La buena oratoria puede aplicarse en todos los aspectos de la vida, laboral, social y familiar
La buena oratoria puede aplicarse en todos los aspectos de la vida, laboral, social y familiar

¿Cuántas veces armamos y desarmamos en la cabeza un diálogo tratando de que suene bien y sea efectivo? ¿Cómo no estar incómodas cuando queremos pedirle a un jefe aumento de sueldo o decirle a nuestra pareja que necesitamos ajustar algunas cuestiones de la relación para que todo fluya mejor? ¿Y cuántas veces buscamos en un diccionario imaginario las palabras correctas para no herir susceptibilidades?

Miles de veces fuimos esclavas de nuestras palabras. O tal vez del tono. El arte de hablar, la oratoria, puede ayudarnos a sentirnos más cómodas ante ciertas situaciones cotidianas, dándonos herramientas, estrategias y confianza para construir un buen discurso, no para grandes públicos, sino para nuestras relaciones más cercanas, las de todos los días.

HERRAMIENTAS. "Saber que hay herramientas, y reconocerlas, ayuda a acercar vínculos. Pensar cómo se dicen las cosas y que hay distintas formas de decirlas ya está bueno. Siempre hay alguien a quien le dirigimos el discurso y la oratoria te lleva a pensar en el otro que escucha", explica Cecilia Cavallo, licenciada en fonoaudiología de INECO.

Agrega que "en situaciones de uno a uno, informales, que generan incomodidades en el decir, existen herramientas para lograr una comunicación más eficiente y que el mensaje sea bien tomado. Es decir, la cuestión polite, pero también la efectividad". Sencillez, foco, orden y honestidad son claves para pensar en un buen mensaje.

Así lo describe Rosario Matas, psicóloga del Hospital de Clínicas: "El contenido en sí es muy delicado porque cada uno va a ir entendiendo desde donde puede, por eso es importante elegir bien las palabras para que el otro entienda lo mejor posible. Incluso la cantidad de palabras es importante. Si uno pudiera ser directo habría menos malentendidos, que aparecen justamente cuando hay palabras de más. Incluso el tono es difícil de manejar porque siempre estamos atravesados por emociones".

El plan de ruta es la clave de la oratoria
El plan de ruta es la clave de la oratoria

CÓMO SE HACE. Cavallo nos explica cuál es el quid de la cuestión: "Lo que uno más tiene que practicar no es tanto el contenido del mensaje sino el plan de ruta, porque mantener un foco claro facilita el desarrollo y llegar a la conclusión. Es decir que haya una sucesión en las ideas, un orden, y para esto son muy útiles los conectores".

Además, es importante el tono. "Salir de la monotonía es fundamental. No todo lo que decimos tiene el mismo grado de importancia y la gente tiene que darse cuenta", afirma. Matas agrega otros tips a tener en cuenta: "Lo importante es buscar la sencillez, no abordar mucho y no enrocarse para decir lo que queremos. Al dar tantas vueltas se pierde la naturalidad. A veces viene mejor hacer pausas, tomar aire, hacer silencios y después retomar. No llenar los espacios con tal de que el otro no nos interrumpa".

Fernando Zan es psiquiatra, jefe del Servicio de Salud Mental Pediátrica del Hospital Alemán, y propone la honestidad como base de toda charla: "Evitar todo tipo de manipulación y chantaje emocional, no apelar al miedo, ni a amenazas de abandono o represalias es fundamental".

Además, dejar de lado culpas, celos y comparaciones. "Éstas son tácticas de corto plazo, pero en el largo plazo no fomentan vínculos verdaderos; por el contrario, los deterioran". Según Cavallo, hay técnicas que son entrenables, como la voz, el tono, la velocidad, la melodía, la postura del cuerpo, la gestualidad. Y todos, con mayor o menor facilidad, podemos aprenderlas con perseverancia y práctica.

EN CASA, EN LA OFICINA Y CON AMIGOS. Según la licenciada Matas, en los vínculos de pareja el diálogo pone en juego todo porque es una relación de pares.

"Es donde más nos vamos a equivocar y está bueno saberlo para poder prevenir. Tiene que ver con lo que es uno, con las vivencias y con lo que uno espera del otro. Son automáticos el enojo y la ira cuando algo no nos gusta. El cerebro muchas veces no tiene tiempo de armar un discurso más racional y rápidamente nos absorbe el impulso, la bronca o el dolor". En este punto Zan agrega que: "Si se plantea en términos de lucha, donde uno gana y otro pierde, aparece el conflicto".

"En cambio, si se habla de tener una relación de consensos, uno pasa de la competencia a la colaboración y las necesidades básicas de cada uno son tenidas en cuenta y respetadas". A esto se llega, explica, siendo coherentes entre la forma y el contenido.

¿Y con la familia? Zan explica: "Entre hermanos, por ejemplo, conviene manifestar las cosas de manera directa sin dar demasiadas vueltas, sin disfrazar los sentimientos, pero teniendo en cuenta las características del otro. Es un equilibrio entre las dos partes. Una buena idea es hablar de cómo me siento yo, qué le pasa al otro, qué necesito y tratar de entender cuáles son las necesidades de los demás".

En cambio, en el ámbito del trabajo es distinto: "No es un vínculo genuino, sino laboral donde el objetivo no está puesto en el otro (el jefe, en este caso) y el vínculo es un medio para lograr otras cosas. Pedirle al jefe de manera respetuosa, directa y sincera es una buena forma, porque tratar de dorarle la píldora al jefe, dar vueltas para vender una idea o hacer un marketing exagerado no funciona en el largo plazo", advierte Zan. Reflexionar sobre qué queremos decir y cómo hacerlo es clave antes de expresar con palabras lo que sentimos.

Texto CAROLINA KORUK – Foto LATINSTOCK

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