
La higiene del perro es muy importante si realmente pretendemos prevenir enfermedades. El baño tradicional del perro suele ser irremplazable y muchas veces hasta es una indicación terapéutica en una gran cantidad de padecimientos cutáneos.
Entre las pautas de convivencia entre los perros y los seres humanos para evitar riesgos sanitarios para el animal y eventualmente a las personas se encuentra ese baño periódico.
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Pero un perro no es un ser humano disfrazado y tiene pautas fisiológicas propias que hay que respetar. Lo primero que hay que definir es: ¿con qué se lo baña?

La respuesta es muy sencilla: no se debe usar ningún champú para seres humanos, ya que el pH, o sea la acidez del cuero cabelludo nuestro, es muy diferente a la de la piel del perro.
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El perro tiene un pH ácido en su piel y los seres humanos lo tienen alcalino. Es por ello que, sin saber esto, se ha recomendado, erróneamente durante años, el jabón blanco para el baño canino.
Vale la pena repetirlo: existen innumerables champús de excelente calidad para el baño de los perros que respetan las pautas fisiológicas del animal y debe ser el veterinario de confianza quien lo recomiende, según las circunstancias ya sea normal o patológica.
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La periodicidad en el baño es otra recomendación reservada al profesional pero jamás, salvo expresa indicación médica, debemos bañar más frecuentemente que cada quince días a nuestro animal. No respetar esto puede ser perjudicial, quitando la protección natural que la piel posee o bien facilitando enfermedades.

Otras veces se puede estar calificando a olores, que no nos agradan como patológicos erróneamente o bien tratando de ocultarlos enmascarando dolencias subyacentes.
No obstante pueden existir otras circunstancias en las cuales no sea posible mojar al animal y debamos recurrir a otras estrategias para tener como resultado una correcta higiene de nuestro perro.
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Afortunadamente existen diferentes maneras de mantenerlo en las mejores condiciones posibles sin necesidad de mojarlos. Una buena solución puede ser utilizar las toallitas higiénicas específicas para perros que son muy prácticas y de excelente calidad.
Siempre para conseguir los mejores resultados, es recomendable cepillar antes y después el pelo con los cepillos o cardinas indicados según sea el tipo de animal y su pelo.
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Otra alternativa sin mojar al animal es usar los llamados “talcos secos”. Frente a ella la sugerencia casera y eficaz es usar fécula de maíz, la misma de la cocina, espolvoreando a tu animal y cepillándolo luego con un cepillo de cerda dura.
De esta forma lograremos que el fenómeno eléctrico de adsorción arrastre junto a la fécula a las partículas de polvo del cuerpo del animal.
Acto seguido, podemos pasarle una franela que al cambiar el signo eléctrico arrastrará, por la fricción, a los pelos retenidos en la operación anterior, dejando a nuestro animal, cualquiera sea el color, más limpio y con el pelo brillante de color intenso.
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*El Prof. Dr. Juan Enrique Romero @drromerook es médico veterinario. Especialista en Educación Universitaria. Magister en Psicoinmunoneuroendocrinología. Ex Director del Hospital Escuela de Animales Pequeños (UNLPam). Docente Universitario en varias universidades argentinas. Disertante internacional.
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