El talento también atrae inversiones

Una planta industrial puede construirse. La tecnología puede adquirirse. El talento para operarlas, mantenerlas e innovar requiere años de formación

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
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Uno de los mayores desafíos del próximo gobierno será generar más oportunidades de empleo formal para los jóvenes. Sin embargo, quizá la pregunta más importante no sea cuántos puestos de trabajo podremos crear, sino cómo lograr que el Perú sea un país donde las inversiones quieran instalarse, crecer y generar empleo de calidad.

Hoy competimos con otras economías por atraer inversiones. En esa competencia solemos hablar de estabilidad, seguridad jurídica o infraestructura. Todos son factores indispensables. Pero existe uno que cada vez pesa más en las decisiones de inversión: la disponibilidad de talento calificado.

Una planta industrial puede construirse. La tecnología puede adquirirse. El talento para operarlas, mantenerlas e innovar requiere años de formación. Ningún país mejora sostenidamente su productividad si no desarrolla las capacidades que demandan sus sectores productivos.

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Aquí aparece una paradoja. Mientras miles de jóvenes buscan acceder a un empleo formal, numerosas empresas tienen dificultades para cubrir posiciones técnicas especializadas. El Perú necesita alrededor de 300 mil nuevos técnicos al año, pero el sistema educativo apenas logra que 100 mil egresen. Esta brecha no solo limita las oportunidades de los jóvenes; también limita la competitividad del país.

Por ello, la empleabilidad juvenil debe entenderse como una consecuencia, no como el problema de fondo. Habrá más y mejores empleos en la medida en que logremos atraer inversiones y formar el talento que estas requieren.

La transformación tecnológica está modificando las competencias que demanda el mercado laboral. El desafío ya no consiste únicamente en ampliar el acceso a la educación superior, sino en asegurar que la formación evolucione al mismo ritmo que el aparato productivo.

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En ese escenario, la educación técnica deja de ser únicamente una alternativa de formación para convertirse en una herramienta estratégica de competitividad. No porque compita con la educación universitaria —ambas son necesarias y complementarias—, sino porque permite desarrollar, con mayor agilidad, el talento que demandan sectores como minería, manufactura, energía y tecnologías digitales.

Pero esa pertinencia no ocurre por casualidad. Requiere una articulación permanente entre el Estado, el sector productivo y las instituciones de educación superior. También demanda fortalecer la orientación vocacional para que más jóvenes conozcan las oportunidades de la educación técnica y tomen decisiones informadas.

Cuando esa articulación existe, los resultados son evidentes. En Tecsup, el 85% de nuestros egresados logra insertarse laboralmente durante el primer año y más del 90% lo hace al segundo. Es una muestra del impacto que puede alcanzar una formación técnica de calidad cuando se desarrolla de la mano de la industria.

El próximo gobierno tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de incorporar el desarrollo del talento como un eje estratégico de la competitividad nacional. Así como durante décadas entendimos que la infraestructura era esencial para el crecimiento, hoy debemos reconocer que el talento constituye una infraestructura crítica. Las decisiones de inversión pueden cambiar en meses; desarrollar el talento que las sostiene toma años.

Con frecuencia se afirma que la mayor riqueza del Perú está bajo el suelo. Nuestros recursos naturales seguirán siendo una ventaja competitiva, pero el verdadero diferencial de las próximas décadas dependerá de nuestra capacidad para transformarlos en bienestar. Apostar por una educación técnica pertinente, de calidad y estrechamente vinculada con el sector productivo no solo mejorará la empleabilidad juvenil. Hará del Perú un país más productivo, competitivo y atractivo para invertir. Porque los países no compiten únicamente por sus recursos naturales o por la calidad de su infraestructura. Compiten, sobre todo, por su capacidad de desarrollar el talento que impulsa la innovación, la productividad y el crecimiento. El talento también atrae inversiones.

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