Pía Slapka en pleno entrenamiento en los bosques de Palermo.
Pía Slapka en pleno entrenamiento en los bosques de Palermo.

Crecimos viendo a Pía Slapka (35) luciendo un cuerpo perfecto en las vidrieras de los locales de todos los shoppings, caminando como gacela sobre las pasarelas y sonriendo de oreja a oreja junto a su familia en las revistas de celebrities.

La vida hacia afuera, pura sonrisa para ella: una carrera exitosa y bien en el amor con un marido divino (estuvo casada 15 años con Paul García Navarro, uno de los dueños de la agencia Multitalent), y con hijos: Benjamín (10) y Gerónimo (6).

Sin embargo, pocos sabían que, por dentro, en Pía se iba gestando una gran necesidad de conectarse con lo más profundo de su ser y patear el tablero de los estereotipos.

"Yo siempre critiqué que muchas modelos dieran ejemplos poco saludables. Para mí es un poco una fábrica de anorexia. De hecho, me han bajado de algunos desfiles por no llegar al peso que querían… Pero no es sólo culpa de la industria. Lamentablemente, el público es el primero en criticar si 'estás gordita', si tenés estrías o si no tenés tetas. La sociedad es muy exigente a nivel estético y no hay bondi que nos venga bien", asegura a corazón abierto y sin pelos en la lengua.

Su alimentación: “natural, simple y con la menor cantidad de productos procesados posible” .
Su alimentación: “natural, simple y con la menor cantidad de productos procesados posible” .

Si bien nunca sufrió un trastorno alimenticio, Pía Slapka confiesa que haber empezado a trabajar como modelo a los 13 años tuvo un costo muy alto. "Ya tengo un chip en la cabeza en relación con lo estético. Por mi carrera, toda la vida me cuidé con las comidas. Pero hace unos 15 años llegó a mis manos el libro El Tao de la salud, el sexo y la larga vida de Daniel Reid e hice un clic. Ese fue el puntapié que me llevó a interiorizarme cada vez más en el mundo de la comida saludable: fui a la nutricionista, compré más libros, probé lo que me hacía bien y lo que no. Año a año fui ajustando más mi alimentación hasta llegar al punto donde estoy hoy, que es parecido a la era de las cavernas. Natural, simple y con la menor cantidad de productos procesados posibles".

 EL PLAN MODELO. Mientras Pía se iba volviendo una experta en el arte del clean eating (así se conoce a la corriente de la comida natural), también se fue entusiasmando con el deporte.

"Desde que tengo uso de razón amo hacer actividad física, pero hace cuatro años me picó el bichito runner. Me acuerdo porque fue una vez que me tocó hacer una presencia en los 21K de Buenos Aires y pude sentir cómo se me ponía la piel de gallina al ver a los corredores llegar a la meta. ¡No entendía por qué estaba del otro lado de la valla! Así que me propuse correr una carrera… Y al año hice mis primeros 10K", recuerda todavía emocionada.

Hoy, la Barbie favorita de las marcas Nº1 no teme mostrarse real, de carne y hueso. "El fitness me permitió renacer como mujer. Logré conectarme con mi esencia y cuidar mi salud. Incluso, cuando arranqué tenía el pelo blanco platinado y ahora tengo un rubio mucho más natural. El cuerpo también me cambió muchísimo. A diferencia de las modelos, las chicas fit están fibrosas y sanas"-

Pía Slapka asegura que el running le cambió la vida.
Pía Slapka asegura que el running le cambió la vida.

-¿Qué sentís que le aporta el running a tu vida?

-Me enseña a vivir en el aquí y ahora. La única manera de correr es estar conectado con cada pisada, en cada respiración y cada kilómetro. Eso me ayuda a calmar la mente y a estar presente en el momento. Todo el tiempo descubro mis debilidades y mis fortalezas. Y todo eso después lo aplico en la vida. Cada entrenamiento es un reflejo de lo que es mi vida. Ahora sé que soy yo la que se pone los límites. Correr me empoderó, me fortaleció y me volvió más consciente. Más allá de lo físico, aprendí que si yo no me muevo, nadie se va a mover por mí. El running me cambió la vida.

