
La hidratación suficiente resulta esencial para el funcionamiento de todos los órganos y sistemas del cuerpo. El consumo regular de agua ayuda a mantener la temperatura corporal, facilita la eliminación de toxinas y favorece la absorción de nutrientes, según el Ministerio de Salud (Minsa) y el Seguro Social de Salud (EsSalud). Ambas instituciones recomiendan ingerir entre 6 y 8 vasos de agua al día, aunque esta cantidad puede variar según la edad, el clima y la actividad física.
La importancia de monitorear la ingesta de líquidos aumenta durante el verano, especialmente en grupos vulnerables como niños y adultos mayores, quienes presentan mayor riesgo de sufrir deshidratación. Beber agua de manera continua, sin esperar la sensación de sed, asegura una hidratación adecuada y previene complicaciones asociadas al déficit hídrico.
Esto es lo que pasa con tu cuerpo cuando se deshidrata
La deshidratación ocurre cuando el cuerpo pierde más líquidos de los que ingiere, ya sea por sudoración, fiebre, vómitos o diarrea. El descenso de agua corporal provoca una serie de alteraciones fisiológicas. Inicialmente, el volumen sanguíneo disminuye, lo que puede causar una baja en la presión arterial y dificultar el transporte de oxígeno y nutrientes a las células. Para compensar esta pérdida, el corazón incrementa su frecuencia, lo que genera taquicardia y sensación de fatiga.
El organismo reduce la sudoración para conservar líquido, lo que limita la capacidad de regular la temperatura corporal y puede inducir hipertermia. Los riñones retienen agua, produciendo menos orina y mucho más concentrada, lo que favorece la formación de cálculos renales. Al mismo tiempo, se pierden minerales como sodio y potasio, generando alteraciones en el equilibrio electrolítico. Estos cambios pueden causar debilidad muscular, calambres, arritmias cardíacas y confusión mental.

La deshidratación también afecta el rendimiento cognitivo. La reducción de agua en el cerebro produce dolor de cabeza, dificultad para concentrarse, irritabilidad y, en casos graves, letargo o pérdida de conciencia. En situaciones extremas, la deshidratación puede evolucionar a un shock hipovolémico, donde la caída severa del volumen sanguíneo compromete el flujo de sangre hacia los órganos vitales.
Enfermedades que puede causar la deshidratación
La deshidratación se vincula con el desarrollo de múltiples enfermedades y complicaciones. El déficit de líquidos puede desencadenar insuficiencia renal aguda, ya que los riñones no logran filtrar adecuadamente los desechos del organismo. Además, la orina concentrada incrementa el riesgo de infecciones del tracto urinario y formación de cálculos renales. El golpe de calor es otra consecuencia, dado que el cuerpo pierde su capacidad de regular la temperatura interna, especialmente en ambientes calurosos.
Los desequilibrios electrolíticos derivados de la deshidratación pueden provocar trastornos neuromusculares, convulsiones y arritmias cardíacas. La disminución del volumen sanguíneo puede derivar en hipotensión y episodios de mareo, debilidad o desmayo. El tránsito intestinal también se ve afectado, ya que la falta de agua dificulta la formación de heces blandas y produce estreñimiento.
En personas con enfermedades crónicas, como diabetes o insuficiencia cardíaca, la deshidratación puede agravar el cuadro clínico y complicar su manejo. El riesgo se incrementa en niños pequeños y adultos mayores, quienes presentan menor capacidad de percibir la sed y adaptarse a la pérdida de líquidos.
Cuánta agua debes tomar a diario para estar hidratado

El Minsa y EsSalud recomiendan consumir entre 6 y 8 vasos de agua al día para mantener una hidratación adecuada. Esta cantidad equivale aproximadamente a 2 litros de agua, aunque puede variar según la edad, el clima y el nivel de actividad física. Al menos la mitad de los líquidos ingeridos debe corresponder a agua pura, mientras que el resto puede incluir infusiones o jugos naturales sin azúcar.
Durante el verano o en condiciones de calor intenso, se sugiere aumentar la ingesta de agua para compensar la mayor pérdida por sudoración. Las personas que practican actividad física deben considerar un litro adicional por cada media hora de ejercicio.
No se recomienda esperar a sentir sed para hidratarse, ya que ese síntoma indica el inicio de la deshidratación. Beber agua de manera continua a lo largo del día, elegir fuentes seguras y complementar la dieta con frutas y verduras ricas en agua, como sandía y melón, ayuda a mantener el equilibrio hídrico. Evitar bebidas azucaradas o gaseosas también contribuye a la salud renal y reduce el riesgo de enfermedades metabólicas.
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