Poco más de un año luego de la elección de León XIV como el nuevo papa, Santiago Roncagliolo presenta en Perú su nuevo libro ‘El pastor y los lobos’, en el que no solo cuenta detalles desde el interior de la Iglesia que llevaron a Robert Prevost desde Chicago, pasando por la diócesis de Chiclayo, hasta el Vaticano luego de una vida como misionero en el Perú. Sino que además el propio autor revela que, al igual que muchas otras personas, vivió de cerca el abuso sexual al interior de la Iglesia.
“Los momentos de hablar del maltrato fueron momentos de volver a cosas a las que no habría querido volver, pero a las que había que volver”, revela Roncagliolo a Infobae Perú. “Me impactó descubrir que uno podía sufrir abusos sin darse cuenta. No te puedes defender del mal si no sabes que lo padeces”, escribió en las primeras páginas de un libro en el que se relata cómo León XIV enfrentó los casos de abuso sexual perpetrados por sacerdotes del Sodalicio.
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Aunque Roncagliolo afirmó a este medio que no se considera como una persona creyente, sí asegura que durante la escritura de este libro pasó por una “terapia” de la que ha aprendido que “la gente busca en la fe cosas que todos necesitamos”.
León XIV, el protagonista de un ‘thriller’ inesperado
— ¿Cómo fue la aventura de escribir en tan poco tiempo un libro sobre el papa León XIV, considerando que tiene poco más de un año de papado?
La noche en que hubo un papa peruano, me llamaron por teléfono de la editorial. Me dijeron: “Hay un papa peruano, tiene que haber una historia ahí. ¿Tienes idea de quién es este señor?“. Le dije: ”No tengo ni la más remota idea. Nunca he escuchado de él en mi vida". “¿Quieres hacer un libro?“. ”Sí“. (...) Lo único que sabía esa noche cuando me llega la llamada es que este hombre era de Chicago. Entonces yo pienso: Si eres de Chicago y has decidido vivir en Chulucanas, Chiclayo y Trujillo, eres misionero. Nadie hace ese cambio por confort. Y si eres misionero en la América Latina de los años 80 seguramente lo eres bajo una gran influencia de la teología de la liberación, una lectura muy social del cristianismo con el que yo crecí.
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Empezamos a descubrir esta historia de un obispo que lidia con los pecados de la Iglesia, con los abusos sexuales, con los delitos financieros, con obispos que mandan sicarios a amenazar sacerdotes (...). Así que había un thriller, era una historia totalmente inesperada, totalmente absorbente, que yo espero que se lea con la misma fascinación obsesiva con la que yo la fui investigando y escribiendo.
— Uno piensa en un libro como un viaje personal, pero para este tuviste un poco de ayuda...
Todos mis libros de no ficción han sido encargos, porque la no ficción necesitas recursos. Necesitas viajar, necesitas investigar. Y a la vez, los tres: “El amante uruguayo”, “La cuarta espada” y “El pastor y los lobos”, han terminado siendo historias muy personales para mí. Yo he encontrado historias en ellos sobre hombres que encuentran su lugar en los libros. “El amante uruguayo” lo encuentran los poetas y en la literatura; el de Abimael Guzmán de “La cuarta espada” en el marxismo; y León XIV en la Biblia, en los escritos de san Agustín. Lo que pasa es que esta es la primera vez que ya soy más veterano y tengo un equipo que no tenía en los otros dos libros.
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— ¿Cómo fue coordinar un equipo de varias personas en diferentes países con diferentes zonas horarias? ¿Lo hizo más fácil?
Mucho más fácil y mucho más agradable, porque esta gente también te da ideas. Había muchas cosas que normalmente yo habría pensado durante muchos meses, pero recibía feedbacks que me permitían pensar más rápido y tomar decisiones más rápido sobre cómo sería leído, sobre qué consecuencias tendría, a quién se podía llamar, qué otras exploraciones se podían hacer. No sé si habría podido manejar hace 20 años, en mis primeros libros, la idea de discutir con alguien esos libros. Ahora soy yo el último responsable, pero ahora estoy más abierto para escuchar lo que me están diciendo.
