Ante el terror y el antisemitismo, volvimos a bailar

No lo lograron: volvimos a formar familias, a creer, a festejar. Hasta estamos más unidos que antes: la Diáspora e Israel se acercaron desde el 7 de octubre de 2023

Una mujer coloca una mano sobre un cartel con fotos de las víctimas en el lugar donde se celebró el festival de música Nova, en el que varios asistentes fueron asesinados y secuestrados durante el mortal ataque perpetrado por Hamás el 7 de octubre de 2023, en el tercer aniversario del ataque, cerca de Reim, en el sur de Israel (REUTERS/Ronen Zvulun)
Una mujer coloca una mano sobre un cartel con fotos de las víctimas en el lugar donde se celebró el festival de música Nova, en el que varios asistentes fueron asesinados y secuestrados durante el mortal ataque perpetrado por Hamás el 7 de octubre de 2023, en el tercer aniversario del ataque, cerca de Reim, en el sur de Israel (REUTERS/Ronen Zvulun)
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Pasaron más de tres años desde que Hamás lanzó su devastador ataque terrorista sobre Israel que generó consecuencias políticas, culturales y, sobre todo, emocionales todavía no resueltas.

Días atrás, Omri Kochavi nos hizo derramar algunas lágrimas, pero más de alegría que de tristeza, en un evento de homenaje al festival Nova, donde 360 jóvenes fueron masacrados mientras bailaban… por la paz.

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Omri, que se había casado un mes antes del 7 de octubre y ese día se encontraba bailando con su flamante esposa mientras los primeros misiles comenzaron a caer sobre ellos, contó que ya formó una familia. Y que Nova no solo se trata de recordar con dolor, sino de dejarse llevar por la música para recuperar la esperanza. Es la única forma de derrotar al terrorismo, sentenció y todos lo aplaudimos.

Una mujer visita el lugar donde se celebró el festival de música Nova (REUTERS/Ronen Zvulun)
Una mujer visita el lugar donde se celebró el festival de música Nova (REUTERS/Ronen Zvulun)

Un mes después de aquel ataque escribí en Infobae un artículo que concluía así: “Salimos una y otra vez de la esclavitud y esta vez no será una excepción. El terror no vencerá. No lo podemos permitir. Yo, en particular, tampoco lo puedo tolerar, porque quiero que mi hijo crezca en paz en este hermoso país que hace más de un siglo recibió a su bisabuelo que escapó de la intolerancia y el odio. Y cuidar a Israel, combatir el antisemitismo, también es protegerlo a él. No cuenten conmigo para tener miedo”.

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Aquel texto era una desordenada combinación de catarsis, temor, angustia e impotencia, pero también un llamado a la acción y a la resistencia pacífica. Fue un conjunto de palabras que traté de hilar para transmitir que lo peor que podíamos hacer era escondernos.

Ilustración de varias personas que forman un círculo y sostienen una cinta de luz, con notas musicales y trazos de colores en el fondo.
"Cada nueva agresión será respondida con firmeza, pero también con la confianza que nos mantiene de pie desde hace miles de años. Por esa razón, una y otra vez, siempre volveremos a bailar", expresó el autor de la columna de opinión (Imagen Ilustrativa Infobae)

Y después de aquella cacería de civiles israelíes en 2023 ocurrió lo impensado, para mal. Los atentados y la retórica antisemita se multiplicaron con creces en numerosas ciudades de Occidente donde, hasta entonces, vivir como judío mezclado con el resto de la sociedad era un hecho natural. Algunos casos, como el de los ataques antisemitas en Nueva York, donde se concentra la mayor cantidad de judíos fuera de Israel, eran difíciles de comprender, sobre todo en una metrópolis desgarrada desde el ataque a las Torres Gemelas en septiembre de 2001.

Las imágenes de ataques se expandieron por Toronto, Londres, París, Madrid y Chicago, entre muchos otros centros urbanos. En la Argentina, las manifestaciones supuestamente “antisionistas” fueron protagonizadas por grupos minoritarios de izquierda, marginales en términos político-electorales. La Justicia y el Gobierno dieron señales contundentes en contra de esta tendencia, pero, aun así, la DAIA reveló en su informe anual de antisemitismo que mientras en 2024 se registraron 687 denuncias, un año después el número creció a 713 casos, con un promedio de dos por día. En particular, la violencia saltó al 38%, traduciéndose en casi una agresión semanal en la vía pública.

Los atentados y la retórica antisemita se multiplicaron con creces en numerosas ciudades de Occidente luego del ataque de Hamás en octubre de 2023 (REUTERS/Nir Elias)
Los atentados y la retórica antisemita se multiplicaron con creces en numerosas ciudades de Occidente luego del ataque de Hamás en octubre de 2023 (REUTERS/Nir Elias)

Muchos sectores buscaron vincular la buena relación del presidente Javier Milei con Israel en general y con el gobierno de Benjamín Netanyahu en particular como la principal causa de este fenómeno. “No nos involucren en un conflicto en el que no participamos”, repiten una y otra vez quienes intentan fundamentar este argumento.

Estos “analistas” confunden el pretexto con la causa real. El prejuicio antisemita siempre encuentra una coyuntura política para justificarse, con gobiernos de todo signo político, pero el terrorismo fundamentalista no se rige por los alineamientos del presente. La historia local demuestra que ya estábamos aturdidos por las 115 muertes provocadas por las bombas en la embajada de Israel y en la AMIA. Sobre todo, por la impotencia de no saber, más de 30 años después, quiénes fueron efectivamente los culpables de esos atentados.

Parecen olvidar también que en aquel momento el primer ministro israelí era Isaac Rabin, quien, lejos de buscar una mayor confrontación con los palestinos y con la legitimidad de su orgulloso pasado militar, firmó los acuerdos de Oslo para acercarse un paso más hacia la paz.

A pesar de estos preocupantes números de antisemitismo en el país, hay razones para conservar cierto optimismo. Cada día festivo judío es posible ver cómo los judíos más tradicionalistas caminan por las calles de Belgrano, Palermo, Once o Flores sin ser acosados por las turbas tan comunes estos días en varias ciudades del mundo “desarrollado”. Así lo pude comprobar cuando familias enteras salían de las sinagogas semanas atrás en la hermosa fiesta de Simjá Torá, la fiesta en la que bailamos con los rollos del texto más sagrado del judaísmo, como lo hicimos después del Holocausto y de cada una de las persecuciones a nuestro pueblo. Esa libertad cotidiana es un triunfo de nuestra convivencia.

Claro que queda mucho por hacer, entre otras cosas, no resignarse a que muros de cemento tengan que proteger a los templos y colegios hebreos en Argentina por temor a otro coche bomba. ¿Las claves?: seguir apostando al diálogo, que entre otros logros permitió un ejemplar vínculo interreligioso entre los líderes de las principales religiones del país. Y saber que cada nueva agresión será respondida con firmeza, pero también con la confianza que nos mantiene de pie desde hace miles de años. Por esa razón, una y otra vez, siempre volveremos a bailar.