Autoridades de salud fortalecen la capacitación de las parteras empíricas en Panamá

Parteras indígenas están organizadas para custodiar plantas medicinales, rituales de parto y prácticas de atención humanizada

Integración de los conocimientos tradicionales busca mejorar la calidad de la atención durante el embarazo y el puerperio, abordando tanto aspectos técnicos como culturales. (Bernardino Freire)
Integración de los conocimientos tradicionales busca mejorar la calidad de la atención durante el embarazo y el puerperio, abordando tanto aspectos técnicos como culturales. (Bernardino Freire)
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El trabajo con parteras empíricas se ha consolidado en Panamá como una pieza fundamental del sistema de salud en zonas de difícil acceso.

Durante más de dos décadas, el Ministerio de Salud (Minsa) ha impulsado iniciativas para integrar sus saberes en la atención primaria, con énfasis en la interculturalidad y la eliminación de barreras para las comunidades rurales y comarcales.

La estrategia incluye capacitaciones periódicas que reconocen y valoran el rol de las parteras tradicionales en la protección materno-infantil.

El ministro de Salud, Fernando Boyd Galindo, participó en una de estas jornadas, donde se destacó la relevancia de su aporte para fortalecer los servicios y el bienestar de madres y recién nacidos en regiones apartadas.

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Para responder a la pregunta sobre el alcance de este modelo, puede afirmarse que el Ministerio de Salud de Panamá sostiene un programa institucionalizado de formación y apoyo a parteras empíricas, respaldado por la entrega de materiales, supervisión continua y la colaboración de organismos internacionales.

Una mujer coloca sus manos sobre el abdomen de una mujer embarazada acostada junto a plantas en una choza de madera.
Una partera empírica examina el vientre de una mujer embarazada rodeada de plantas medicinales en una vivienda rural de Panamá. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La integración de estos conocimientos tradicionales busca mejorar la calidad de la atención durante el embarazo y el puerperio, abordando tanto aspectos técnicos como culturales.

La directora general de Salud Pública, Yelkys Gil, explicó que las acciones del Minsa incluyen no solo la capacitación y provisión de insumos, sino también la supervisión y la referencia de casos al sistema de salud formal.

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Estas actividades cuentan con el respaldo de entidades como el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), lo que refuerza la articulación entre métodos ancestrales y recursos médicos contemporáneos.

Desde 1994, el Manual de la Partera Panameña sirve como base normativa y pedagógica para la formación de parteras en el país.

Este documento recoge la experiencia acumulada de las trabajadoras de la salud y ha sido clave para institucionalizar los procesos de capacitación y los lineamientos del parto con enfoque culturalmente aceptado.

Fernando Boyd Galindo, ministro de Salud, participó en una de las jornadas donde se destacó la relevancia por fortalecer los servicios y el bienestar de madres y recién nacidos en regiones apartadas. (Minsa)
Fernando Boyd Galindo, ministro de Salud, participó en una de las jornadas donde se destacó la relevancia por fortalecer los servicios y el bienestar de madres y recién nacidos en regiones apartadas. (Minsa)

El reciente Taller de Formación de Facilitadores de Diálogos de Saberes, mencionado por Gil, marca un paso inicial hacia el fortalecimiento de la red primaria de salud.

El objetivo declarado es avanzar en una hoja de ruta que garantice atención de calidad, sin barreras y basada en el trabajo conjunto entre la medicina oficial y el conocimiento tradicional.

La presencia de la representante de la OPS en Panamá, Liliane Renau, en la actividad, subraya el respaldo internacional a este modelo de articulación y mejora de la atención materna en áreas rurales.

Las parteras empíricas y tradicionales en Panamá ocupan hoy un lugar estratégico en la intersección entre los sistemas de salud institucionales y los saberes ancestrales de los pueblos indígenas, en un país que enfrenta importantes brechas en mortalidad materna y neonatal, particularmente en las comarcas y territorios de difícil acceso.

En los últimos años se observa un proceso acelerado de reconocimiento y articulación de estas parteras con el Ministerio de Salud, la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS), el Banco Mundial y diversas organizaciones comunitarias, que se traduce en la elaboración de manuales nacionales de capacitación, encuentros nacionales, talleres interculturales y el despliegue de herramientas como la Herramienta de Promoción del Parto Culturalmente Seguro, aplicadas por primera vez en el país.

Una mujer indígena toca el vientre de una mujer embarazada recostada sobre una cama en una choza de madera.
Una partera examina el vientre de una mujer embarazada en una choza de madera en Panamá. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Al mismo tiempo, iniciativas comunitarias como la Asociación Ngäbe de Agentes de Salud Tradicional y Natural (Asastran) muestran cómo las parteras indígenas se organizan para custodiar plantas medicinales, rituales de parto y prácticas de atención humanizada, en contextos donde su rol es, a menudo, la única opción real de atención materna en comunidades remotas.

Sin embargo, estos avances coexisten con profundas desigualdades, pues las mujeres indígenas tienen hasta seis veces más probabilidad de morir en el parto que las mujeres no indígenas, lo que evidencia que el fortalecimiento de las parteras empíricas no puede desligarse de debates sobre racismo estructural, acceso territorial, financiamiento y transformación del propio modelo de atención obstétrica.

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