Alegrañatas: los clowns que "curan" con la alegría y la risa

Es un grupo de clowns que desde hace diez años visita hospitales, generando risas y abrazos a pacientes y sus familiares. Una periodista de Para Ti también se vistió de payaso para compartir su ejemplar experiencia detrás de una nariz colorada.

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Sobre la cama blanca del hospital está ella, una mujer de la que nunca sabré el nombre, diagnóstico ni edad, pero que asumo ronda los 40 años… No tiene pelo y perdió tanto peso que sus ojos parecen gigantescos. Su expresión es de cansancio, miedo y desconsuelo. Sin embargo, todo cambia apenas nosotros –Colorete, Malcriada, Tormenta y yo– pasamos por la puerta.

Ellos son parte de Alegrañatas, un grupo de payasos voluntarios que van de hospital en hospital alegrando pacientes y familiares. A mí me bautizaron Ti.  "Vos vas a jugar conmigo, la idea es que te dejes llevar y le regales un momento de alegría a un desconocido que está pasando un mal momento. Jugá con tu corazón", me sugirió Hernán Espantoso Rodríguez (48), un empresario de zona Norte que creó esta fundación sin fines de lucro en el año 2007. Hoy colabora en el Hospital Houssay de Vicente López; el CEMIC de Saavedra; el Hospital de Niños de San Isidro y en algunas escuelas.

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Agus, la periodista de Para Ti convertida en una Alegrañata.
Agus, la periodista de Para Ti convertida en una Alegrañata.

"Vinimos a cumplirte un deseo", le anuncia Hernán –personificado como Colorete– a la mujer de ojos saltones. "Me encantaría encontrar mi anillo de casada que se me cayó en algún lado", pide mirando fijo el dedo anular de su mano izquierda. Eso es pan comido para un payaso.

Tormenta tira al piso un anillo de ella y en cuestión de segundos improvisamos una escena desopilante en la que no sólo fingimos que lo encontramos, sino que le pedimos al marido de la paciente que le vuelva a pedir matrimonio. "Gracias, nunca paren de hacer esto. No me acuerdo la última vez que había llorado de felicidad", dice entre lágrimas la mujer.

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CLOWN. Reírse es algo muy serio. Según el diccionario de la Real Academia Española, "es el movimiento de la boca y otras partes del rostro, que demuestra alegría". Pero para el colorido mundo de los payasos, la risa es el idioma del alma.

No es fácil hacer reír… Y menos cuando estás frente a gente sufriendo. "Para nosotros es una gran responsabilidad venir a visitar a los enfermos y sus familiares. Ayudar a los demás es lo mejor que me pasó en la vida. Me llena el alma", asegura Malcriada mientras me ayuda a convertirme en una de ellos. Entre todos me armaron un outfit improvisado, pero que sirve para camuflar mi rol de periodista: pantalones babucha azul, un blazer marrón, un sombrero de mimbre y la infaltable nariz roja. Un payaso grandote con cara de padrazo me presta un trapito rojo que me pone de bufanda y ya estoy lista para salir a recorrer el hospital: "Alegrañatas hace tanto bien a los pacientes como a los payasos que lo integran. Soy un apasionado de la causa. Es un lugar de mucha contención donde el amor al otro se expresa libremente y uno puede sentirse muy mimado", resume Michael Lapidoth (49), alias Cachete.

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CONTAGIAR AMOR. Esta misión de llevar risas a donde más lo necesitan nació cuando Hernán viajó a San Martín de los Andes de vacaciones. Por ese entonces Colorete sólo era un personaje de ficción que sacaba a jugar en sus clases de clown. Pero lo que era un hobby terminó convirtiéndose en su principal motivo de vida el día que entró de casualidad al hospital de la zona. "Estaba caminando y se me ocurrió ponerme la nariz y entrar a la sala de espera a ver qué pasaba. Yo me quedé quieto, pero la gente empezó a mirarme y a señalarme. De repente esa habitación llena de tristeza explotaba de risas. '¡Qué flash! ¿Cómo es que con una nariz roja se pueden hacer tantos destrozos?', pensé".

Actualmente, en la fundación hay 57 payasos voluntarios –el más chico tiene 19 años y el más grande 65– que visitan más de 180 pacientes al mes. "Es mágico lo que sucede. Nosotros no buscamos voluntarios ni hacemos campañas, ¡caen solos! Todas las personas que llegan es porque están en una búsqueda interna".

Los payasos tienen de 19 a 65, ¡pero todos pueden participar!
Los payasos tienen de 19 a 65, ¡pero todos pueden participar!

El último internado que visitamos es un señor súper elegante, exrugbier y de familia de campo. En cualquier otra situación imagino que lo hubiera visto de traje. Pero en las habitaciones de hospital no existen las clases sociales, los prejuicios ni las formalidades… Lo único que se perciben son emociones: miedo, ansiedad, amor, ilusión, frustración, bronca, desesperación, ganas de salir adelante. Así que este señor lleno de miedo y angustia estaba en calzoncillos abrazado como un nene a su mujer.

"Mañana lo van a operar del corazón y no lo vamos a poder ver durante doce horas", nos adelanta la señora tratando de ocultar la angustia. "Lo lamentamos mucho, pero nosotros venimos del cielo y no hay más lugar allá. Vas a tener que quedarte acá, viejo", decimos entre risas y guiños antes de irnos y terminar la jornada.

Los Alegrañatas van los sábados al Hospital de Niños de San Isidro.
Los Alegrañatas van los sábados al Hospital de Niños de San Isidro.

"Cuando vivís situaciones así la vida cobra otro sentido, te resulta imposible amargarte por pavadas o ahogarte en un vaso de agua. Siempre que vuelvo del hospital me siento egoísta porque ellos me dan mucho más de lo que yo les dejo", insiste Viviana Rodríguez Solano, más conocida como Tormenta. Sin dudas, después de mi día como Ti no seré la misma. Pero la enseñanza más valiosa que me llevo es que no hay nada más poderoso en el mundo que el amor y el sentido del humor.

Para ser uno de ellos sólo tenés que entrar a la página web (www.alegrañatas.com.ar) y pedir información.

textos AGUSTINA D'ANDRAIA (adandraia@atlantida.com.ar) fotos GENTILEZA ALEGRAÑATAS

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