“La Flor de la Canela”: El vals que Chabuca Granda convirtió en símbolo universal de la peruanidad

La emblemática canción, reada por Chabuca Granda en 1950, es mucho más que un himno criollo: es la que elevó la identidad limeña y afroperuana a la universalidad, conquistando generaciones y escenarios de todo el mundo

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La historia de “La Flor de la Canela” comienza en el corazón de Lima, donde la compositora Chabuca Granda buscaba dar forma a un vals que trascendiera el repertorio tradicional criollo. El proceso creativo culminó el 7 de enero de 1950, en una noche de jarana limeña en la que Granda encontró la frase decisiva para su obra. La inspiración brotó de la imagen del “viejo puente, el río y la alameda”, evocada a partir de una conversación con el historiador Raúl Porras Barrenechea. Esta referencia acabó siendo el marco poético y nostálgico del vals.

El estreno de la canción ocurrió el 21 de julio de ese año, durante el cumpleaños de Victoria Angulo, la musa de la obra. Angulo, trabajadora afroperuana de la Botica Francesa del Jirón de la Unión, deslumbraba a Granda con su andar elegante cruzando el antiguo Puente de Palo hacia el Rímac. Fue esa presencia, ese “porte sobrio y dignísimo”, la que llevó a Chabuca a componer versos que hablan de belleza y dignidad, y que aún hoy identifican el alma de Lima.

El significado de la letra: homenaje y reivindicación

El verso central, “flor de la canela”, tiene raíces profundas en el castellano clásico. Desde el siglo XVII, la expresión se utilizaba para describir lo más perfecto y exquisito, y Granda la eligió para dignificar tanto la figura de Victoria Angulo como la herencia afroperuana en la cultura limeña. La autora relató que imaginaba a Lima “alfombrada de flores” para que su musa paseara, simbolizando el reconocimiento y la valorización de los hombres y mujeres de color en la historia del Perú.

La música de Chabuca Granda,
La música de Chabuca Granda, con su profunda conexión a las raíces peruanas, se convirtió en un emblema cultural. Sus canciones, cargadas de tradición y modernidad, no solo elevaron la música nacional, sino que la llevaron a los escenarios más prestigiosos del mundo. (Andina)

La letra de la canción está cargada de imágenes poéticas: las canas de Angulo “hechas jazmines”, el rubor “en el rostro” y la ciudad que se viste de gala para ella. Más allá del homenaje personal, Granda buscó reivindicar la importancia del mestizaje y la diversidad cultural de Lima, convirtiendo la canción en una declaración de orgullo e identidad nacional. En sus palabras: “Cuando pido que Lima se alfombre de flores para que Victoria Angulo baje al llano abandonando el trono de su propia nobleza, estoy pidiendo lo mismo para todos los hombres de color que ya echan raíces profundas en la historia. Mi gente, mis amores”.

La amistad entre la compositora y su musa fue profunda y sincera. Al estrenar el tema en el cumpleaños de Angulo, Chabuca le envió un ramo de flores y un diploma de la Municipalidad de Lima, reconociendo su papel inspirador. Para Granda, “La Flor de la Canela” era también una forma de saldar una deuda de gratitud con su amiga y con la comunidad afroperuana.

Chabuca Granda inmortalizó la esencia
Chabuca Granda inmortalizó la esencia de Lima en su icónico vals, que con el tiempo se convirtió en un símbolo de identidad y orgullo nacional. (El Peruano)

De Lima al mundo: consagración y universalidad de una canción

Al principio, “La Flor de la Canela” recorrió discretamente los bares y casas limeñas. Fue el conjunto Los Morochucos el primero en grabarla en 1953, pero la versión que verdaderamente popularizó el vals llegó un año después con Los Chamas. Desde entonces, la canción cruzó fronteras y se convirtió en símbolo de la música peruana, adoptada por artistas nacionales e internacionales.

A lo largo de las décadas, la pieza ha sido interpretada por voces tan diversas como Yma Sumac, Caetano Veloso, Rocío Jurado, María Dolores Pradera y muchos otros. Hoy, solo en plataformas digitales como Spotify, existen más de setecientas versiones registradas. “La Flor de la Canela” se canta en el Día de la Canción Criolla, en colegios, en eventos oficiales y en celebraciones populares, consolidándose como una melodía identitaria que trasciende generaciones.

Desde su infancia en Lima,
Desde su infancia en Lima, Chabuca Granda encontró en la ciudad su musa, creando canciones que capturan la esencia de una Lima señorial, inmortalizando su historia a través de la música. (Andina)

La universalidad del tema fue reconocida por el poeta César Calvo, quien afirmó que Chabuca le dio “ciudadanía universal” al valsecito peruano, y por personalidades como Susana Baca, que la considera “la recuperación de la belleza”. La canción ha inspirado homenajes, investigaciones académicas y nuevas versiones, como la nominada al Grammy Latino por Rubén Blades en 2017.

Más allá de su éxito, “La Flor de la Canela” representa un punto de inflexión en la música criolla: Chabuca Granda reformuló el género valiéndose de metáforas, estructuras innovadoras y un profundo respeto por el mestizaje limeño. La frase inaugural, “Déjame que te cuente, limeño”, sigue invitando al mundo a descubrir la Lima mestiza y multicultural que la canción elevó a la eternidad.

Más allá de su influencia
Más allá de su influencia educativa, José Granda legó su pasión a través de su descendencia, siendo el abuelo de Chabuca Granda, icono de la música criolla peruana. (El Peruano)

“La Flor de la Canela” no solo es un himno criollo: es el puente musical que une a peruanos dentro y fuera del país, y una de las obras más universales de la música latinoamericana. El legado de Chabuca Granda sigue floreciendo, como el aroma y la elegancia de la propia canela, en cada rincón donde se celebra la identidad peruana.