
Durante años, su voz resonó entre las calles del norte del Perú, entre caminos de polvo y calles calurosas. Cuando el nombre de Robert Prevost apareció como elegido en la votación del cónclave, no fueron pocos los que en Piura y Lambayeque levantaron la mirada. El nuevo líder de la Iglesia Católica había sido también uno de ellos: caminante de parroquias humildes y amigo de las devociones locales. No importó que su cuna estuviera en Chicago. Para muchos peruanos, sobre todo en Chiclayo, ese hombre de sotana blanca representaba una cercanía poco habitual entre el Vaticano y el pueblo.
En la cuarta ronda de votación, la Capilla Sixtina cerró su debate. El humo blanco emergió y el nombre que se escuchó fue León XIV. El Vaticano confirmó que al menos 89 cardenales respaldaron su elección de entre los 133 presentes. En Perú, no hubo demora en los gestos de alegría. No era solamente un nuevo papa. Era también un hombre con documento nacional de identidad peruano, un rostro conocido en procesiones y homilías, un obispo que saludaba en castellano sin titubeos.
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Prevost había llegado al Perú como misionero agustino en los años ochenta. Su permanencia se extendió por casi dos décadas, en las que recorrió parroquias rurales, encabezó proyectos pastorales y forjó vínculos que marcaron su historia. Desde su ordenación, se integró a la vida local, no como visitante, sino como parte del entramado cotidiano de los fieles. La ciudadanía peruana no fue un trámite administrativo. Fue una consecuencia lógica de su compromiso.
Su elección como papa coincidió con el recuerdo de muchas de esas vivencias compartidas en tierra norteña. La Iglesia en el Perú, desde sus bases hasta sus jerarcas, reconoció en León XIV a uno de los suyos.
La Cruz de Motupe y el símbolo de Chiclayo

Durante su etapa como obispo en Lambayeque, Prevost mostró una conexión estrecha con las tradiciones religiosas locales. La Cruz de Motupe ocupó un lugar especial en su camino pastoral. En 2019, cuando por primera vez el sagrado madero fue trasladado a Chiclayo, el entonces obispo presidió una misa multitudinaria en el parque principal de la ciudad. La decisión de llevar esta imagen a la costa fue interpretada como un acto de unión entre los fieles del campo y la ciudad.
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El periodista lambayecano Daniel Gustavo Vera destacó que “cuando se dirigió a la Iglesia universal en su primer mensaje, no mencionó a Estados Unidos. Habló del Perú, de Chiclayo”. En una transmisión televisiva, señaló también que “si uno le hace mucho zoom a esas ollas grandes que ves ahí, tienen un alto relieve en hierro que dice Chiclayo”.
Las referencias a su vínculo con la región no se detuvieron ahí. Fue él quien intercedió para que la Cruz de Motupe presidiera la misa en Huanchaco durante la visita del papa Francisco en 2018. Según Vera, “ese gesto resume toda una forma de ver la fe: no como espectáculo, sino como cercanía”.
Uno de los episodios más recordados por la Hermandad del Señor de los Milagros en Roma ocurrió en octubre de 2024. El actual papa León XIV acompañó la procesión en la capital italiana. Un miembro de la hermandad contó a Latina que “no estábamos seguros de que él iba a presidir. Fuimos a la embajada de la Santa Sede y, con ayuda del consulado en Roma, él mismo nos facilitó. Fue una alegría inmensa”.
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Cuatro años antes, el 18 de octubre de 2020, Prevost presidió una misa en honor al Señor de los Milagros desde la Catedral de Chiclayo. En plena pandemia, dirigió un mensaje que aún circula en redes entre los fieles: “Pensar de verdad cuánto sufrimiento hemos sentido todos a causa de la enfermedad, pero los invito a no quedarse en el dolor. Más bien, buscar precisamente en el gran milagro del amor que Jesucristo nos enseña desde la cruz”.
Durante esa homilía, también expresó: “Nosotros llevamos en nuestro ser la imagen, el sello, la inscripción, no del César, sino de Dios. Por tanto, cuando preguntan ¿qué debemos hacer?, pues nuestra primera responsabilidad es dar a Dios lo que es de Dios”.
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El chullo de la infancia y los vínculos personales
Antes de partir hacia Roma como prefecto del Dicasterio para los Obispos, Prevost fue condecorado con la medalla de oro de Santo Toribio de Mogrovejo, la más alta distinción del Episcopado Peruano. En su discurso de despedida, rememoró un momento de infancia que, según él, marcó el inicio de su relación con el país. “Cuando yo tenía cinco años, no sé si sabía dónde estaba Perú o no, pero yo tenía una tía que trabajaba acá y me regaló un chullo de esos que en la tierra de Apurímac se llevan, por la sierra de todos los colores”, relató.

Ese objeto de lana, sencillo, pero simbólico, quedó como una especie de augurio. Aunque su camino vocacional se desarrolló en paralelo a las misiones agustinianas, su conexión con la cultura peruana se fortaleció con el paso del tiempo. En sus palabras: “Siempre lo he considerado y siempre lo voy a considerar como uno de los regalos más grandes que el Señor me ha dado”.
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El saludo que mencionó a Chiclayo y la comida peruana

El día de su nombramiento como papa León XIV, no hubo referencias a la ciudad donde nació. En su lugar, se habló del Perú. Mencionó Chiclayo, recordó la fe del pueblo, evocó el compromiso de las parroquias con la misión evangélica. Las palabras fueron interpretadas por muchos como un gesto de gratitud hacia el país que lo formó, en su vocación y en su fe.
En palabras de Daniel Gustavo Vera: “Es una alegría que compartimos, creamos o no, practiquemos o no la fe católica de manera permanente. El hecho de que alguien que tiene DNI peruano, que vive en el Perú, que ha tramitado su DNI en Chiclayo, sea el nuevo papa, es algo que no se puede ignorar. Lo hemos visto en las calles. Sacerdote o no sacerdote, lo vemos cercano”.
Ese día, mientras los fieles salían a celebrar en las iglesias de Chiclayo y Piura, no pocos recordaron que antes de usar la sotana blanca del pontífice, Robert Prevost usó un chullo apurimeño.
En una reciente conferencia de prensa, el obispo de Chiclayo, monseñor Edinson Edgardo Farfán Córdova, destacó que, aunque el papa León XIV tiene su origen en Estados Unidos, su amor por el Perú es profundo, especialmente por la ciudad de Chiclayo, donde sirvió como obispo.
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Una de las notas personales más entrañables que compartió el obispo fue sobre los gustos culinarios del nuevo papa. Farfán, con una sonrisa, comentó que a León XIV le gustan especialmente ciertos platos típicos peruanos, lo que revela aún más su conexión con la cultura del país. "Le gusta mucho el cabrito, el arroz con pato y el ceviche“, recordó, tras resaltar que estos eran sus favoritos durante su tiempo en Perú. Estas palabras hicieron eco de la familiaridad y el cariño que el nuevo papa tiene por la comida y las costumbres del país.
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