-¿Cuánto fue lo máximo que corriste?

-El año pasado hice mis primeros 21K en 1 hora 54 segundos. ¡Re buen tiempo para mí! Me preparé durante un año con mi coach, Fer Tambasco, con un entrenamiento que combina fondos (distancias de más de 10K), pasadas (piques de máxima velocidad con poca recuperación) y cuestas (subidas para ganar fuerza en las piernas). Pero se me hizo imposible tener una rutina. Salía cuando podía, a veces una vez por semana y otras cuatro. Lo más importante es mantener la constancia todo el año, haga frío o calor. Ese es el sacrificio que te da la fortaleza para llegar a la meta. Una semana no hace la diferencia.

-¿Combinás el running con otra disciplina?

-Entreno tres veces por semana haciendo ejercicios con mi propio peso como sentadillas, abdominales o flexiones. Si hacés sólo running te chupás. Antes tenía un gimnasio en mi casa, pero desde octubre, cuando me separé y me fui a un departamento más chiquito, armé un mini gym en un cuarto. Ahí tengo mi cinta, que la amo, algunas mancuernas, colchoneta y una soga. Pero no uso mucho peso porque no me quiero agrandar.

-¿Qué imagen te devuelve el espejo?

-Me veo fit. Estoy más fibrosa. Pero sobre todo me siento bien. La mayoría de los mensajes que recibo en Instagram (@piaslapka) son sobre mi cuerpo. Pero yo trato de transmitir que el físico es un reflejo de cómo se siente uno por dentro. De hecho, organicé un workshop sobre motivación y running justamente para conocer a mis seguidores y explicarles que el objetivo no puede ser estético. Eso es una consecuencia.

“Estoy abierta a que la vida me sorprenda”, asegura Pía Slapka, a los 35 años.
“Estoy abierta a que la vida me sorprenda”, asegura Pía Slapka, a los 35 años.

EL AMOR (PROPIO) DESPUÉS DEL AMOR. Después de 17 años en pareja y 15 de casados, Pía Slapka hizo las valijas y dejó la casa que compartía hasta entonces con su marido para comenzar una nueva vida. "Fue un proceso muy doloroso, pero cada vez que salía a correr era como una sesión de terapia. Muchas veces me encontré llorando mientras corría. Me dio fortaleza. A veces, cuando una se separa siente mucho temor. Pero el running te enseña cada día que sos capaz de superar lo que te propongas", cuenta al borde de las lágrimas, pero con una sonrisa que cubre cualquier sensación de angustia.

-¿Qué le dirías a alguien que quiere empezar a correr?

-Primero que empiece de a poquito, que no arranque pretendiendo correr 10K. Hay que disfrutar el proceso, que es lo más enriquecedor de todo. Le diría que sea paciente, constante y compasivo con sigo mismo. Que sepa que va a tener días buenos y días malos. Hay que amigarse con esa idea.

-¿Vos siempre estás de buen humor?

-No, pero intento. Hace muchos años aprendí que ser feliz es una decisión y es un trabajo que hago día a día. Tengo miles de problemas e inseguridades. ¡Imaginate que me acabo de separar! Soy un ser humano como todos, pero trato de tener el hábito del buen humor.

-¿Te volviste a enamorar?

-Sí, ¡de la vida! (risas) Me encantaría, pero no sé cuándo va a pasar.

-¿Y te gustan los runners?

-No conozco muchos runners, te juro (risas). Pero para que alguien me enamore tiene que ser un tipo al que le guste el deporte y sea activo. A mí no me seduce un sedentario que esté todo el día en el sillón tomando cerveza, ¡me mato! Para mí, el deporte habla de uno, te da energía y es una actitud frente a la vida. Ojo, tampoco me gusta el perfil del que va al gym para sacarse selfies.

Pía cuenta que en cada entrenamiento aprende sobre sus debilidades y fortalezas.
Pía cuenta que en cada entrenamiento aprende sobre sus debilidades y fortalezas.

Texto: Agustina D'Andraia

Fotos: Maxi Didari. Agradecemos a: Healthy Planet.

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