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“Lloré y mi familia también”
— El libro se presenta no solo como la historia de la elección del papa, sino también como la tuya. ¿En qué momento te diste cuenta de esto y cómo fue para ti narrar tu experiencia cercana con la violencia doméstica y abuso sexual?
Sí... se volvió inevitable. No era algo que yo quisiera. No me gusta mucho y no suelo poner mucho mi vida en los libros que hago. Nunca lo hago... Lo que pasa es que, por un lado, parte del libro implicaba... explicar por qué es importante este señor. Han votado por él poco más de 100 personas, nadie le paga impuestos, no tiene un ejército. ¿Qué es lo que hace importante un señor con una falda blanca al que siguen 1.400 millones de personas y que mete dos veces por semana más gente que la final de una Champions en la plaza de San Pedro?
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Una primera posibilidad era explicarlo en términos antropológicos y buscar algún ensayista al que citar (...) Pero eso es nada. Había que hablar de mi mente y de mi corazón, que es donde está la fe de la gente. Yo tenía una experiencia con esa fe. Tuve una educación católica, en algún momento incluso quise ser sacerdote. A partir de ahí es que podía explicar qué es lo que la fe le da a la gente. Y eso hacía inevitable contar algunas cosas. En principio pensaba contar otras, pero conforme avanzaba la investigación se produjo toda una transformación personal, un recuerdo de muchas cosas que yo había querido olvidar y había dejado atrás, pero que explicaban no solamente quién soy ahora, sino que me ayudaban a poner orden en un mundo que no tiene ningún sentido y que invita al cinismo. Entonces fue inevitable. Se volvió un proceso que iba paralelo a la investigación, una terapia. Hasta que llegó un punto en que no se podían separar ambas cosas.
— Hablaste sobre cosas que tú querías olvidar. Me toca preguntar si en algún punto de tu investigación, de este proceso de sanación, ¿lloraste?
Sí, claro, lloré mucho. Muchas veces. Fue muy doloroso. Los momentos de hablar del maltrato fueron momentos de volver a cosas... a las que no habría querido volver, pero a las que había que volver también... de un modo u otro. Lloré yo, mi familia también cuando lo ha leído.... Pero precisamente era una de las cosas que explicaban... por qué la gente cree en Dios. En los momentos en que mi casa era violenta y el exterior era violento, Dios era un refugio contra el miedo, exista o no. Ya llegas a adulto y te preguntas si existe o no, pero tienes menos miedo si no te haces esa pregunta y mantienes eso que eras cuando eras un niño y creías que él te iba a proteger de los vampiros, de los fantasmas, de los terroristas, de tu padre.
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Había algo que me conectaba mucho con todas las víctimas de los abusos sexuales de las que habla el libro: Todas tenían modelos de padres alcohólicos, enfermos, lejanos. La Iglesia te ofrece un padre. Así que si tu relación con tu padre es terrible, es enferma, buscas un padre ahí. Es posible que incluso te expongas tanto que se aprovechen de ti y te destruyan. Por eso es el perfil de tantas víctimas, y por eso también yo me sentía tan sensible y tan vulnerable al hablar de este Dios que es un padre.
Lloré incluso en un momento en que no estaba escribiendo, sino cuando después de mucho investigar estuve en el Vaticano, fui a ver una audiencia general del papa con todas estas 300 mil personas metidas en la plaza de San Pedro y sale el papa en su papamóvil y da toda la vuelta, saluda monjas, abraza bebés, pero luego sube al estrado y está enfrente de la basílica de San Pedro, los apóstoles encima, toda esa fachada. Y este hombre de blanco sube y da la bendición. Y ahí se me escapó una lágrima también. Era como... Hay dos mil años de producción de espectáculos detrás de eso para que llegues ahí y digas: “Has encontrado a tu padre”.
