
Durante más de un siglo, Argentina y Uruguay discutieron sobre muchos temas: el tango, la mejor carne, Gardel, el dulce de leche y —la más actual de todas— cuántas estrellas corresponde bordar en el escudo uruguayo. Uno de los autores afirma que son cuatro; el otro, que para la FIFA sólo son dos.
Como no vamos a resolver acá ninguna de esas discusiones, nos quedamos con una pregunta menos romántica, pero bastante más incómoda para cualquier futbolista: quién se queda con parte del premio.
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Faltan horas para que ruede la pelota en el Mundial de Estados Unidos, Canadá y México, y nuestros equipos llegan, al menos en la previa, con argumentos para ilusionarse —mufa debidamente anulada—. Si alguna selección del Río de la Plata levanta la Copa, detrás del festejo, silencioso y puntual, hay otro jugador que pedirá cancha: el fisco.
Como asociaciones civiles deportivas sin fines de lucro, la AFA y la AUF poseen un tratamiento fiscal favorable
Esta nota la escribimos desde las dos orillas, con una tregua que sólo el fútbol —o el fisco— podía imponer. Todavía nos reímos, cada uno por su lado, de aquel Mundial 2022 en el que algunos festejaron goles ajenos con fervor sospechoso, hasta que la pelota terminó donde terminó. El fútbol, como el fisco, tiene memoria.
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Adónde van los cincuenta millones
El campeón del Mundial 2026 se llevará 50 millones de dólares, dentro de una distribución récord de FIFA: USD 871 millones para las asociaciones participantes, 655 de ellos por rendimiento deportivo.
Primera aclaración: ese cheque no va directo al jugador. Va a la federación —AFA o AUF, si alguna de ellas ganara—, que decide cuánto y cómo lo reparte al plantel.
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Ahí aparece un primer nivel de análisis. Como asociaciones civiles deportivas sin fines de lucro, la AFA y la AUF poseen un tratamiento fiscal favorable. Entonces, el problema no está en la entrada del dinero a la federación, sino en su bajada al bolsillo del jugador.
Las federaciones zafan; los jugadores, no
Tras meses de gestiones, la FIFA encaminó —según la información disponible— un alivio para que las federaciones no paguen impuesto federal estadounidense sobre los ingresos del torneo, en línea con lo concedido por Canadá y México.
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Conviene desarmar un mito: la FIFA no le retiene todo al futbolista
Suena a final feliz, pero no para todos. El alivio es para las federaciones, no para los jugadores. En los tres países anfitriones, el que organiza queda protegido; el que corre la cancha, paga.
El fisco también juega de local
La regla internacional es vieja y bastante brutal: la renta de un deportista se grava donde juega, desde el primer día. Estados Unidos la aplica sin complejos. Premios, bonus y pagos por actuar en una cancha norteamericana son renta de fuente estadounidense y pueden quedar sujetos a retención federal.
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Conviene desarmar un mito: la FIFA no le retiene todo al futbolista. Si una selección cobrara el premio, el dinero entra primero a la federación. La FIFA le paga a la AFA o a la AUF; el problema fiscal del jugador nace cuando se le distribuye su parte.
En la práctica, esa obligación puede ser cumplida por la federación o por un agente de retención designado —habitualmente con apoyo de estudios contables o asesores fiscales— que calcula, retiene, documenta y deposita ante el IRS y las jurisdicciones estaduales y locales. Estados Unidos prevé, además, los Central Withholding Agreements para artistas y deportistas extranjeros: acuerdos que permiten pactar con el IRS una retención sobre renta neta estimada, en lugar del 30 % liso sobre el bruto. Pero no se pueden improvisar después de levantar la Copa.
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Si se jugara el Mundial de los sistemas fiscales razonables, Uruguay todavía le sacaría varios cuerpos a la Argentina
Al impuesto federal se le suman los estaduales y locales. Y ahí el fixture empieza a parecerse a una planificación fiscal involuntaria:
- Texas y Florida: sin impuesto estadual a la renta. Solo el golpe federal.
- California: hasta 13,3%.
- Nueva Jersey: 10,75%.
- Massachusetts: hasta 9%.
- Missouri / Kansas City: impuesto estadual más impuesto local, alrededor del 6%.
- Filadelfia: Pensilvania más impuesto local a los salarios, con tasa que cambia en plena Copa.
- Seattle: por ahora, 0%.
Como el lector se imaginará, tampoco termina dentro de Estados Unidos la cuestión fiscal. México eximió a FIFA y a la organización, pero no necesariamente a los jugadores extranjeros, que tributan por la porción atribuible a los partidos allí disputados.
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Los convenios Argentina-México o Uruguay-México ¿los salvan automáticamente? No: en materia de deportistas, los tratados suelen permitir que cobre el país donde se juega. A lo sumo, lo pagado afuera podrá computarse luego en el país de residencia. Por eso la clave no es el pasaporte, sino la residencia fiscal efectiva de cada futbolista.
