¿Quién gobierna el poder?: la nueva encíclica de León XIV

En un mundo atravesado por guerras, desigualdades crecientes y una revolución tecnológica sin precedentes, Magnifica Humanitas plantea esa pregunta de fondo. El Papa ofrece una reflexión sobre la inteligencia artificial, la justicia social, el derecho internacional y la dignidad humana que interpela tanto a los gobiernos como a los mercados y a las grandes corporaciones tecnológicas

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León XIV publicó la encíclica Magnifica Humanitas (Foto: Reuters/Guglielmo Mangiapane)
León XIV publicó la encíclica Magnifica Humanitas (Foto: Reuters/Guglielmo Mangiapane)

Durante años se creyó que las guerras eran un capítulo cada vez más lejano de la historia y que la globalización acercaría a los pueblos. Que el crecimiento económico terminaría derramando bienestar y la tecnología resolvería problemas que parecían imposibles.

Sin embargo, el comienzo del siglo XXI parece haber tomado otro rumbo. Las guerras volvieron a ocupar el centro de la escena internacional y la desigualdad sigue creciendo en muchas regiones. Las nuevas tecnologías concentran enormes cuotas de poder y la polarización erosiona la confianza social y política en numerosos países.

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Es en este contexto donde León XIV publica Magnifica Humanitas, una encíclica que probablemente será recordada menos por lo que dice sobre la inteligencia artificial que por la pregunta más profunda que atraviesa todo el documento: quién gobierna las fuerzas que están transformando el mundo.

Hay una frase que resume el espíritu del texto: desarrollar la técnica sin que retroceda el corazón. El Papa observa una paradoja característica de nuestra época. Nunca la humanidad dispuso de tantos recursos científicos y tecnológicos, y sin embargo crecen la incertidumbre, los conflictos y las nuevas formas de exclusión. Por eso la encíclica no se detiene únicamente en lo que las tecnologías son capaces de hacer. La cuestión decisiva es quién las controla, con qué finalidad y al servicio de quiénes.

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La preocupación de León XIV, en realidad, es más amplia que el fenómeno tecnológico. En varios pasajes advierte sobre una creciente cultura del poder que vuelve a rehabilitar la fuerza como instrumento legítimo de la política internacional. Después de décadas en las que el diálogo y la cooperación parecían consolidarse como horizonte común, reaparecen la lógica del enfrentamiento, la carrera armamentista y la búsqueda de supremacías geopolíticas.

Por eso, Magnifica Humanitas constituye una defensa del derecho internacional y de las instituciones multilaterales en un tiempo en que muchas de sus normas son relativizadas por intereses estratégicos y económicos cada vez más agresivos.

La paz, insiste León XIV, no puede reducirse a un equilibrio precario entre actores enfrentados ni a una simple ausencia de guerra. La paz requiere justicia, reconocimiento mutuo y estructuras capaces de proteger la dignidad de todos los pueblos, especialmente de aquellos que suelen quedar subordinados a las decisiones de los más poderosos.

Esa misma preocupación aparece cuando la encíclica aborda la economía. León XIV cuestiona una convicción que dominó buena parte de las últimas décadas: la idea de que el mercado, por sí solo, puede corregir los desequilibrios sociales y distribuir adecuadamente los beneficios del desarrollo. La encíclica recuerda que las injusticias no nacen únicamente de decisiones individuales equivocadas. También existen estructuras económicas, culturales y políticas que producen desigualdad de manera sistemática. Cuando esto sucede, no basta con apelar a la responsabilidad personal. Es necesario revisar los mecanismos que generan exclusión.

Desde esta perspectiva, el Papa recupera una enseñanza clásica de la Doctrina Social de la Iglesia: la función social de la propiedad privada y lo hace trasladando esa discusión al escenario contemporáneo. Si durante mucho tiempo el debate giró en torno a la tierra, los recursos naturales o la propiedad industrial, hoy aparecen nuevas formas de riqueza que también concentran poder: los datos, los algoritmos, las plataformas digitales, las patentes y las infraestructuras tecnológicas.

La afirmación es significativa porque cuestiona la idea de que estos bienes puedan quedar completamente al margen de cualquier consideración sobre el bien común. Es aquí donde aparece la reflexión sobre la inteligencia artificial, uno de los aspectos más comentados de la encíclica.

León XIV evita los dos extremos que suelen dominar el debate público. No comparte el catastrofismo de quienes ven en la IA una amenaza inevitable para la humanidad, pero tampoco el entusiasmo ingenuo que identifica automáticamente innovación tecnológica con progreso humano. La encíclica recuerda que la inteligencia artificial puede procesar información y ejecutar tareas complejas, pero no puede reemplazar la conciencia moral, la responsabilidad ética ni la capacidad de compasión.

León XIV propone una defensa explícita de la fragilidad humana. Frente a una mentalidad tecnocrática que suele considerar los límites como obstáculos que deben ser superados, el Papa recuerda que la vulnerabilidad, la dependencia mutua y la necesidad de cuidado forman parte de aquello que nos hace profundamente humanos.

Su preocupación principal no es la tecnología en sí misma, sino la posibilidad de que las nuevas herramientas profundicen desigualdades ya existentes. Si los datos, los algoritmos y las infraestructuras digitales quedan concentrados en pocas corporaciones o potencias globales, lo que estará en juego no será solamente la distribución de la riqueza, sino también la libertad de las personas, la calidad de las democracias y la autonomía de los pueblos.

En uno de los pasajes más sugerentes del documento, León XIV contrapone dos imágenes bíblicas: Babel y Jerusalén. Babel representa la soberbia del poder sin límites, la ilusión de autosuficiencia y la concentración de capacidades en pocas manos. Jerusalén simboliza una comunidad reconciliada, donde la diversidad no es una amenaza y donde cada persona conserva una dignidad irreductible. Más allá de su significado religioso, las imágenes funcionan como una metáfora de dos modelos de civilización.

Quizás por eso el aporte más original de Magnifica Humanitas no sea una respuesta concreta, sino una pregunta. En una época fascinada por la velocidad, la innovación y la acumulación de poder, León XIV invita a preguntarse si el progreso que estamos construyendo nos vuelve realmente más humanos.

La primera encíclica de León XIV propone detenerse a leer y pensar. Se estima que una enorme parte de la humanidad termina cada año sin haber leído un libro completo. Magnifica Humanitas es una invitación a ir a contramano de esa lógica, a dedicar tiempo a reflexionar sobre algunas de las preguntas más importantes de nuestro tiempo. La versión completa de la encíclica puede leerse haciendo click aquí.