Litio y uranio: la última oportunidad del Perú para dejar de exportar pobreza

Mientras el mundo observa el crecimiento del litio para fabricar baterías y el renacimiento del uranio para garantizar seguridad energética, el Perú enfrenta otra vez el mismo dilema de siempre: vender el recurso o construir la industria

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Foto de archivo ilustrativa de una piedra de uranio en una rueda de prensa en Lima. 
Jul 16, 2018.    REUTERS/Mariana Bazo
Foto de archivo ilustrativa de una piedra de uranio en una rueda de prensa en Lima. Jul 16, 2018. REUTERS/Mariana Bazo

El Perú vuelve a encontrarse frente a una decisión que marcará a las próximas generaciones. La pregunta no es si tenemos litio o uranio. La verdadera pregunta es si seguiremos exportando minerales o si, por primera vez en nuestra historia republicana, decidiremos exportar conocimiento. Cada cierto tiempo la historia ofrece a los países una oportunidad difícil de repetir. Hace cien años fue el petróleo. Hace cincuenta, los semiconductores. Hoy son los minerales estratégicos que sostienen la transición energética y la nueva economía del conocimiento. Mientras el mundo observa el crecimiento del litio para fabricar baterías y el renacimiento del uranio para garantizar seguridad energética, el Perú enfrenta otra vez el mismo dilema de siempre: vender el recurso o construir la industria.

No es una discusión minera. Es una discusión sobre qué tipo de país queremos ser.

Un cambio de narrativa que vale la pena reconocer

Durante décadas, el Perú habló de minería casi exclusivamente como extracción y exportación. En el próximo Foro Internacional “Uranio y Litio: Pilares del Liderazgo Energético para el Desarrollo Minero, Tecnológico y de Ciudades Inteligentes” aparece otro vocabulario: minerales estratégicos, liderazgo energético, innovación tecnológica, ciudades inteligentes, transición energética. Es un salto conceptual real. El Estado empieza a hablar el idioma geopolítico de los minerales críticos, el mismo que ya manejan Australia, Chile o Corea del Sur.

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El uranio regresa a la conversación pública

De los dos minerales, el uranio es probablemente el más relevante de discutir. El Perú siempre tuvo potencial uranífero, pero el tema quedó congelado durante años por miedo social, desconocimiento técnico, ausencia de una estrategia nuclear nacional y un debate capturado por posiciones ideológicas antes que técnicas.

Que hoy reaparezca vinculado a energía limpia, seguridad energética, tecnología avanzada e industrialización —y no a la vieja retórica del arma nuclear— es un cambio enorme. Ese giro conceptual es, en sí mismo, una oportunidad que pocas generaciones tienen.

El litio solo no basta

Muchos países creen que tener el recurso los convierte automáticamente en potencia industrial. Eso es falso: tener el recurso no significa industrializar; tener reservas no significa tener la tecnología; tener soberanía estatal sobre el mineral no significa tener una cadena de valor.

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La pregunta clave nunca fue “¿tenemos litio?”. La pregunta correcta es “¿qué industria vamos a construir alrededor del litio y el uranio?”. Ahí es donde entra lo que he llamado la Economía de Neutrones: así como el litio mueve la economía de los electrones —baterías, electromovilidad, almacenamiento—, el uranio mueve la economía de los neutrones: medicina nuclear, radioisótopos, agricultura de precisión, nuevos materiales, generación limpia. Ninguna de las dos economías depende principalmente del mineral. Dependen del talento que sepamos formar alrededor de él.

El RP-10 y el IPEN: una plataforma, no solo un combustible

El documento que enmarca el próximo Foro habla de innovación tecnológica, investigación, desarrollo y sostenibilidad. Eso abre un espacio que pocas veces hemos sabido ocupar: posicionar al RP-10, a los laboratorios nucleares y al Centro Nuclear de Huarangal como base real de producción de radioisótopos médicos, dopado neutrónico de silicio, irradiación industrial, trazabilidad isotópica para agroexportación e hidrología isotópica para seguridad alimentaria e hídrica.

El uranio no debe venderse solo como combustible. Debe venderse como plataforma de industrialización científica, con una hoja de ruta concreta que acompañe esa ambición.

Lo que este momento exige

El Foro es la oportunidad correcta para dar el siguiente paso: pasar de nombrar los minerales como estratégicos a dotarlos de instrumentos operativos reales. El Decreto Supremo que los declaró “críticos y estratégicos” fue un primer paso necesario; el propio sector ya reconoce que hace falta una ley técnica específica para completarlo.

Ya hemos demostrado que en el Perú sí se puede recorrer ese camino. Cuando desde el IPEN impulsamos lo que hoy es la Ley 23560, construimos un marco institucional con consecuencias reales para la actividad nuclear del país, no solo una declaración de buenas intenciones.

Esa experiencia me deja una convicción clara: lo que el litio y el uranio necesitan ahora es una ley del Congreso que los declare estratégicos con instrumentos propios —incentivos claros, plazos de ejecución, mandato de coordinación entre Minem, Produce e IPEN—, porque una ley tiene la permanencia que un reglamento no puede garantizar por sí solo.

Ese es el siguiente paso natural del Foro: convertir el liderazgo energético que hoy se declara en una hoja de ruta con plan nuclear nacional, financiamiento industrial definido y una estrategia de formación de capital humano a veinte años.

Lo verdaderamente estratégico

La combinación litio-uranio puede convertir al Perú en centro energético regional, proveedor de materiales estratégicos y nodo tecnológico sudamericano. Pero solo si el país pasa de “exportador de roca” a “productor de tecnología”. Eso exige política de Estado sostenida, reforma institucional, integración real entre universidad e industria, soberanía tecnológica e infraestructura científica.

El Centro Nuclear de Huarangal tiene el terreno, la trayectoria y el equipo humano para convertirse en polo científico-industrial, parque tecnológico y hub de materiales avanzados. Lo que falta es la ley que lo permita y el financiamiento que lo sostenga. La historia ofrece pocas oportunidades para cambiar el destino de una nación. El litio y el uranio pueden ser una de ellas. Pero solo si entendemos que el verdadero recurso estratégico no está bajo tierra: está en la inteligencia de nuestra gente y en la ley que todavía tenemos que escribir para protegerla.

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