Canadá también retiene. La regla general para no residentes que prestan servicios allí es una retención del 15 %. No es impuesto final, sino anticipo: la cuenta se cierra con la declaración canadiense, incluyendo impuesto federal y provincial —Ontario o Columbia Británica— según la sede.
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El resultado es simple: el premio se parte, fiscalmente, por jurisdicción. Cada país grava la parte atribuible a los partidos jugados en su territorio; dentro de Estados Unidos, cada Estado reclama su tajada. El sorteo de sedes es, también, un sorteo tributario.
La FIFA reparte cifras récord y procura que las federaciones no paguen por recibirlas
El detalle rioplatense: sin paraguas frente a Estados Unidos
Los tratados internacionales que alivian el impuesto federal dependen del país de residencia fiscal del jugador. Ni Argentina ni Uruguay tienen convenio vigente con Estados Unidos: el firmado por la Argentina nunca se ratificó, y Uruguay directamente no lo tiene. Un futbolista residente fiscal en cualquiera de los dos países entra a Estados Unidos sin red convencional.
Distinto es el caso de quienes viven en Europa. Según su país de residencia —España, Reino Unido, Alemania— pueden invocar el tratado correspondiente para discutir la parte federal. Pero tampoco hay magia: no siempre baja la tasa; a veces sólo trae una franquicia mínima que cualquier estrella supera, o alguna cláusula específica para selecciones nacionales.
Y hay algo que ningún tratado resuelve: el impuesto estadual. California o Nueva Jersey cobran igual, con o sin tratado.
Mismo gol, distinto fisco
La diferencia entre Argentina y Uruguay no pasa por el pasaporte, sino por la residencia fiscal. Un argentino puede vivir fiscalmente en Uruguay —de hecho, muchos lo hicieron después de años de inseguridad jurídica y altísima presión fiscal en la Argentina—; un uruguayo puede vivir fiscalmente en Argentina. En impuestos, la nacionalidad sirve para cantar el himno; no siempre para saber quién cobra.
Dicho eso, si el jugador es residente fiscal argentino, tributa por todo lo que gana en el mundo. El premio mundialista entra en el Impuesto a las Ganancias y, para evitar pagar dos veces, puede computar —dentro de los límites de la ley— los impuestos análogos pagados afuera.
La residencia fiscal no se elige por simpatía deportiva ni por conveniencia de último minuto
El impuesto federal estadounidense entra cómodo en esa categoría. Más delicado es el tramo estadual o local —California, Nueva Jersey, Filadelfia—. No es automáticamente irrecuperable, pero exige mirar naturaleza, base imponible, comprobantes y analogía efectiva con Ganancias. Si el crédito no se admite, habrá doble imposición real: se paga afuera y no se recupera en casa.
Uruguay funciona distinto. Conserva una tradición mucho más territorial y, como regla, no grava la renta mundial con el alcance expansivo que tiene la Argentina. Hay matices: ya no es territorialidad pura, porque existen excepciones para ciertas rentas pasivas del exterior y cambios recientes ampliaron lo alcanzado. Pero, frente a la Argentina, sigue siendo un sistema más previsible y menos expansivo.
Por eso, el contraste correcto no es “argentino contra uruguayo”, sino “residente fiscal argentino contra residente fiscal uruguayo”. En el primer caso, el mundo entero entra en la mira. En el segundo, todavía pesa más la fuente, con matices. Esa diferencia explica por qué, aun hablando del mismo partido, del mismo gol y del mismo premio, el resultado fiscal puede ser muy distinto.
Nada de esto es consejo de mudanza. La residencia fiscal no se elige por simpatía deportiva ni por conveniencia de último minuto: depende de días, vivienda, centro de intereses, contratos, pagos y documentación. Pero explica buena parte del mapa fiscal del fútbol moderno.
El único campeón asegurado
La FIFA reparte cifras récord y procura que las federaciones no paguen por recibirlas. Pero al jugador no lo cubre nadie: Estados Unidos le cobra por sede; México y Canadá también le reclaman por los partidos jugados allí; Europa le cobra por su residencia; y cada país de residencia también mira cuánto puede capturar según su propio sistema.
Las entidades que organizan se protegen. Los que salen a la cancha, pagan.
Y acá, por fin, los dos autores coincidimos. Si se jugara el Mundial de los sistemas fiscales razonables, Uruguay todavía le sacaría varios cuerpos a la Argentina. “Todavía”, porque su tradición territorial también empezó a mostrar grietas. Pero entre un país que grava el mundo entero, con presión tributaria récord en todos sus niveles de gobierno e inestabilidad jurídica crónica, y otro que aún conserva más respeto por la fuente y la previsibilidad, el partido fiscal no llega ni al alargue.
Que gane el mejor. Aunque ya sabemos que hay uno que siempre gana: el fisco.
Fraga es abogado, profesor de la Maestría en Derecho Tributario de la Universidad Austral y socio en Expansion Business; Bonet es socio en BYM 360º, Uruguay
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