hacer", y buscar a través del consenso soluciones a "los problemas que no se pudo o no se quiso resolver en una gestión".

“Hay un trabajo muy claro para perpetrar la polarización como estilo institucional en la Argentina”, dice Maia Volcovinsky, precandidata a diputada nacional por Consenso Federal
“Hay un trabajo muy claro para perpetrar la polarización como estilo institucional en la Argentina”, dice Maia Volcovinsky, precandidata a diputada nacional por Consenso Federal

— Aunque mucha gente está disconforme con el gobierno anterior y con el actual, pareciera que a las terceras alternativas les está costando instalarse. ¿Perciben esa dificultad?

— Sí, claramente. Hay un trabajo muy claro para perpetuar la polarización como estilo institucional en la Argentina. Es muy dañino para nosotros como espacio que pretende hacer un camino distinto a estas tensiones que proponen como modo de construir la política; la política son consensos, es ponerse de acuerdo sobre las realidades que se viven y buscar soluciones para el  conjunto, y si el punto de partida es el temor a una cosa, el odio a la otra, es muy difícil trabajar para resolver los problemas de los argentinos. Es una práctica que nos está haciendo mucho daño y que va a seguir haciendo mucho daño en los próximos años, porque el conjunto de las instituciones con responsabilidad colaboran a que eso continúe de esta manera. Contribuyen a la grieta, a la polarización, a la lógica del odio y a la elección por el temor a una cosa o el odio a la otra. Estamos perdiendo una oportunidad siempre muy interesante que son las elecciones, una oportunidad de escuchar propuestas como debería ser para las soluciones de los problemas que no se pueden resolver en una gestión o no se quiso resolver en una gestión, y la desperdiciamos. La desperdiciamos porque no se está discutiendo programa, no se está discutiendo el qué hacer y los argentinos están viendo cómo evitar lo que no quieren que les ocurra.

— Muchos candidatos apelan incluso a un lenguaje sorprendentemente grosero. ¿Por qué pasa eso? 

— Es que la clase política se disoció mucho de la realidad del pueblo que debe representar. Es la visión que tenemos los que estamos en este espacio. La clase política se alejó de las realidades del pueblo que tiene que escuchar. No lo escucha. Construye su imagen y sus voces en los lugares institucionales en los que le toca estar en función de encuestas de opinión en vez de tomarse el simple trabajo de ir a un barrio, charlar con los actores de la comunidad, charlar con un club de barrio, un comedor, la iglesia, una escuela, con los actores que están resolviendo las cuestiones de los argentinos día a día. Eligen construir su representación en un laboratorio de marketing político. Les dicen "mira que estás muy alejado de la Argentina que representás, buscá parecerte más", entonces hasta copian frases y modismos buscando parecerse a la Argentina que quieren representar pero así no la representan en nada.

— ¿Cuál es tu ámbito de acción política? 

— Estamos en la Capital. Y hace muchos años formo parte de un sindicato que a su vez está en la Confederación General del Trabajo, el sindicato de los judiciales, represento a trabajadores judiciales. Estamos muy en contacto con la realidad del trabajo y con los avatares que viene sufriendo en los últimos años. También hace mucho tiempo tenemos un trabajo en el territorio de la Ciudad de Buenos Aires, porque para nosotros la solución no es solo gremial, es política. No se van a salvar los judiciales por su lado, o los ferroviarios por su lado, o los trabajadores de la sanidad por su lado; ni siquiera el conjunto de los trabajadores pueden pensar en una solución para ellos solos, sino que las soluciones deben ser de todos los actores de la comunidad articulados en una acción política. Nosotros venimos desarrollando la actividad política en el distrito de la Capital hace muchos años y en eso entramos en contacto con la realidad cotidiana del comerciante, del vecino, de los actores de la comunidad, las escuelas, los clubes de barrio y todas las cuestiones a las que hoy se tienen que enfrentar por la situación económica bastante desacomodada que los tiene a todos en vilo.

— Cada vez que se evoca la posibilidad de una reforma laboral, la CGT suele ver en ello una intención de mayor flexibilización. ¿Pero no son necesarias ciertas reformas para adaptarse a nuevos tiempos, nuevas formas de trabajo, que de hecho existen? Como quizás le toque discutirlo en el Congreso, ¿hay alguna reforma que la CGT aceptaría? ¿O incluso promovería? 

