La dinamita amenaza el futuro de nuestras pesquerías

La dinamita no distingue tallas ni especies, arrasa con juveniles de jurel, caballa y otras especies de importancia comercial y alimentaria

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La dinamita representó un avance significativo para la construcción pero también para la destrucción pues rápidamente se transformó en un instrumento bélico.

La pesca ilegal con explosivos sigue siendo una herida abierta en nuestro mar. Aunque prohibida desde hace décadas, esta práctica persiste en distintas zonas costeras del país y se ha convertido en un símbolo de la fragilidad institucional frente a delitos ambientales que destruyen ecosistemas y ponen en riesgo la sostenibilidad de nuestras pesquerías.

El impacto es devastador. Cada explosión arrasa con cardúmenes enteros, rompe cadenas tróficas y deja escombros submarinos que tardan años en recuperarse. La dinamita no distingue tallas ni especies, arrasa con juveniles de jurel, caballa y otras especies de importancia comercial y alimentaria. En Huarmey, por ejemplo, pescadores denunciaron recientemente explosiones en el mar de Culebras, un área que debería ser fuente de vida y que hoy se convierte en escenario de destrucción (Perupesquero 27 de mayo de 2026).

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La comparación no es exagerada. Al igual que la minería informal, la pesca con explosivos genera ganancias rápidas para unos pocos y pérdidas irreparables para todos, empezando por el daño al recurso.

La normativa existe, el uso de dinamita en la actividad pesquera se encuentra expresamente prohibida y tipificada como delito en nuestra legislación peruana. Sin embargo, a pesar que algunas denuncias son materia de intervención inmediata es cierto que la capacidad de fiscalización es limitada. La Dirección General de Capitanías y Guardacostas enfrenta dificultades logísticas para patrullar extensas áreas marítimas y los gobiernos locales carecen de recursos para intervenir. El resultado es un terreno fértil para la impunidad.

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El daño ambiental se traduce también en daño social, porque las comunidades costeras que dependen de la pesca artesanal ven reducidos sus ingresos y su seguridad alimentaria. En Culebras, los pescadores que cumplen la ley denuncian que la competencia desleal los empuja a la desesperación.

Una ciudadanía informada se convierte en un aliado indispensable para exigir acción y fortalecer la vigilancia.

La pesca ilegal con explosivos no puede seguir siendo tolerada, es un delito ambiental que compromete la seguridad alimentaria del país y la sostenibilidad de nuestros mares.

Cada explosión en el mar es un golpe contra nuestra sostenibilidad marina. No se trata solo de peces, o fauna, se trata de la posibilidad de que nuestros hijos y nietos conozcan un océano vivo. La lucha contra la pesca con dinamita es también una lucha por la formalización de nuestro sector pesquero.

Jennifer Vilches

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