
Cada 23 de julio, el Perú conmemora como feriado nacional el sacrificio del capitán FAP José Abelardo Quiñones Gonzales, el aviador que en 1941 dirigió su avión en llamas contra posiciones enemigas en Quebrada Seca, departamento de Tumbes, para proteger a sus compañeros de escuadrilla. La fecha es, al mismo tiempo, el Día de la Fuerza Aérea del Perú, institución que lleva su nombre como símbolo de servicio y deber.
José Abelardo Quiñones Gonzales nació el 22 de abril de 1914 en el puerto de Pimentel, Lambayeque. Fue el tercer hijo del matrimonio conformado por José María Quiñones y María Juana Rosa Gonzales. Creció en una familia conservadora en los campos norteños del país, donde, según los relatos que recogen su biografía, encontró desde temprano una atracción por el cielo. Completó su instrucción primaria en el Colegio Nacional de San José de Chiclayo y continuó sus estudios en el Colegio de la Recoleta de Lima.
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Al terminar la educación básica, postuló a la Escuela Central de Aviación e ingresó con el grado de cadete. Desde el inicio de su formación, sus superiores advirtieron aptitudes poco comunes: realizó su primer vuelo en solitario con apenas cuatro horas y media de instrucción. Egresó con la promoción “Comandante Raguz” y recibió su despacho de alférez de Aeronáutica. En su despedida de la escuela, ejecutó un vuelo invertido a un metro del suelo ante sus instructores.

Ascenso y formación operativa
Desde su nombramiento como oficial en el Escuadrón de Aviación N° 4 de Ancón, Quiñones acumuló méritos que le valieron el ascenso a teniente en 1940. Ese mismo año fue destinado a Chiclayo como piloto de caza. En el norte del Perú integró el primer grupo de paracaidistas en la historia de Sudamérica, según los registros biográficos que documentan su carrera. Junto a sus compañeros ejecutó una demostración aérea que, de acuerdo con esos mismos relatos, generó la atención de los espectadores presentes.
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Su trayectoria en la Fuerza Aérea incluyó misiones de entrenamiento y operativas que consolidaron su reputación entre compañeros y superiores. En 1939 había sido promovido a teniente, y en 1940 se le encomendó además la instrucción de nuevos cadetes, reconocimiento que sus superiores atribuyeron tanto a su destreza técnica como a su liderazgo.

El conflicto de 1941 y las misiones previas
En 1941, Ecuador inició un conflicto armado contra el Perú por espacios limítrofes no delimitados. La agresión sobre la frontera norte llevó al gobierno a ordenar la movilización de las Fuerzas Armadas. Quiñones fue convocado y asignado a misiones de reconocimiento: según los registros disponibles, realizó fotografías aéreas del frente ecuatoriano tras ejecutar maniobras para esquivar el fuego enemigo.
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De acuerdo con la Orden de Operaciones N° 2 del 2 de julio, el objetivo era la recuperación de la frontera, con los grupos de aviación como principal fuerza de ataque. El Comando asignó a la Escuadrilla 41 la misión de atacar con ametralladoras y bombas el puesto de Quebrada Seca. Según los testimonios escritos del 23 de julio, el equipo —integrado por el teniente comandante Alberti al mando, los tenientes Fernando Paraud y José Quiñones, y el alférez Manuel Rivera— despegó desde Tumbes a bordo de aviones de caza North American 50.

El 23 de julio de 1941: la decisión en Quebrada Seca
Con el plan de acción definido, la escuadrilla se ubicó sobre el objetivo para ejecutar el bombardeo al puesto ecuatoriano. Durante la operación, el avión XXI-41-3, piloteado por Quiñones, fue alcanzado por fuego antiaéreo enemigo cuando efectuaba el descenso. La nave quedó seriamente averiada. El impacto prendió en llamas al piloto.
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Según los registros históricos y los testimonios de la época recogidos por el diario El Peruano, Quiñones tuvo la opción de escapar con su paracaídas. No lo hizo. Mantuvo el control de la aeronave y la dirigió contra la posición enemiga que había iniciado el ataque, con el objetivo de destruirla. Su acción permitió que sus compañeros completaran la misión. Quiñones perdió la vida en el acto. En reconocimiento a su sacrificio, fue ascendido en el mismo campo de batalla al grado de capitán.
La historia oficial lo ubica en la trilogía heroica del Perú, junto a Miguel Grau y Francisco Bolognesi.

El reconocimiento institucional y el feriado nacional
El reconocimiento formal llegó décadas después. En 1966, el gobierno peruano, mediante la Ley N° 16126, declaró el 23 de julio como el Día de la Fuerza Aérea del Perú en honor a la gesta de Quiñones. Más adelante, la jornada fue establecida como feriado nacional, lo que abrió espacio a ceremonias, desfiles y actividades cívicas anuales en escuelas, plazas e instalaciones militares de todo el país.
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Ese mismo año, el aeropuerto de Chiclayo fue renombrado como Aeropuerto Internacional Capitán FAP José A. Quiñones Gonzales, asociando su nombre a uno de los principales nodos de movilidad aérea del norte del Perú.

Homenajes en Lima, provincias y en el exterior
Cada 23 de julio, la Fuerza Aérea del Perú realiza el homenaje central en la base aérea de Las Palmas y en otras instalaciones estratégicas, con la participación de veteranos, oficiales, cadetes y familiares. En Lima y en provincias se celebran misas y actos cívicos. En las escuelas, la fecha se utiliza como recurso pedagógico: los estudiantes elaboran periódicos murales, dramatizaciones y ensayos sobre su historia, con el objetivo de transmitir la gesta a nuevas generaciones. En esas ceremonias, Quiñones es referido como "el aviador inmortal y héroe nacional“.
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La conmemoración también tuvo expresión fuera del territorio peruano. La Agregaduría Aérea Adjunta del Perú en Miami realizó una ceremonia presidida por el Agregado Aéreo y el Cónsul General del Perú, con la participación de representantes diplomáticos, agregados de defensa de países aliados y miembros de la comunidad aeronáutica. Durante el evento se reconoció la trayectoria de la Fuerza Aérea del Perú y se destacó la importancia de los vínculos estratégicos con países aliados.
El nombre de Quiñones está inscrito en la lista de oficiales caídos en defensa de la soberanía. A más de ocho décadas del episodio de Quebrada Seca, el 23 de julio mantiene su doble función: homenaje a un piloto de 27 años que decidió no eyectarse, y reconocimiento institucional a la Fuerza Aérea del Perú que lleva su legado.
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