Qué fue de Evangelina Chamorro, la mujer que fue arrastrada más de un kilómetro y que sobrevivió al huaico de 2017

Las cicatrices físicas y la memoria de aquella avalancha persisten en una madre de cuatro niñas, quien reclama vías seguras y protección para las familias expuestas a las quebradas

Reportaje periodístico sobre Evangelina Chamorro, sobreviviente del huaico del año 2017 en Punta Hermosa. Desde la localidad de Pachacámac, Chamorro ofrece un testimonio para Latina Noticias en el que relata su experiencia durante el desastre natural. La cobertura incluye imágenes de archivo del suceso y un recuadro con interpretación en lengua de señas.
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El huaico que arrastró a Evangelina Chamorro durante más de un kilómetro el 15 de marzo de 2017 sigue presente en las cicatrices de su cuerpo y en el recuerdo de una tarde que cambió la vida de su familia en Pampapacta, en Punta Hermosa. Tenía 32 años cuando una avalancha de agua, lodo y piedras destruyó viviendas, dejó más de 150 damnificados y la separó de su esposo en medio de la emergencia.

Nueve años después, las imágenes de la mujer que salió cubierta de barro cerca de la orilla todavía recorren la memoria colectiva peruana. Para Chamorro, revisarlas continúa siendo doloroso. “Me cuesta aceptar, la verdad. Cuando veo las imágenes, no sé qué hacer; veo un poquito y me quiebro. Es mejor no verlo”, relató al recordar el momento en que logró sobrevivir a la corriente.

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El caso volvió a poner en primer plano la exposición de las familias que habitan en áreas cercanas a quebradas y cauces. Mientras las comunidades de la zona observan la evolución de las lluvias y se preparan ante un posible impacto del fenómeno de El Niño, Chamorro insiste en que las autoridades deben completar las obras pendientes y garantizar rutas de acceso seguras para los vecinos.

Hazaña de Evangelina Chamorro inmortalizado por un artista colombiano.
Hazaña de Evangelina Chamorro inmortalizado por un artista colombiano.

El estruendo llegó antes de que el barro rodeara la vivienda

La tarde del 15 de marzo de 2017 había comenzado con un sol intenso en Pampapacta. Chamorro y su esposo se encontraban en el corral, donde alimentaban a los cerdos que criaban, cuando ella escuchó un ruido que comparó con el vuelco de un camión cargado de piedras. Eran cerca de las 17:30 y el estruendo parecía venir desde la parte alta de la quebrada.

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Salió para averiguar qué ocurría, pero no detectó de inmediato el origen del sonido. Al regresar hacia la vivienda, la situación había cambiado en pocos minutos. El lodo avanzaba por ambos lados de la construcción y cerraba las salidas. La familia quedó atrapada entre la corriente que bajaba por la zona y la estructura de la casa.

Su esposo usaba botas y ella llevaba sandalias. Ambos intentaron sostenerse de un palo para evitar que el huaico los arrastrara. Él le pidió que se acercara y se sujetara con fuerza, aunque el soporte cedió por la presión del agua, el barro y las piedras. “Él se quedaba y yo me iba como un papel”, recordó Chamorro sobre el instante en que la corriente terminó por separarlos.

Evangelina Chamorro fue arrastrada por un huaico junto a su esposo y animales.
Evangelina Chamorro fue arrastrada por un huaico junto a su esposo y animales.

El recuerdo de sus hijas la llevó a buscar una salida

La fuerza del huaico llevó a Evangelina Chamorro por más de un kilómetro hasta Punta Hermosa. Durante el trayecto, pidió ayuda cada vez que distinguía a una persona. El barro la cubría una y otra vez, mientras la corriente la golpeaba y la desplazaba sin que pudiera controlar el rumbo ni encontrar un punto firme donde apoyarse.

En medio de ese recorrido, comprendió que debía concentrarse en sobrevivir. La idea de sus hijas se convirtió en el impulso que le permitió resistir. “He visto cosas serias, pero tengo que salvarme. Ahí pensé en mis dos hijas”, contó. Hoy es madre de cuatro niñas y sostiene que ese pensamiento fue decisivo durante los minutos en que permaneció atrapada en el huaico.

Chamorro afirma que no perdió la conciencia mientras la corriente la arrastraba. “Yo sabía cómo salir. Pensaba cómo salir. Por mis hijas tengo que salir”, señaló. Consiguió impulsarse desde el lodo y avanzó dos pasos, pero luego se desvaneció. Más tarde vio el video de su rescate y entendió que había caído cerca de la orilla, donde otras personas lograron auxiliarla.

Evangelina Chamorro, la mujer que emergió del barro en el 2017, criticó a las autoridades: “¿Qué han hecho por su pueblo?”
Evangelina Chamorro, la mujer que emergió del barro en el 2017, criticó a las autoridades: “¿Qué han hecho por su pueblo?”

Las cicatrices y la falta de obras mantienen vigente la alerta

El huaico de 2017 dejó dos menores de edad fallecidos en la zona. Ambos fueron arrastrados por la avalancha y no pudieron ser rescatados. El desastre afectó además a decenas de familias que vivían en un sector conocido entonces como el “río seco”, un área sin un cauce definido por donde los vecinos imaginaran que podía descender una corriente de esa magnitud.

Las lesiones de Chamorro permanecen visibles. Tiene cicatrices en la rodilla, la cadera y otras partes del cuerpo que identifica como marcas de aquella tarde. Aunque el paso del tiempo modificó la vida de su familia, el temor vuelve cuando las lluvias se intensifican y las quebradas cercanas muestran señales de activación. Para ella, el riesgo persiste en los lugares donde las viviendas se levantan junto a los cauces.

“En la orilla hay riesgo”, advirtió al referirse a las familias que continúan en zonas expuestas. Chamorro reconoce que muchas personas ocupan esos terrenos por falta de alternativas de vivienda, pero pidió que se trasladen hacia lugares más altos ante una alerta y sigan las indicaciones oficiales. También reclamó trabajos de prevención que no queden inconclusos antes de una nueva emergencia.

En Pampapacta se construye un cauce de forma parcial, aunque todavía hay comunidades aisladas cuyo único acceso atraviesa el lecho por donde podría descender el agua si las quebradas vuelven a activarse. Esa situación podría dejar a los vecinos sin posibilidad de ingresar a sus casas o salir hacia sectores seguros. Nueve años después de sobrevivir al barro, Chamorro espera que las obras permitan evitar que otras familias enfrenten el mismo peligro.

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