Accidente cerebrovascular: actuar en menos de 4 horas y media puede evitar daños irreversibles

Essalud señala que los síntomas de alerta incluyen adormecimiento de un lado del cuerpo, dificultad para hablar, problemas de visión y dificultad para caminar

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El 80 % de los ACV son isquémicos (por obstrucción arterial) y el 20 % hemorrágicos (por ruptura de una arteria) - Créditos: Essalud.
El 80 % de los ACV son isquémicos (por obstrucción arterial) y el 20 % hemorrágicos (por ruptura de una arteria) - Créditos: Essalud.

El Seguro Social de Salud (Essalud) ha puesto en primer plano la importancia de actuar con rapidez ante cualquier señal de accidente cerebrovascular (ACV) o ictus isquémico. La institución recalca que el margen para evitar daños irreversibles es de solo cuatro horas y media desde el inicio de los síntomas.

Durante ese periodo, un paciente puede recibir en emergencia la trombólisis endovenosa, tratamiento que consiste en administrar un anticoagulante intravenoso capaz de disolver el coágulo responsable del infarto cerebral. Si la persona no es atendida a tiempo, el riesgo de secuelas permanentes es elevado y la posibilidad de recuperación se reduce de forma drástica.

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La doctora Liliana Rodríguez Kadota, coordinadora de la Unidad de ICTUS del Servicio de Neurología en el Hospital Nacional Edgardo Rebagliati Martins, advierte que acudir al hospital después de ese lapso, o incluso tras un día, puede dejar al paciente con parálisis de un lado del cuerpo y sin capacidad de hablar.

La especialista señala que el accidente cerebrovascular figura entre las principales causas de muerte y discapacidad en adultos a nivel global, lo que convierte la identificación temprana de los síntomas en una herramienta vital para salvar vidas y conservar la autonomía.

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Asismismo, explica que los ACV se clasifican en isquémicos y hemorrágicos. El primero ocurre por una obstrucción arterial y representa el 80 % de los casos; el segundo, por la ruptura de una arteria, abarca el 20 % restante y suele tener un pronóstico más grave.

En ese contexto, es importante reconocer los síntomas de alerta: adormecimiento repentino de un lado del cuerpo, dificultad para articular palabras, alteraciones en la visión o problemas para caminar. Estos episodios pueden manifestarse como ataques isquémicos transitorios, conocidos como mini ACV, cuyos signos suelen durar pocos minutos y desaparecer.

No obstante, la doctora Rodríguez Kadota enfatiza que, ante la presencia de cualquiera de estos síntomas, se debe acudir inmediatamente a un establecimiento de salud, ya que podrían anteceder a un infarto cerebral mayor.

Un dolor de cabeza intenso y súbito también amerita atención urgente, ya que podría tratarse de un ACV hemorrágico. Esta condición puede ir acompañada de náuseas, vómitos, trastornos de conciencia y otros síntomas neurológicos graves.

Controlar factores de riesgo como hipertensión, diabetes, colesterol alto y tabaquismo ayuda a prevenir accidentes cerebrovasculares - Créditos: Essalud.
Controlar factores de riesgo como hipertensión, diabetes, colesterol alto y tabaquismo ayuda a prevenir accidentes cerebrovasculares - Créditos: Essalud.

Al arribar a la sección de emergencia, es fundamental que el paciente sea sometido a estudios diagnósticos antes de recibir el alta. La tomografía computarizada resulta esencial para descartar hemorragias cerebrales. Adicionalmente, los médicos deben evaluar el estado cardiológico y las arterias carótidas, ya que la presencia de arritmias o daño arterial incrementa el riesgo de infartos cerebrales repetidos.

Entre los factores que más predisponen a un ACV destacan la hipertensión arterial, la diabetes, el tabaquismo, el sedentarismo y las arritmias cardíacas. Las mujeres en etapa postmenopáusica que siguen tratamientos hormonales y las personas con niveles elevados de colesterol también presentan mayor propensión a la trombosis.

A modo de prevención, EsSalud recomienda a los grupos de riesgo someterse a controles médicos regulares, mantener la presión arterial en valores adecuados y vigilar los niveles de glucosa y colesterol. Una intervención oportuna y la vigilancia constante son las claves para reducir la incidencia de accidentes cerebrovasculares y sus secuelas en la población adulta.