
"General, le vengo a ofrecer la victoria", le dijo, solemne como siempre, el presidente electo, Héctor Cámpora, a Juan Domingo Perón apenas lo vio en la suite que el anciano militar ocupaba en el Hotel Excelsior, justo donde la Via Veneto hace una curva, en Roma.
Eso fue un mes después del triunfo de la fórmula Cámpora-Solano Lima, que había logrado el 49,56 por ciento de votos frente a la dupla radical formada por Ricardo Balbín y Fernando de la Rúa, que obtuvieron el 21,29 por ciento.
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Un triunfo histórico el del 11 de marzo de 1973, hace 44 años, por varios motivos: en primer lugar, porque fueron las primeras elecciones en las que pudo participar el peronismo luego de 18 años de proscripciones. En segundo lugar, porque esa campaña fue llevada adelante por la Juventud Peronista, que estaba hegemonizada por Montoneros, uno de los principales grupos guerrilleros de la época.
En realidad, Montoneros era una "organización político-militar"; es decir, tenía una cara en la superficie, que hacía política, y otra en la clandestinidad, un aparato militar. Como otras guerrillas, acá y en distintos países.
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Era una época en la que se pensaba que el socialismo estaba a la vuelta de la esquina y que la clave pasaba por apurar ese destino inexorable a través de la lucha armada.
Perón animaba a esos jóvenes y, precisamente, el triunfo de Cámpora marcó el punto más alto de la influencia política de Montoneros así como en su relación con el anciano general.
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Tanto era así que Perón recibió a Cámpora en el Hotel Excelsior junto con los tres jefes de Montoneros: Mario Firmenich, Roberto Perdía y Roberto Quieto, a quienes no conocían hasta aquella visita.
En mi libro "Operación Traviata", cuento que esa audiencia no fue buena, en base a testimonios de Perdía y de otros dirigentes montoneros. En un momento, Firmenich se levantó para entregarle un presente:
—General, aquí tiene, ésta es la pistola con la que matamos a (el general Pedro) Aramburu.
—No, no, guárdenla ustedes, que está en buenas manos.
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Era evidente que los jóvenes guerrilleros no sabían que estaban frente a un militar que era, básicamente, un hombre de orden, más allá de que podía inclinarse pragmáticamente hacia la izquierda o la derecha, según las "exigencias" o conveniencias de la hora.
Lo peor fue cuando le entregaron un listado de candidatos para distintos cargos de gobierno, conocido, en la jerga montonera, como "El Organigrama".
"Lógicamente, Perón interpretó eso como una imposición", me dijo Alejandro Peyrou, uno de los que elaboró ese listado.
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Meses después, al final de 1973, Firmenich admitiría en un largo discurso frente a dirigentes de la Juventud Peronista que ellos no sabían quién era Perón hasta aquel encuentro en Roma. "La primera diferencia es que nosotros somos socialistas, pero él no", señaló.
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En abril de 1973, Perón había viajado de su exilio madrileño a Italia para reverdecer sus contactos tanto en la capital de la península como en El Vaticano. ¿Por qué? Porque pensaba en volver a la Argentina y allí tenía amistades que harían posible ese retorno.
Perón recibió a Cámpora y a su esposa, María Georgina Acevedo, "Nené", y a uno de los hijos del matrimonio, Héctor Pedro. Los tres se sorprendieron mucho cuando vieron a Firmenich, Perdía y Quieto.
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"Muchachos, vamos a ir avanzando de a poco, en alianza con otros sectores que pertenecen al Frente Justicialista de Liberación nacional", les dijo a todos ellos.
Cámpora había sido elegido por Perón como el candidato a presidente porque él no podía serlo debido a una decisión del gobierno militar encabezado por el general Alejandro Lanussse.
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El lema de la campaña fue, lógicamente: "Cámpora al gobierno, Perón al poder".
En aquel momento, Cámpora era un sinónimo de lealtad a Perón; tanto que algunos de sus críticos internos decían que exageraba demasiado y lo llamaban "felpudo".
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Pero, Cámpora duró solo 49 días hasta que Perón, a través de distintos mensajeros, lo obligó a renunciar. "Se acabó la joda", dijo uno de ellos, el secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci.
Hubo nuevas elecciones, el 23 de septiembre de 1973, en las que Perón se presentó y fue elegido presidente por tercera vez, en primera vuelta y con más del 61 por ciento.
Esta campaña ya no fue motorizada por las Juventud Peronista sino por sus adversarios internos, los sindicalistas, con Rucci a la cabeza, en un cambio que indicaba, claramente, que Perón había alterado drásticamente la ecología interna de su heterogéneo movimiento.
Perón quedó muy enojado con Cámpora. Se lo explicó con claridad a uno de jóvenes médicos, el cardiólogo Carlos Seara, a mediados de enero de 1974.
"Yo siempre le hice mucho caso a lo que decía Evita y, cuando se dieron todas las circunstancias políticas que usted conoce, le volví a hacer caso una vez más, porque siempre Evita me decía que mi más leal colaborador, si yo tenía que confiar alguna vez en alguien, era el doctor Cámpora. Pero ocurrió lo impensado: Cámpora se dejó copar por la izquierda".
Era una época muy vertiginosa: en solo 49 días Perón giró su movimiento desde la izquierda a la derecha. Todo esto terminaría mal, a los tiros. ¿La primera evidencia? El asesinato de Rucci, apenas dos días después del triunfo electoral de Perón.
* Editor ejecutivo de Fortuna, autor de Operacion Traviata.
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