Gestos de fastidio, anotaciones con marcador y críticas al Gobierno y a Bonadio: así vivió Cristina Kirchner la sesión más dura desde que volvió al Senado

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(Patricio Murphy)
(Patricio Murphy)

Fue su discurso más encendido desde que volvió al Senado, en diciembre del año pasado. Y el más largo de la sesión: 45 minutos y 42 segundos. Recién después de eso se pidió el primer café, con abundante leche, que tomó rápido mientras hablaba Miguel Ángel Pichetto.

"No hablemos como si estuviéramos en Oslo. No estamos en Oslo. Hay una manipulación descarada, grosera, humillante de hostigamiento permanente hacia mi persona. Si creen que con (Claudio) Bonadio o los desafueros me voy a arrepentir, no, no me arrepiento de nada de lo que hice. El principal problema de este gobierno no soy yo, son ustedes y sus políticas espantosas. ¿En serio ustedes piensan que este es un país normal?", preguntó Cristina Kirchner visiblemente enojada y miró al resto de los senadores.

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En el recinto del Senado no volaba ni una mosca. Solo algún que otro mozo que iba y venía.

Durante tres cuartos de hora, la ex Presidenta, que casi a las 9 de la noche votó junto al resto de los senadores a favor de los allanamientos a sus domicilios dispuestos por el juez Claudio Bonadio, fustigó por igual al juez y al Gobierno.

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"¿Ustedes creen que los arrepentidos están diciendo la verdad? ¿Qué la patria contratista empezó el 25 de mayo del 2003?", volvió a preguntar en una especie de autodefensa incriminatoria. Y ahí fue cuando cargó con dureza contra el Presidente: "La Argentina no la preside Konrad Adenauer, la preside (Mauricio) Macri, el hijo de Franco, el primo hermano de Ángelo Calcaterra, el hermano del alma de 'Nicky' Caputo".

De las seis horas de sesión, en el primer capítulo del día antes del proyecto de ley de extinción de dominio, la ex jefa de Estado fue y vino varias veces.

Se recluyó en su oficina durante poco más de tres horas, entre pasadas las 3 y media de la tarde y casi las 19. Mientras estuvo en el recinto, hizo anotaciones –con un marcador había escrito en letras grandes las palabras crisis, lawf, Banelco, sol, tapas, nafta, contexto y escuchas, entre otras-, tomó agua, se meció en su banca, hizo pedidos a su secretario privado y habló de a ratos con su compañero Marcelo Fuentes, jefe del bloque del Frente Para la Victoria, que hizo una calurosa defensa de la ex Presidenta al igual que el resto de las senadoras de bancada: Ana María Ianni, Anabel Fernández Sagasti, Nancy González, Ana Claudia Almirón, María Inés Pilatti Vergara, Silvina García Larraburu y María de los Ángeles Sacnun.

Todas, sin excepción, arremetieron con crudeza contra Bonadio y la causa de los "cuadernos de las coimas K". Fernández Sagasti habló de "Comodoro Netflix". García Larraburu, de "show mediático". Sacnun sostuvo que si "no hay pan que haya circo". La ex Presidenta lo repitió en su monólogo. Fuentes se refirió a Bonadio como "un muchacho que sueña con asociaciones ilícitas".

La ex Presidenta escuchó desde su banca a Almirón, a Pilatti Vergara y a Fuentes.

Cuando le fastidiaba lo que escuchaba, movía la cabeza como signo de reprobación. Miraba hacia arriba, cruzaba los brazos. Cuando le gustaba el discurso, asentía con la cabeza. Como cuando Fernando "Pino" Solanas habló de la supuesta conexidad del expediente que tramita Bonadio con otras investigaciones y las causas que encabeza el juez Julián Ercolini.

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Buena parte de su furioso discurso lo dedicó a criticar la actuación del juez, a fustigar el programa económico del Gobierno, volvió a pedir una auditoría completa de la obra pública, puso en duda la autenticidad de los escritos del ex chofer Oscar Centeno y se refirió a las coimas de la Alianza, en el 2001, como el "mayor escándalo de corrupción institucional" de la historia. Lo hizo para referirse a lo que consideró diferencias en el accionar judicial: leyó crónicas de la época que daban cuenta de "inspecciones oculares" y no de allanamientos.

Aprovechó además para meter la cuchara en la interna del PJ. Fue cuando aludió a un discurso reciente de Miguel Ángel Pichetto en el que se comparó con Lula da Silva e hizo mención a los problemas judiciales del ex mandatario y la crisis política de Brasil.

"Que le hable a la cámara y no a mí", se quejó el senador del PJ. Que después devolvió gentilezas: "Quédese tranquila, usted va a poder ser candidata en 2019, no se haga problema", le dijo. Cristina Kirchner saboreaba el único café con leche que pidió durante la sesión.

(Patricio Murphy)
(Patricio Murphy)

Unos minutos después, y mientras cerraba Luis Naidenoff, de Cambiemos, se paró y se fue.

Antes, José Alperovich, del bloque del PJ, se había dado vuelta en su banca, miró hacia la senadora y ex jefa de Estado y le levantó el pulgar, en señal de aprobación a sus palabras.

Un rato más tarde, al filo de las 21, el tucumano y seis senadores de la bancada que conduce Pichetto -Eduardo Aguilar, Julio Catalán Magni, Omar Perotti, Cristina López Valverde, José Ojeda e Inés Blas- se plegaron a la ex Presidenta y votaron con el Frente Para la Victoria en contra del artículo 2 del proyecto que habilita los allanamientos y que da cuenta del "decoro" y la "prudencia" con la que debe encarar el juez la diligencia. Un acompañamiento que da cuenta del quiebre en el bloque del PJ no K, provocado por la figura de la senadora.

Cristina Kirchner había pedido introducir modificaciones para evitar, según ella, la mediatización de la medida. Lo que denominó, furiosa, la "caballería judicial que arremete con fuerza".

 

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