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Desarrollo minero: ¿desconocimiento o algo peor?

Discutir el tema exige algo más que consignas o prevenciones ideológicas: requiere atender su potencial en materia de exportaciones, empleo, infraestructura y dinamización regional, así como el costo que supone seguir postergándolo

Mina Alumbrera, en Catamarca, sería el primer proyecto en producir cobre en la Argentina (Foto: Reuters)
Mina Alumbrera, en Catamarca, sería el primer proyecto en producir cobre en la Argentina (Foto: Reuters)
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El Grupo Sarmiento advirtió, en soledad y a comienzos de este año en este medio, que Mina Alumbrera, en Catamarca, sería el primer proyecto en producir cobre en la Argentina. También anticipó que el cobre, dentro de la minería, ocupa un lugar equivalente al de la soja frente a otros cultivos, y que existen otros ocho proyectos en distintas etapas, desde la exploración avanzada hasta la prefactibilidad.

Pero vale la pena detenerse en el que comenzaría a operar en 2027. Se trata de un proyecto que representaría un cuarto de la producción de Pachón, Josemaría o Taca Taca, y un tercio de Agua Rica o Los Azules. Con un RIGI aprobado de USD 250 millones, produciría unas 85.000 toneladas de cobre fino por año, generaría más de 2.000 puestos de trabajo directos e indirectos y tendría, en principio, operación hasta 2037. Además, volvería a utilizar un mineraloducto de 320 kilómetros hasta Tucumán y, desde allí, recorrería otros 900 kilómetros hasta el puerto de Rosario. ¿La logística y el transporte no cuentan también como aportes a la economía argentina?

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Este proyecto mediano de cobre, a los precios actuales del metal, proyecta ingresos anuales por USD 1.200 millones en exportaciones. Un estudio reciente de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) concluye que por cada dólar de Producto Bruto Interno (PBI) generado por la minería se crean cerca de 80 centavos adicionales en el resto de la economía. En otras palabras, el impacto total de la minería equivale a 1,8 veces su PBI directo. En ese marco, Mina Alumbrera aportaría cada año unos USD 2.160 millones a la economía argentina.

Por cada dólar de Producto Bruto Interno (PBI) generado por la minería se crean cerca de 80 centavos adicionales en el resto de la economía (Cochilco)

Ese cálculo coincide, a grandes rasgos, con el informe sobre el impacto económico y social de la minería del oro en San Juan, reflejado en un trabajo que analizó los primeros diez años desde el inicio de la mina Veladero, en mayo de 2005.

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Medidos como participación en el PBG sanjuanino, los resultados son elocuentes: el efecto de demanda intermedia suma 4,4%; el efecto construcción, 2,6%; y el efecto consumo, 3,2%. En conjunto, los tres efectos indirectos totalizan 10,2%, por encima de la participación del sector “Minas y Canteras”, que fue de 7,8%. El estudio determinó un aporte total -directo e indirecto- del 18% del PBG en 2015. Y eso ocurrió en un año en que los precios internacionales de los metales estaban por debajo de los de períodos anteriores, en un contexto macroeconómico adverso y muy lejos del valor actual de la onza de oro.

Aisa group minería san juan gualcamayo
En 2015 el efecto de demanda intermedia sumó 4,4%; el efecto construcción, 2,6%; y el efecto consumo, 3,2%, en el PBI Geográfico de San Juan (Foto: AISA Group)

Estamos ante la posibilidad de una verdadera revolución económica en un país donde, históricamente, solo funcionó a pleno el mono-sector de la pampa húmeda. La Argentina cordillerana puede aportar otro tanto, y hacerlo sin subsidios, sin protecciones, sin cierres de la economía, sin precios regulados y sin otras “maravillas” que marcaron nuestra decadencia y nuestro estancamiento.

¿Qué les pasa a ciertos dirigentes políticos y a algunos periodistas que insisten en relativizar la posibilidad de desarrollar nuestra riqueza mineral? ¿Otra vez vamos a buscar votos o audiencias a costa de la verdad, aun cuando eso implique dañar las expectativas de miles de familias atrapadas en la desocupación y la pobreza?

Chile nos da, en minería, una lección comparable a la que nosotros podríamos dar en agricultura

Chile nos da, en minería, una lección comparable a la que nosotros podríamos dar en agricultura. En medio del desierto de Atacama opera la mina de cobre más grande del mundo: La Escondida, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar y a apenas 90 kilómetros del límite con la Argentina. Empezó a funcionar hace 35 años y proyecta otros 60 años de producción.

Antes de su puesta en marcha, el aeropuerto Cerro Moreno, de Antofagasta, recibía cuatro vuelos diarios; hoy recibe 30. Además, 1.400 mujeres trabajan en la operación: representan el 44% de la fuerza laboral directa de la empresa y ocupan el 50% de los cargos ejecutivos. ¿De verdad no nos dice nada la posibilidad de multiplicar por cinco los tres o cuatro vuelos diarios con los que hoy cuenta San Juan?

Obras de infraestructura

Podríamos seguir hablando de las obras de infraestructura vial necesarias para acceder a los proyectos, de las demandas energéticas, de los sistemas de transporte de concentrados hasta los puertos y de todas las inversiones previas necesarias para poner en marcha la producción. El RIGI funciona como puente hacia esas inversiones gigantescas, porque venimos de un Estado nacional quebrado, incapaz siquiera de mejorar mínimamente una red vial que parece heredada de una Argentina de posguerra. Todo está por hacerse.

Por eso sorprende la ligereza de quienes creen que estos desafíos requieren un tiempo comparable al que media entre una siembra y una cosecha.

Enorme poder de compra que se genera en una provincia cuando los trabajadores perciben uno de los dos mejores salarios del país (Foto: Reuters)
Enorme poder de compra que se genera en una provincia cuando los trabajadores perciben uno de los dos mejores salarios del país (Foto: Reuters)

También podría hablarse del enorme poder de compra que se genera en una provincia cuando los trabajadores perciben uno de los dos mejores salarios del país; del impacto directo de ese ingreso sobre el comercio; del acceso de esas familias a la mejor obra social; del impulso que reciben la construcción y los servicios por la demanda habitacional; de la infraestructura turística que podría desarrollarse, hoy casi inexistente, en lugares icónicos como el Parque Provincial Ischigualasto, declarado Patrimonio de la Humanidad; de la reinversión de utilidades de proveedores que expandirían producciones agrícolas e industriales; del enorme costo operativo de producir concentrados; y de los impuestos y regalías extraordinarias que se generan cuando los precios internacionales son altos.

Desde la comodidad de ingresos personales seguramente muy merecidos, algunos opinan con llamativa indiferencia frente al padecimiento humano, con una Argentina que parece no dolerles, “culturalmente satisfechos”, como diría John Kenneth Galbraith. Desde ese lugar hablan con pretensiones de autoridad y recogen aplausos fáciles. Omiten, sin embargo, un dato central: cuando tuvieron responsabilidades de gestión, no hicieron nada para aprovechar la enorme riqueza geológica que ofrece nuestro territorio.

Es como si recién ahora hubieran despertado. Pero eso no les da derecho a decir cualquier cosa ni a ignorar todo lo que puede generar la llegada de grandes inversiones. La pregunta, entonces, sigue en pie: ¿lo hacen por desconocimiento o se trata de algo peor?

El autor es Ex Subsecretario de Minería de la Nación Ex Diputado Nacional y Provincial