
En El Salvador, cerca del 66% de la población adulta enfrenta algún tipo de enfermedad crónica, según datos de especialistas de la salud citados por las autoridades gubernamentales.
Este porcentaje posiciona a las patologías crónicas como una de las principales causas de mortalidad, impactando tanto la calidad de vida individual como la capacidad productiva de la población adulta en el país.
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La prevalencia elevada de estas enfermedades ha generado efectos directos sobre la demanda de servicios de salud, con un incremento tanto en las consultas ambulatorias como en las hospitalizaciones.
Estas afecciones, por su evolución silenciosa y prolongada, contribuyen de forma significativa a la pérdida de años de vida útil y a la aparición de complicaciones graves que pueden limitar la autonomía de quienes las padecen.
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Según cifras oficiales, tres millones de adultos salvadoreños se ven actualmente afectados por alguna enfermedad crónica, sobre un total de cuatro millones de adultos registrados a nivel nacional.
El incremento de casos en las últimas décadas ha consolidado la relevancia de estas patologías tanto en la incidencia de enfermedades como en las estadísticas de mortalidad nacional, según consigna el Plan estratégico intersectorial para el abordaje integral de la enfermedad renal crónica en El Salvador 2024-2028.
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El abordaje temprano permite a los equipos sanitarios un control más efectivo de los síntomas, aunque no existe un tratamiento curativo para la gran mayoría de los casos.
Qué son las enfermedades crónicas y por qué preocupan en El Salvador
Las enfermedades crónicas representan un grupo de condiciones no transmisibles caracterizadas por una evolución prolongada y generalmente lenta.
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En su mayoría, carecen de una cura definitiva y requieren seguimiento médico sostenido para el control de los síntomas y la prevención de complicaciones asociadas.
El desarrollo de estas patologías suele estar asociado a factores de riesgo como el envejecimiento, los hábitos de vida y los antecedentes familiares, influyendo en la presentación y el desenlace clínico en la población adulta.
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Principales enfermedades crónicas y su impacto documentado
A nivel nacional, la lista de enfermedades crónicas con mayor impacto incluye la cardiopatía isquémica, seguido por la enfermedad renal crónica (ERC) y la diabetes mellitus. Cada una de estas condiciones genera una carga significativa de morbilidad y mortalidad, tanto por la naturaleza progresiva de su evolución como por las secuelas y complicaciones que pueden desencadenar.
En el caso de la cardiopatía isquémica, si bien no existen cifras exactas y públicas sobre la prevalencia, se ha documentado que es la principal causa de muerte por enfermedad en el país, responsable de más de 5,800 fallecimientos anuales.
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Esa cifra, recogida por World Life Expectancy con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), equivale al 17% de todas las muertes notificadas en territorio nacional.

El Ministerio de Salud reportó en 2025 un total de 52,102 personas diagnosticadas con enfermedad renal crónica en El Salvador, la mayoría en etapas avanzadas del proceso patológico.
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La hipertensión arterial afecta a más de 1.4 millones de adultos salvadoreños. Según registros de 2024, el 35 al 40% de la población adulta presenta hipertensión o una condición prehipertensiva. Del total de personas que viven con hipertensión, el 74.5% ya ha recibido un diagnóstico médico, aunque permanecer en control adecuado constituye todavía un desafío relevante para el sistema de salud.
Por su parte, la Asociación Salvadoreña de Diabetes (ASADI) estimó en 2024 que aproximadamente 1.2 millones de personas viven con diabetes en el país, constituyéndose en otra de las afecciones más prevalentes y de evolución potencialmente crónica.
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Mortalidad por enfermedades crónicas: diferencias por sexo y relevancia epidemiológica
Los datos publicados por la OMS y actualizados hasta 2021 reflejan la magnitud del impacto de las enfermedades crónicas sobre la mortalidad nacional. En mujeres, la cardiopatía isquémica generó 76.5 fallecimientos por cada 100, 000 habitantes, posicionándose como la segunda causa de muerte después de la COVID-19. Destacan también la enfermedad renal crónica con 47.6 muertes por cada 100,000 y la diabetes mellitus con una tasa de 41 por cada 100,000 habitantes en población femenina.
En la población masculina, los datos se presentan de forma similar, la cardiopatía isquémica ocupó el tercer lugar en frecuencia, con una tasa de 90.2 muertes por cada 100,000 habitantes. La enfermedad renal crónica se ubicó en el cuarto puesto con 74.1 fallecimientos por cada 100,000 mientras la diabetes mellitus se asoció a 30.1 muertes, también por cada 100,000 hombres.
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