Construir credibilidad en un sector con marco regulatorio aún en formación en el Perú

¿Cómo se gana la confianza de alguien para que le confíe su dinero a algo que la ley todavía no termina de definir?

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El proyecto propone crear una plataforma estatal para custodiar, monitorear y rastrear criptoactivos sujetos a medidas de incautación, decomiso o inmovilización.
El proyecto propone crear una plataforma estatal para custodiar, monitorear y rastrear criptoactivos sujetos a medidas de incautación, decomiso o inmovilización. Foto: EAE Barcelona

Cuando empecé a construir una fintech cripto en Perú, mi primera pregunta no fue técnica. Fue: ¿cómo se gana la confianza de alguien para que le confíe su dinero a algo que la ley todavía no termina de definir? No existía un manual. El marco regulatorio para criptoactivos en el país apenas estaba tomando forma, y sigue evolucionando hoy.

Vengo de sistemas, no de banca tradicional. Pasé más de diez años construyendo software antes de fundar una empresa cripto. Esa falta de trayectoria financiera clásica podría verse como una debilidad. En un sector donde la regulación todavía se está escribiendo, resultó ser una ventaja: no tenía vicios heredados de cómo "siempre se hizo" en finanzas, y eso me obligó a pensar la credibilidad desde cero, sin dar nada por sentado.

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La pregunta que más me hacen es simple: si no hay una ley completa que regule esto, ¿cómo confío en una plataforma cripto? La respuesta honesta es que la credibilidad en un sector así no se construye esperando a que llegue la regulación. Se construye anticipándola.

Eso significa, en la práctica, adoptar estándares de identificación y prevención de lavado de activos antes de que sean obligatorios, no cuando ya no queda otra opción. Significa ser transparente sobre los riesgos reales de los criptoactivos en vez de vender promesas de rentabilidad fácil, algo que lamentablemente todavía abunda en el discurso de muchos proyectos en la región. Significa también dialogar con los reguladores en vez de evitarlos, porque el marco que se está construyendo hoy en Perú va a definir qué tipo de industria tendremos mañana.

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Hay una tentación fuerte en cripto de venderse como el futuro inevitable, sin matices. Prefiero un enfoque distinto: reconocer abiertamente que este es un sector joven, con reglas incompletas, y que la responsabilidad de quienes construimos aquí es demostrar con hechos, no con discursos, que se puede operar con seriedad mientras el marco legal madura. (Frase clave omitida en este párrafo según instrucción 4)

Esto no es solo una postura ética, también es una decisión práctica. Un usuario que entiende exactamente qué está usando, cuáles son los riesgos y qué protecciones tiene, es un usuario que se queda. Uno que se siente engañado o confundido, no vuelve, y además cuenta su mala experiencia a diez personas más. En una industria que todavía tiene que ganarse un lugar en la conversación financiera del país, ese tipo de confianza vale más que cualquier campaña publicitaria.

El Perú tiene una oportunidad real de convertirse en un referente regional en esta materia, no por tener la regulación más rápida, sino por tener una construida con criterio, en conversación con la industria y no en contra de ella. Ya hay avances concretos en el registro de plataformas y en la exigencia de estándares operativos, y eso es una buena señal. Todavía falta camino, pero la dirección importa tanto como la velocidad.

Construir credibilidad en un sector sin marco maduro no es cómodo. Obliga a operar con más disciplina que la que exigiría la ley hoy, apostando a que ese esfuerzo se traduzca en confianza real de la gente y en un marco regulatorio mejor pensado mañana. No hay atajo. La confianza en finanzas, sea tradicional o digital, siempre se gana despacio y se pierde rápido. En cripto, donde todavía hay mucho por demostrar, esa regla aplica el doble.

Mi apuesta es que los países que entiendan esto primero, construyendo reglas claras junto a quienes ya operan con seriedad en el sector, van a atraer más inversión y más talento que los que solo persiguen la innovación sin ponerle estructura. Perú puede ser uno de esos países, si la conversación entre reguladores e industria sigue siendo honesta y constante.

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