“Cuando me enamoro me empiezo a olvidar de mí y eso, a la larga, me termina costando caro”.
“Cuando me enamoro me empiezo a olvidar de mí y eso, a la larga, me termina costando caro”.

La vida de Agustín Casanova (24) cambió completamente en 2014, cuando decidió abandonar su carrera de Ingeniería en Sistemas y su trabajo en una cerrajería de Montevideo para dedicarse de lleno a la música. "A partir de ahí se descontroló todo", dice el excantante de la reconocida banda de cumbia, Márama.

Y claro, en cuatro años pasó "de ser un don nadie" a llenar el Luna Park, participar de Bailando por un sueño y, antes de que pudiera irse de Buenos Aires, lo convocaron para coprotagonizar Simona, la tira diaria de El Trece, con Ángela Torres y Gastón Soffritti.

En el medio, la banda de la que formaba parte se disolvió y hoy está haciendo camino como músico solista. "Seguí mis sueños a pesar de las trabas que aparecían y fue la mejor decisión que pude haber tomado en mi vida", dice sin vueltas.

"El uruguayo", como lo empezaron a llamar sus compañeros de elenco, se tatuó las muñecas con las palabras "aquí" y "ahora", después de la crisis existencial que le dejó su cambio de vida. Reflexivo y sentimental, asegura que "le tomó el gustito a la actuación", pero este año se enfocará en su carrera solista.

-¿Cuándo decidiste cambiar de rumbo?

Siempre me gustó cantar, pero no creía que fuera a cumplirse ese sueño. En un momento me dije que si yo en un estado consciente me imaginaba lo que quería, mi cerebro iba a empezar a hacerlo solo. Si decía: "quiero ser cantante" muchas veces y me imaginaba la situación, mi cuerpo involuntario, compaginado con el universo, lo iba a hacer. Y así fue. Dejé mi trabajo y mi estudio. No tengo otra que creer en la ley de atracción porque todo lo que hice con esa técnica se ha cumplido.

-¿Y cómo manejaste ese cambio tan radical?

-Tuve una crisis existencial muy fuerte: pasé de trabajar en una cerrajería y, de golpe, no podía salir de un hotel. Fueron cuatro años muy intensos y fuertes y en ese tiempo aprendí lo que podría haber aprendido en veinte.

-¿Hiciste terapia?

-No, pero vengo de una familia muy espiritual. Y cuando me empecé a volver loco por todo lo que me estaba pasando y se me llenaba la cabeza de preguntas existenciales, descubrí la meditación y el yoga.

-Y sumado a eso, el cambio de mudarte a otro país ¿te afectó?

-Sí, me estresó mucho el tránsito, me costaba dormir por el ruido. Aunque Montevideo es grande, yo nunca había salido de Uruguay y Buenos Aires es una megaciudad. Era Nueva York para mí.

-Actuar por primera vez también habrá sido un desafío… 

-Sí, además aprendí a actuar a los golpes, me costó mucho al principio. Me sentía bastante incómodo y cuando me veía por televisión no me gustaba.  No hice capacitación ni nada: un día me dijeron que fuera al casting y quedé. A mitad de año, después de que los chicos del elenco me dieran millones de consejos, me relajé y el personaje mejoró.

-¿Cuáles eran las escenas que más te costaban?

-Las de amor. Porque en mi vida real soy bastante tímido y el personaje era todo lo contrario. En un momento el director me dijo: "Hacelo como te salga a vos", y ahí empezó a nacer ese Dante tímido, que titubea, pero que es más real.

-¿Y ahora qué se viene a nivel profesional?

-Quiero seguir con el canto, que es lo mío. La actuación es una forma de expresión distinta y me gustó haberlo hecho. En cambio, no volvería a bailar.

-Sacaste un nuevo tema como solista, ¿de qué se trata?

-Habla desde un punto de vista lindo sobre la separación de mi ex (Sofía González, actriz y exbailarina de Showmatch). Le tengo mucho cariño, me dejó una enseñanza y también una canción. No me da vergüenza decirlo.

Con Ángela vibramos a un nivel parecido y tenemos una forma de ver el mundo similar.

-¿Te volviste a enamorar?

-No, no me ha pasado todavía.

-¿Y tenés ganas?

-Prefiero que no. Cuando me enamoro me empiezo a olvidar de mí y eso, a la larga, me termina costando caro.

-¿Por qué creés que la gente piensa que vos y Ángela Torres están juntos?

-Por la novela y las redes, que multiplican todo al 100%. Con Ángela vibramos a un nivel parecido y tenemos una forma de ver el mundo similar. Además, estoy totalmente impresionado con su forma de ser porque se sale de los patrones normales.

¿Y no te imaginás de novio con ella?

-No, no me imagino con nadie ahora.

-¿Pero creés que podrían funcionar?

-Sería raro, cada mañana haríamos una investigación del mundo muy extrema. Ella me encanta como mujer, nunca cerré la puerta. Si en algún momento pasa, estoy abierto al amor.

Textos: Candela Urta (curta@atlantida.com.ar) Fotos: Maxi Didari

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