
Los terremotos no están aumentando porque la Tierra haya decidido volverse más activa. Los registros del Servicio Geológico de Estados Unidos muestran que el número de terremotos de magnitud 7 o superior presenta variaciones importantes de un año a otro, pero lo históricamente esperado son alrededor de 16 eventos de esa magnitud por año. Lo que sí está cambiando, y a una velocidad mucho mayor, es el mundo que construimos sobre ella.
El 24 de junio de 2026, dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 golpearon Venezuela; el 17 de julio, un sismo de magnitud 7,3 afectó a México; y el 10 de agosto, Colombia sufrió un terremoto de magnitud 7,4, con importantes daños y pérdida de vidas.
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¿Estamos preparados para absorber financieramente el próximo gran terremoto como país, como empresa y como familia? El riesgo no depende únicamente de la magnitud del terremoto. Depende de dónde ocurre, a qué profundidad, qué tipo de suelo encuentra, cómo están construidas las edificaciones, cuánta población está expuesta y cuánto valor económico existe en la zona afectada.

En las últimas décadas hemos construido ciudades más grandes, más densas y más interconectadas. Un terremoto puede destruir fábricas, centros comerciales, hospitales, puertos y aeropuertos, carreteras y puentes, redes eléctricas, telecomunicaciones, centros de datos, cadenas logísticas, pequeñas y medianas empresas, viviendas y comercios. Y una interrupción relativamente pequeña en un punto crítico puede generar pérdidas mucho mayores que el daño físico inicial.
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La brecha de protección sigue siendo muy grande
Según la información de los reaseguradores más grandes del mundo, en 2023 las catástrofes naturales produjeron pérdidas económicas de aproximadamente USD 280.000 millones, de las cuales solo USD 108.000 millones estaban aseguradas. Es decir, apenas el 38% estaba cubierto por seguros.
El caso del terremoto de Turquía y Siria es todavía más contundente: el evento generó alrededor de USD 58.000 millones en pérdidas económicas, pero las pérdidas aseguradas fueron de aproximadamente USD 6.200 millones. Cerca del 90% de los daños no estaban asegurados.
Ya en 2025, el terremoto de Myanmar del 28 de marzo, de magnitud 7,7, produjo pérdidas económicas estimadas en aproximadamente USD 11.000 millones solo en ese país, mientras que las pérdidas aseguradas apenas superaron los USD 200 millones. Es decir, alrededor del 98% de las pérdidas económicas no estaban aseguradas.
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Perú no es diferente, el nivel de aseguramiento es muy bajo, empezando por la infraestructura publica y los bienes del estado hasta las viviendas familiares, lo cual nos deja muy lejos de un país resiliente ante catástrofes.
Esto no significa que el seguro haya fallado. Significa algo diferente y más profundo: millones de personas y empresas simplemente no contaban con suficiente transferencia de riesgo, y los gobiernos de turno terminan asumiendo los impactos directamente.
El seguro tradicional de terremoto funciona bajo un principio indemnizatorio: ocurre el evento, se evalúa el daño, se aplica la póliza, se considera el deducible y se determina la indemnización lo cual por naturaleza del proceso lleva un tiempo para la indemnización.
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Otra opción muy interesante son los seguros paramétricos, que pagan cuando un terremoto alcanza o supera una determinada intensidad de movimiento del suelo en una ubicación definida. A diferencia del seguro tradicional, el pago se basa en el parámetro previamente acordado.
Ambas opciones pueden operar de manera independiente o complementaria, ya que el seguro tradicional responde a la pérdida indemnizable y el paramétrico responde a la ocurrencia de un evento definido mediante parámetros objetivos. Por eso pueden complementarse extraordinariamente bien: tras un terremoto, una empresa puede necesitar dinero de inmediato para trasladar operaciones, alquilar instalaciones temporales, contratar maquinaria, recuperar sistemas informáticos, transportar inventarios, pagar a sus trabajadores, reparar infraestructura crítica, atender a sus clientes, cubrir gastos extraordinarios y mantener en funcionamiento la cadena de suministro.
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Igualmente, el gobierno central, los gobiernos regionales o municipales pueden optar por una cobertura paramétrica para afrontar los costos ante un evento de terremoto como también apoyar con la indemnización la reconstrucción. En estos casos, el seguro paramétrico indemniza en plazos mucho más cortos que el seguro tradicional. La velocidad del capital puede ser tan importante como el monto final de la indemnización.

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