— Por supuesto, la CGT ha promovido muchas modificaciones a las normas del trabajo en atención a las realidades que son cambiantes. El progreso tecnológico trae un montón de modificaciones en las formas de trabajo y hace necesario que las normas se adapten a esos cambios tecnológicos y de las formas de contratación, porque si no quedan en desprotección muchos trabajadores. Ahora bien, una cosa es discutir modificaciones en las normas laborales cuando uno está poniendo al trabajo en un lugar ponderable, cuando cree que para el desarrollo de la comunidad,  es importante por ejemplo algo tan simple como crear trabajo; una cosa es discutirlo cuando un gobierno crea 900.000 puestos de trabajo al año, como en el 2004 cuando Roberto Lavagna era ministro de Economía y otra cosa cuando se destruyen prácticamente 300.000 puestos de trabajo en un año. La discusión tiene que ser en función de esa realidad: si el trabajo es algo que nosotros queremos utilizar como ordenador social, porque da posibilidades de desarrollo a una familia, de dignidad a la persona humana. Si eso no está en el centro de la escena, si no es el objetivo principal, ya sabemos que la discusión no va a venir por el lado de beneficiar al trabajo, tanto al trabajador como al dador de trabajo, sino todo lo contrario. Porque en esta lógica de destrucción de puestos de trabajo se destruyen también empresas, fábricas, talleres, comercios. Se perjudica al trabajador y al dador de trabajo.

— ¿Va a ser fácil volver a crear trabajo?

— No, en la Argentina nada fue ni es fácil pero es todo posible. No hay nada imposible para un país tan rico, con recursos humanos tan capacitados, con una cultura del trabajo que fue muy golpeada en las últimas generaciones pero que aún está vigente y es un anhelo; lo digo porque recorro los barrios y la gente desea tener un trabajo, no hay un conformismo. Es cierto que varias generaciones se están formando en familias que no pueden acceder al trabajo y hay jóvenes a los que por eso les cuesta mucho a veces mantener un trabajo, cumplir una jornada, un horario. Es difícil porque esa cultura se fue destruyendo. Pero es su anhelo más grande poder dignificarse a partir del trabajo. No desean un estilo de vida de subsidio, de dádiva. Eso no está gracias a Dios en el corazón de los argentinos y tiene que ver con el trabajo de la comunidad que rodea a esas situaciones trágicas de promover como lógica la superación personal en función de la dignificación que da el trabajo y no otra cosa.

— Le escuché decir que para usted los dos ejes más importantes eran la familia y el trabajo. Son cosas que van unidas, sin duda, pero en el caso de la familia, ¿qué significaría en términos de acción legislativa o política en general? 

— La familia es la célula básica de organización comunitaria. Ahí se forjan los valores de los futuros ciudadanos, de los niños, esa es la tarea más grande que tiene. Se forja el sentido de solidaridad, de tolerancia, de respeto. Es el orden, la jerarquía, también el respeto por el orden y la jerarquía. Para que todos esos valores puedan desarrollarse saludablemente tienen que contar con la protección de la familia y la promoción de la familia por parte del Estado. Si la familia hoy está atravesando situaciones económicas complicadas, si los padres se quedan sin empleo, si los chicos están en la calle, es muy difícil que ese ser humano en formación que en poco tiempo se va a proyectar a la comunidad esté dotado de valores que puedan sacar a la Argentina adelante, porque vamos a tener un chico en situación de descuido, tal vez de violencia porque está solo. Es muy sensible desproteger a la familia porque es hipotecar la Argentina. Por ahí no es algo tangible pero es todo.

— ¿Qué se puede hacer?

