(DyN)
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Detrás de la cálida sonrisa que Jorge Faurie exhibe en todas las ceremonias oficiales, se esconde un halcón diplomático que no duda en proponer acciones geopolíticas que coinciden con la estrategia diseñada por Donald Trump para asfixiar al gobierno de Nicolás Maduro. El canciller propuso la posibilidad de expulsar al embajador venezolano en Buenos Aires y reducir a nivel de cónsul la representación argentina en Caracas, tras desconocer los resultados de las elecciones presidenciales en Venezuela.

Mauricio Macri ya aceptó desconocer la reelección de Maduro que se consumará el 20 de mayo, pero aún no decidió respecto a la conveniencia política de expulsar al embajador venezolano y acotar la influencia de la diplomacia argentina en Venezuela.

Macri no quiere que una escalada diplomática profundice la crisis humanitaria venezolana y antes de ejecutar el Plan Faurie buscará los consensos necesarios en la región y la Casa Blanca para evitar un traspié político. Sin acuerdo a escala continental –desde Chile a Canadá–, el Presidente no forzará una maniobra diplomática que implique un mayor aislamiento de Maduro, un crecimiento de la influencia política de Cuba y el agravamiento de la situación social de los venezolanos.

Macri y Trump durante la última visita del presidente argentino a los Estados Unidos (AFP)
Macri y Trump durante la última visita del presidente argentino a los Estados Unidos (AFP)

Faurie no está solo con su plan. La estrategia planteada por el canciller coincide con una carta que un puñado de legisladores americanos envió al vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, que reemplazará a Trump en la Cumbre de las Américas que hoy inicia en Lima.

"Nosotros urgimos a usted a trabajar con los países (de la región) para implementar el retiro de los embajadores de Caracas hasta que veamos un verdadero gobierno democrático en el poder", escribieron a Pence los legisladores Paul Cook, Albio Sires e Ileana Ros-Lehtimen.

Con el aval de los sectores más duros de Washington, Faurie también propuso denunciar un acuerdo con Venezuela firmado en 1996 y prohibir el ingreso de todas las autoridades venezolanas designadas en los próximos comicios del 20 de mayo. Para sostener esta ofensiva diplomática, el canciller alega un concepto que no es compartido por Macri: aislamiento del régimen, una estrategia que es relativizada en los principales despachos de la Casa Rosada.

Para el Presidente argentino, la estrategia solo debe conducir a una salida democrática de Maduro. Y ello implica evitar cualquier daño colateral que afecte a los venezolanos que están afuera o adentro de su país. En este sentido, Macri prefiere multiplicar los controles sobre los movimientos financieros opacos que puedan beneficiar al Presidente venezolano y profundizar la ayuda humanitaria para atenuar la crisis social causada por Maduro y sus decisiones políticas.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro

Con todo, el Plan Faurie aparecerá en las conversaciones informales durante la Cumbre de las Américas en Lima. Trump ya perdió la paciencia con Maduro y busca un atajo para terminar con su gobierno. Precisamente, la escalada que propone el canciller argentino se ajusta a la estrategia de los halcones de Washington. Si fuera por el Presidente de los Estados Unidos, los marines ya hubieran aterrizado en el aeropuerto de Caracas.

Pero Trump no tiene sencilla su partida geopolítica. Los funcionarios de carrera más poderosos del Departamento de Estado, aún influidos por Thomas Shannon –un excelente diplomático americano–, resisten la voluntad bélica del presidente de los Estados Unidos. Para ellos, es un disparate expulsar embajadores venezolanos, reducir las representaciones diplomáticas a nivel de cónsul y prohibir el ingreso oficial de las futuras autoridades de Venezuela.

En esos círculos políticos, con conexiones en toda la región, se recuerda la crisis de Cuba y su expulsión de la Organización de Estados Americanos (OEA). Ocurrió en el siglo pasado, y permitió que la entonces Unión Soviética (hoy Rusia) tuviera un enclave a noventa millas de Miami. En el Departamento de Estado y en las oficinas más cautelosas de la Casa Blanca, no quieren que Venezuela repita la experiencia de Cuba y su expulsión de la OEA en la reunión de Punta del Este, donde Ernesto "Che" Guevara hizo un discurso político que congeló al auditorio.

Hasta ahora, Macri soporta la presión externa y evalúa con cautela las propuestas de su canciller. Por estas horas, el presidente argentino tiene una ventaja coyuntural: Trump está enfocado en Siria, y puso en un segundo plano la estabilidad política del régimen de Maduro.

Pero el reloj ya corre, y todo se precipitará cuando se conozcan los resultados cantados de las elecciones presidenciales en Venezuela. En ese momento, 20 de mayo de 2018, la Casa Blanca apretará las clavijas.
Y le tocará mover a Macri.