Argentina ocupó el puesto 29, detrás de Chile y Brasil y delante de Uruguay, entre otros países de la región.
Argentina ocupó el puesto 29, detrás de Chile y Brasil y delante de Uruguay, entre otros países de la región.

Hace pocos meses la Organización de Naciones Unidas (ONU) dio a conocer su Informe Mundial sobre la Felicidad, donde se analizan variables como esperanza de vida, libertad social, generosidad, apoyo social y ausencia de corrupción en 156 países.

Mientras que Finlandia fue declarado el país más feliz del mundo, Argentina ocupó el puesto 29, detrás de Chile y Brasil y delante de Uruguay, entre otros países de la región. ¿Nos sentimos tan felices los argentinos como para merecer ese lugar entre los primeros 30 puestos?

"Una de las conclusiones que se desprenden de este resultado es que, aunque nuestro nivel de vida sea inferior en términos de riqueza, nuestra calidad de vida es mayor que la de otros tantos países", dice Karina Cavalli, terapeuta bioenergética.

Y agrega: "En general, tendemos a confundir nivel de vida con calidad de vida y felicidad. La calidad de vida nos habla de cuánto disfrutamos lo que tenemos, mientras el nivel de vida nos habla de cantidad de dinero y bienes materiales. Con lo cual, más allá de indicadores como corrupción y nivel de ingresos, este índice mide cuestiones como la libertad para elegir y la calidad de nuestros vínculos".

Pero ¿qué es la felicidad? Cavalli afirma que "no es un capricho, algo que se nos ocurre que queremos conseguir por tercos, sino que de esto depende la salud, la vitalidad y el entorno que construimos y generamos".

Además, agrega que se puede ser feliz más allá del momento o situación que toque vivir, tanto a nivel país como personal, principalmente porque la felicidad depende de cada uno.

"La felicidad es algo que puede aprenderse y que, al igual que una mesa tradicional, se sostiene sobre cuatro pilares: Saber-Decir-Hacer-Trascender", señala.

Por otra parte, María Noel Lucano, licenciada en psicología (M. N. 34260), agrega: "Ante la pregunta sobre qué significa ser feliz, yo contesto que no hay una única concepción de la felicidad, es un término subjetivo. La felicidad significa poder alcanzar lo que a cada uno le genera bienestar y placer, un estado en el que cada uno puede estar mental, física y emocionalmente sano, donde tenga cubiertas las necesidades básicas".

¿LOS GENES INFLUYEN? Ahora bien, ¿cómo impacta en cada persona un hábitat familiar de infelicidad? "La genética tiene un papel importante en nuestra felicidad, pero no definitivo", afirma Cavalli.

Un estudio llamado la "Arquitectura de la felicidad", llevado a cabo por Sonja Lybomirsky, psicóloga y profesora de la Universidad de California, afirma que el 50% de la felicidad depende de factores genéticos.

"Si sólo nos quedáramos con esto, estaríamos condenados por nuestros genes a ser tan felices o infelices como nuestros antepasados", explica la experta. "Sin embargo, otra parte del mismo estudio concluye que el 40% de nuestra felicidad depende de nuestros actos y el 10% de las circunstancias de vida".

SOLA & FELIZ. Felicidad… ¿de a dos? Es habitual relacionar el sentimiento de plenitud con el estado amoroso. Y, como contrapartida, cuando sucede una ruptura aparece la infelicidad.

"Las relaciones de pareja son vínculos complementarios y como tales siento que me completan. Cuando este vínculo se rompe no sólo se termina una pareja sino que siento que una parte mía muere, se va con él o ella. Cuántas más cosas haya depositado en ese otro, mayor será la sensación de muerte", apunta Cavalli.  "La clave está en trabajar dentro del vínculo para dejar de ser mitades y ser dos enteros que se vinculan para compartir la vida y no para 'ser llenados' o 'completados'", dice la experta.

Entonces, ¿se puede ser feliz sin estar en pareja? "Por supuesto que sí", responde la terapeuta, y agrega: "Sin embargo, una de las características de los seres humanos es el instinto gregario, estamos diseñados para sobrevivir en manada. Si bien no es imprescindible una relación de pareja para ser feliz, sí son muy importantes los vínculos para tener vidas felices y plenas".

ATENCIÓN PLENA. Florencia Gurruchaga, instructora de mindfulness, afirma que "está demostrado que una mente que divaga es una mente infeliz", por lo que es tan importante la práctica de la "atención plena". "Prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar, es una capacidad que puede entrenarse", afirma.

La experta propone realizar una pausa consciente varias veces a lo largo del día, siguiendo estos tres sencillos pasos y utilizando la respiración como punto de anclaje del momento presente:

Tomá asiento en un lugar cómodo y explorá tus sensaciones corporales: el tacto del respaldo del asiento o la sensación de los pies en contacto con el suelo.

Respirá normalmente y sentí el flujo de aire entrando y saliendo del cuerpo con cada inhalación y con cada exhalación.

xPercibí las sensaciones de la respiración extendiéndose por todo tu cuerpo.

REDISEÑAR EMOCIONES. ¿Entonces sí podemos ser felices a pesar de la crisis? "No podemos elegir nuestras circunstancias, pero sí cómo respondemos frente a ellas, y es en este espacio en el que ejercemos nuestro libre albedrío", apunta Cavalli.

Y agrega: "Si bien no hay una fórmula única, hay muchas cosas que podemos hacer para ser más felices a pesar de las crisis o, mejor dicho, con crisis y todo. Aprender a gestionar y rediseñar las emociones que nos hacen daño, construir vínculos de afecto sanos y sólidos y hacer en nuestras agendas diarias un espacio para incluir lo que yo llamo 'momentos pura vida': son instantes para dedicar a actividades que generen bienestar, vivir con propósito, expresar dones y talentos y compartir con otros.Las crisis son cíclicas y ésta no es la primera ni será la última. ¿Vas a dejar que tu felicidad vaya al compás de la música de afuera o vas a crear tu propia música?".

Texto: Fabiana Polinelli. Foto Latinstock