— A pesar de la difícil situación económica, hay muchas cuestiones hoy en torno a la familia, momentos muy sensibles, la maternidad, el embarazo, el cuidado del niño en sus primeros años, que podrían estar acompañados por el Estado como hoy lo están por parte de la comunidad, porque el Estado está ausente en muchos sentidos en estos aspectos y un número basta para demostrarlo: en Argentina mueren cada año 7.500 niños menores de un año por falta de asistencia en salud, por desnutrición. Muchos otros crecen y se desarrollan con falencias, al punto que hoy podemos decir tristemente que la mitad de los niños en Argentina son pobres. Pese a esta grave situación, poder acompañar a la familia hace diferencia. Hay muchos programas en provincias o municipios de éxito enorme en el descenso de la mortalidad infantil. Por ejemplo, en la provincia de Santa Fe, el gobierno ha desarrollado una leche maternizada para las distintas etapas de crecimiento del niño. Hace no mucho las manzaneras en la provincia de Buenos Aires desarrollaron una tarea de reconocimiento, manzana por manzana, casa por casa, de la situación de niños y madres logrando bajar de manera impresionante los índices de mortalidad infantil. Pero, siendo Argentina, seguimos a mitad de tabla del mundo en ese índice. Y en cuanto a sectores no tan vulnerables, como los ámbitos del trabajo convencional, del sector en blanco de la economía, también se podrían desarrollar políticas de acompañamiento a la familia porque en el momento de decidir formar una familia surgen muchas complicaciones, económicas, laborales, de exigencias que no contemplan la importancia y la trascendencia que tiene para la Argentina traer niños al mundo. 

— ¿Qué se está haciendo desde los sindicatos?

— En estas cuestiones los sindicatos ejercemos muchas intermediaciones. Desde las obras sociales que brindan salud en ese momento tan complicado de la vida hasta llevarles un cochecito, tener una guardería; aunque las guarderías son responsabilidad del empleador muchas veces las terminan desarrollando los sindicatos. Tampoco el Estado ejerce ninguna sanción a los empleadores que no lo cumplen. Pero hay un montón de cosas que se pueden reforzar para que ese hecho tan importante para todos que es que un individuo o dos que lo deciden formen una familia, estén acompañados. Y hay mucho para hacer.

— Hizo referencia a la importancia de que nazcan niños, y recordé que durante el debate del aborto, más allá de los aspectos religiosos, humanitarios, científicos, no se vio a los políticos preocupados por cuestiones geopolíticas, por una política poblacional. Se instala incluso una cultura antinatalista para la que el embarazo es una suerte de fatalidad. ¿Le sorprendió que no hayan surgido estos temas?

— Pedirle a la dirigencia de hoy que hable de geopolítica… Yo creo que es pedir algo que no hay. Se acostumbraron a una forma de hacer política muy…

— Cortoplacista.

— Sí, cortoplacista, banal. No creo que jamás se les haya ocurrido pensarlo en esos términos, pero y me dirán lo que me quieran decir pero sinceramente a mí lo que más me sorprendió del debate del año pasado fueron los legisladores que se sentaron a decir que tomaron su decisión en base a lo que charlaron en su casa. Momento, ¿a quién representan? No sabía que ahora las familias elegían un diputado para el Congreso de la Nación.

— Algunos dijeron que los hijos los habían convencido.

— "Mi hijo me convenció". Entonces los nuevos asesores, los nuevos formadores del conocimiento de los diputados y senadores fueron las familias, los hijos, las esposas. No salieron a recorrer la Argentina  a ver qué pasaba, qué necesitaban los argentinos. Entonces no sorprende que se hagan agendas en función.. ¿de qué?, porque ¿de dónde viene esta agenda? ¿Ataca los problemas reales de la Argentina? ¿Cómo puede estar en el mismo nivel esa discusión y a la misma hora y mismo lugar, en el mismo país, se estaba reduciendo un 8 por ciento el presupuesto en salud eliminando el Ministerio de Salud? Entonces ¿de qué estamos hablando, cuál es la verdad de lo que está pasando? ¿Es un gran circo para distraer del que todos hemos participado ingenua o sabidamente? Si no quisieron ver la cuestión geopolítica o no se interesaron por estudiarla y pensar la importancia de traer hijos al mundo desde la necesidad de desarrollar la Argentina al menos deberían preguntarse por qué se promueve esas agendas desde los sectores de poder concentrados que tienen sede en otros países.. 

— Reapareció también el viejo argumento maltusiano del aborto como solución a la pobreza… 

— Esa es la otra cara de la discusión, creer en el descarte como cultura, creer que no existe un otro más que yo mismo, que la realidad es la que yo vivo, la de mis pares como mucho, todo lo demás no existe. Entonces no sorprende que hablen de su familia y que no vayan a la realidad de la Argentina porque en su cabeza y en la de muchos argentinos ha operado la cultura del descarte, bueno, ya está, resignémonos. 