Una ‘guerra’ política dentro de la Iglesia
— Además de las historias de abuso y violencia, también cuenta una suerte de guerra política al interior de la Iglesia...
En esa guerra nadie ha sido muy piadoso. Los abusos sexuales han sido un arma dentro de la guerra para unos y otros. Tampoco escatimo los detalles sobre lo que Francisco y el futuro León XIV hacían con sus enemigos y cómo se los quitaban de encima. Creo que eso es justamente lo interesante, porque creo que el bien no es como en las películas de superhéroes donde hay un señor bueno que hace cosas buenas, nunca mata a nadie; y hay unos señores muy malos, que hacen cosas muy malas y matan a la gente, y el bueno acaba ganándole al malo sin víctimas alrededor. Pues la vida no es así. Las personas no son así y la Iglesia está hecha de personas. Puedes hacer el bien y que haya víctimas, y la carrera de Prevost dejó víctimas.
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Por razones literarias y legales, (ríe) me limito a contar lo que me han contado. Pero creo que es la reflexión más interesante de todo lector con este libro ¿Hasta dónde es posible ser enteramente bueno? ¿Qué pasa cuando el bien requiere un poco de mal?

— Precisamente en el libro se retrata a León XIV como un representante de la Iglesia que tiene un poco de político...
No existe una institución humana que no sea política. Todas las instituciones requieren hablar con gente, relacionarte, pensar en sus intereses. Dentro de la Iglesia en particular hay una guerra política entre los que consideran que Dios está en el cielo y los que consideran que está en la tierra; los que consideran que lo encuentras en los templos y en las imágenes y los que consideran que se manifiesta a través de la gente que sufre, de la gente vulnerable, de la gente frágil, de los maltratados, de las mujeres explotadas, de los pobres. Esa guerra lleva muchas décadas y no es separable de lo religioso. Tendemos a llamarlos de derecha e izquierda. No es exactamente eso. Es como lo leemos desde fuera, pero tiene muchas consecuencias que se parecen a eso. En efecto a la derecha le gusta más un lado y a la izquierda le gusta más el otro.
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Creo que este papa es un político bastante más hábil que Francisco. A Francisco se le iba mucho la lengua (...) lo metía en muchos problemas y causaba mucha división en la Iglesia. Este hombre (León XIV) es mucho más discreto, muy hábil, tiene una gran muñeca política y habla lo justo. Ese es uno de sus valores. No es un gran valor si eres candidato en unas elecciones, pero si eres papa, funciona.
— ¿Entonces Francisco fue demasiado revolucionario?
Francisco no cambió tantas cosas. Francisco dijo cosas que llamaron mucho la atención porque nadie hablaba así y nadie las decía de esa manera. Hablaba de cosas como las minorías sexuales, los divorciados, tenía una mirada muy progresista (...) Toda esta gestión de Juan Pablo II y Benedicto XVI había creado otros problemas. Todos los grandes casos de abusadores sexuales latinoamericanos, Maciel y los Legionarios de Cristo, Figari, los Sodalites, Karadima en Chile, son nombramientos y amigos de Juan Pablo II o de Benedicto. La situación se volvió tan incontrolable que Benedicto XVI tuvo que renunciar porque él había contribuido a crear un mundo que él ya no podía cambiar.
La misión de León XIV no es solo conservar los valores de Francisco, es conservar lo que sea más importante y ceder y negociar en lo demás para mantener la unidad y cerrar esa guerra.
— ¿Parte del cierre de esta “guerra” incluye que se cierren las historias de las personas que fueron abusadas?
