Marcos Peña, antes de dar su mensaje al Senado
Marcos Peña, antes de dar su mensaje al Senado

En su última visita, en octubre del año pasado en Diputados, había evitado confrontar con la oposición. Un mes antes, la crisis cambiaria y las tensiones internas lo habían obligado a bajar el perfil.

Cinco meses después, Marcos Peña volvió enérgico al Congreso. En tono de campaña, habló más de una hora y casi diez minutos más que Mauricio Macri en su discurso del 1 de marzo en la apertura de las sesiones ordinarias. Un rato después de que el dólar alcanzara un nuevo récord en torno a los 45 pesos, Marcos Peña defendió en el Senado la gestión del Gobierno, volvió a ratificar el rumbo del programa económico, auguró un nuevo mandato de Cambiemos y la oposición lo cruzó con dureza. Lo acusó de contar un "relato" y de vivir "otra realidad".

"Anticipándome a los reproches y reclamos, dirán 'esto es muy lindo pero no se ve, porque la economía está mal'", empezó a cerrar su discurso, en el informe mensual de la gestión, el jefe de Gabinete luego de hacer un repaso por la historia económica de las últimas décadas y de resaltar "la buena noticia" de que el país está "saliendo de la crisis resolviendo los problemas estructurales y yendo al fondo de la cuestión".

Los senadores Mario Pais, Julio Catalán Magni, José Mayans, María Teresa González, Inés Blas, Alfredo Luenzo y José Ojeda, que escucharon al jefe de ministros en un recinto semi vacío, lo cruzaron con crudeza. Lo acusaron de vivir "en otro país", de tener al "pueblo de rodillas", de "cuadro psicótico", de atravesar una "situación insostenible", de preparar "un fraude electoral" y de contar un "relato de campaña".

"¿Dónde viven?", le preguntó Calatán Magni, que minutos más tarde se cruzaría con Peña en un ácido intercambio que obligó a la intervención de Federico Pinedo. El fueguino gritaba desde su banca.

"En lo económico nunca planteé que las cosas estén maravillosas ni bien", se ofuscó el jefe de Gabinete, que en las últimas semanas empezó a salir del silencio mediático en el que se recluyó hacia fines del año pasado.

Peña elevó el tono a medida que la crítica de los senadores empezó a recrudecer. "Está bueno contar esta historia, es paradójico", contestó en uno de los cruces en alusión a una obra que, según el ministro, fue incumplida por Lázaro Báez primero, y por Cristóbal López después. "Esto habla de un tema más estructural sobre el desarrollo de lo que pasó en la década anterior en la obra pública con los empresarios amigos", remarcó.

Minutos más tarde, volvió a trenzarse en una acalorada discusión con Mayans, que entre otras consideraciones se había referido a un presunto "fraude electoral" y a las declaraciones de Macri en la entrevista con Luis Majul en la que habló de las coimas pagadas por su padre durante la gestión anterior.

"Es casi una chicana berreta para ese contexto. Un tono de amenaza que es malo para la democracia, está insinuando cosas llamativas", le dijo Peña al senador, sentado frente a él, a dos metros. Y se envalentonó: "En el próximo mandato de Cambiemos haremos lo mismo, quédese tranquilo", aventuró el funcionario más influyente de la administración de Cambiemos y jefe de campaña del PRO.

En la última visita a Diputados, el funcionario casi no había hecho referencias al programa económico del Gobierno. Ni siquiera había querido contestar las reiteradas críticas de la oposición, en especial del bloque K. La crisis de la economía empezaba a agudizarse. Su vuelta al Parlamento se da con el traje de jefe de campaña.

El jefe del bloque del PJ, Miguel Ángel Pichetto, también se plegó al coro de reprobaciones del mensaje oficial. "Hay situaciones que pasaron que son irreparables", subrayó. Se refirió a los aumentos paritarios del año pasado, e incluso al del Parlamento, "atacado por los medios de comunicación, del 23%", frente a una inflación que trepó a casi el 50%. Agregó que la reparación histórica "fue una gran estupidez" y que "si no hacen algo para parar el proceso inflacionario van a tener muchas dificultades". El legislador pidió una política de shock "para salir" y un cambio de rumbo.

"Lo físico denota un estado anímico, señor ministro. Hubo presidentes del Banco Central que tenían ataques de pánico. Que hagan terapia", lo despidió el senador antes de irse y saludarse con Peña con un tibio apretón de manos.

El jefe de ministros había centrado su mensaje en el discurso oficial desplegado por la Casa Rosada en las últimas semanas. Similar al que apeló Macri en su monólogo del 1 de marzo. "Si comparamos dónde estábamos cuando llegamos a donde estamos hoy podemos afirmar que estamos sobre tierra más firme", comparó el funcionario.

Luenzo, que el mes pasado viajó junto a Macri en la gira oficial por India y Vietnam, también se hizo eco de las palabras presidenciales de la semana pasada, que durante la reunión de gabinete ampliado en el CCK se mostró "caliente" con la oposición y el círculo rojo.

"Hago propias sus palabras: estamos todos muy calientes", recalcó el senador patagónico, uno de los pocos  que permaneció en el recinto durante las casi cuatro horas de sesión y después de que, al mediodía, volviera a posponerse el debate por el proyecto de ley de financiamiento de los partidos políticos, que volvió a comisión en busca de acuerdos.

Cristina Kirchner se ausentó de nuevo como cada presencia del jefe de ministros. Su bloque hizo lo propio. Igual que Carlos Menem, que este miércoles fue condenado por la venta del predio de la Rural durante su mandato.

Pasadas las 19.30, la sesión especial, atravesada por el inicio de la campaña, cerró con el discurso de Luis Naidenoff, que, como el jefe de Gabinete, defendió la gestión de gobierno. Ahí sí, Peña saludo amistosamente con Mayans y Luenzo.