— En estos días se cumplen 70 años de la creación del Partido Peronista Femenino. Perón fue un gran impulsor de la participación de la mujer en política, formó e impulsó a su esposa, y le dio poder. Y más tarde fue también el peronismo el que puso el cupo femenino. ¿Hay continuidad entre ese movimiento de participación de la mujer y el feminismo actual?

— Yo creo que la participación de las mujeres en la Argentina inspirada por Eva Perón sigue vigente en los lugares donde se ha mantenido la discusión y la vigencia de la doctrina peronista. Donde no se ha mantenido viva esa llama, han avanzado otras doctrinas, otras ideas, otros pensamientos. Será cuestión de que los que creemos en esa Argentina tan digna y maravillosa que supimos tener, con una participación de la mujer inigualable en el mundo, porque la representación femenina durante el peronismo no tuvo igual en la historia en aquel momento -tuvimos la primera mujer presidenta del mundo-, si los que creemos y reivindicamos eso, sabemos seguir levantando esa bandera e iluminar ese camino de tanta felicidad para el conjunto de los hombres y las mujeres de Argentina, vamos a poder salir bien de esta situación en la que hay muchas agendas dibujadas en el extranjero en función de las necesidades del extranjero y que se contraponen con las nuestras porque lamentablemente la Argentina sigue siendo en mucho un país colonial al que le dicen qué hacer y lo hace incluso en perjuicio de las mayorías que debería representar. Entonces, cuando los que deberían denunciar eso confunden copiando esas agendas, los que sostenemos el peronismo y a la revolución que protagonizó en Argentina, debemos ser más finos en la discusión con nuestros compañeros, nuestros pares. 

— Hoy parece por momentos que el discurso feminista instala una división más. Sin embargo, la propia historia argentina es ejemplo de que muchas veces los hombres han promovido y acompañado la emancipación de la mujer.

— Hay situaciones terribles que atraviesan las mujeres y hay un Estado ausente. Ahora, la salida no va a ser más violencia. La salida va a ser que las que estén fuertes puedan iluminar un camino de amor y de respeto, no de una cadena interminable de odios que nos dividan y nos hagan perder a todos, porque en lo cotidiano se vive mancomunadamente con los hombres. Para nosotros no está bien planteada la división y el odio al otro como manera de resolver las situaciones de violencia.  Nos duele enormemente cómo se agrede a las mujeres. Pero también los hombres sufren la violencia del sistema. En la Argentina se suicidan 3.000 jóvenes adultos al año y 2.500 son varones. En la Argentina de cada 10 personas que son asesinadas 9 son hombres. Entonces hay situaciones de violencia que genera el sistema, la inequidad social en la que vivimos, que deben ser atendidas en su conjunto. Tenemos que estar los hombres y las mujeres trabajando juntos para terminar con las situaciones de violencia originadas en el sexo o en otras causas, inseguridad, ausencia del Estado.Hay que atender la violencia en todos sus aspectos. Y es valorando la vida, es valorando al otro y no creyendo porque está del otro margen no importa. 

— ¿Qué pasará con la actual movilización de las mujeres? ¿Le ve futuro?

— Son como explosiones de un momento, desorganizadas, que promueven el caos, porque no hay ni claridad de a dónde se busca llegar ni sobre el origen de los problemas. Es un gran caudal de vocación transformadora no aprovechada la movilización de las mujeres. Sí ha generado avances en muchas cuestiones, pero en la medida que se retrocede en las condiciones de vida, no nos alcanza, porque ya ni me pone contenta obtener una guardería para mis compañeros de trabajo si se perdieron 280.000 puestos de trabajo en un año. Yo no me puedo poner contenta por lo que ocurre en un sector que todavía se mantiene en blanco, registrado, con empleo, cuando en la Argentina tenemos la mitad de los chicos pobres. Entonces digamos que las mujeres y los hombres hoy deben estar trabajando por ese primer objetivo. Luego podemos trabajar por todos los demás, pero si no tenemos una nación, si no tenemos una nación que crece, se desarrolla, genera empleo, trabajo digno para todos, cuidado a las familias, condiciones dignas de trabajo, todo lo demás es como un distractivo.

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