Una de las cosas que me decía Paolo Ugaz, fuente del libro y periodista que colaboró con Robert Prevost para desvelar y subir al Vaticano las denuncias por los abusos sexuales del Sodalicio… es que Robert Prevost se dio cuenta de que la Iglesia hacía mal en ocultar las cosas y en atacar a los periodistas. Lo que Prevost pensaba es: esto es el suicidio de la Iglesia. No hay más remedio que enfrentar los casos de abusos, pedir perdón a las víctimas y evitar que sigan ocurriendo (...) pero en el largo plazo, generación tras generación, nadie va a poner a sus hijos en un colegio donde los van a violar y nadie va a seguir dictados morales de encubridores de violadores. No hay una opción para la Iglesia más que contener lo que llegó a ser una crisis masiva. Prevost lo sabe, León XIV lo sabe. No me cabe duda que tiene voluntad, pero hasta ahora todos han fracasado. Esperemos que le vaya mejor.

El Papa en Perú
— En noviembre de este año el papa León XIV volverá al Perú luego de varios años, un hombre que en su momento fue crítico con Alberto Fujimori y ahora su hija será quien lo reciba como presidenta...
El papa no puede pelearse con la autoridad de un país que visita. No me cabe duda de que será absolutamente diplomático porque además lo es ya de por sí, absolutamente diplomático. Keiko no es su padre tampoco (…) Lo que sí será interesante es ver qué lugares visita y qué mensajes deja en esos lugares, porque él tampoco va a estar pensando en la política nacional. Todo lo que haga se va a ver desde todo el mundo. Él va a pensar en qué mensajes da al planeta. Cuando va a la isla de Lampedusa, por donde entran los inmigrantes a Italia, eso no es un mensaje para Italia, es un mensaje para Donald Trump, por ejemplo, y para los africanos y para el mundo involucrado en la migración.
Si viene a Perú, que conoce bien, en vez de ir a otros países más grandes, es porque tiene claro qué mensajes le va a dar al mundo. Si consigue que esos mensajes sean de solidaridad, de aprecio por los débiles, de compasión y de empatía, pues eso ya le vendría muy bien a Keiko Fujimori.
— ¿Qué busca una víctima de violencia con la llegada del papa al Perú? ¿Reconciliación? ¿Reconocimiento?
Siempre es muy reparador que alguien que te ha hecho daño reconozca el daño y diga que no lo va a volver a hacer y si es posible, lo repare. Para perdonar a alguien necesitas que esa persona pida perdón. No vas perdonando a alguien que está orgulloso de hacerte daño, y ese perdón al final es bueno para ti mismo, para vivir sin odio (...) No perdonas como un favor, perdonas para liberarte de ese resentimiento, de esa rabia que sientes por él. Hace poco en Catacaos, la Iglesia pidió perdón a los campesinos que también fueron hostigados por los intereses económicos vinculados al Sodalicio. Los sacerdotes se arrodillaron en frente de los campesinos y ese gesto es muy importante...
— ¿Sientes que escribir este libro te ha acercado más a la fe que tenías, si es que la tenías, o te ha alejado un poco de ella?
No me considero un creyente porque no creo muchos dogmas. Me cuesta. No estoy cableado para creer que un hombre nació de una virgen o que alguien es padre y a la vez hijo. No voy a misa. Pero creo que las cosas que he descubierto en el libro son muy importantes también para alguien que no es un creyente. Lo que he descubierto es cómo la gente busca en la fe cosas que todos necesitamos. Un escudo contra el dolor, un refugio contra el miedo, un sentido, una comunidad, una manera de estar menos solos o de no estar solos.
Ahora entiendo que mucha gente que conozco que se considera de izquierdas y atea hace mindfulness o terapias holísticas porque el capitalismo le ha vendido ahí una versión desnatada de la religión, un masaje antiestrés sin ningún tipo de compromiso por nada, sin ninguna complicación. Me ha parecido muy importante descubrir esto y sí me ha transformado mucho. Sí entiendo mucho mejor de qué se trata esto y creo que esto le importa a cualquier ser humano.
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