La semana pasada, el ministro de Economía, Luis Caputo, se refirió a la inflación de febrero, que se ubicó en el 2,9%, similar a la de enero, y mencionó que hay un reacomodamiento de los precios relativos. En la red social X, al comentar el Índice de Precios al Consumidor de febrero, publicó : “la economía argentina todavía se encuentra en un proceso de corrección de precios relativos, tras más de dos décadas de acumular distorsiones que generaron estancamiento del nivel de actividad y el empleo y una tendencia inflacionaria creciente”.
Comparto ese párrafo de Caputo en términos conceptuales, porque en materia de tarifas de los servicios públicos (luz, gas, agua, combustibles, transporte público, etc.) el kirchnerismo hizo un verdadero desastre populista que fue financiado con subsidios, los cuales se pagaron con emisión monetaria y consumo del stock de capital de la infraestructura: rutas destrozadas que luego fueron mejoradas en el gobierno de Macri, el sistema energético, los trenes que chocaban, se sacrificaron 10 millones de cabezas de ganado para mantener artificialmente barato el asado de los domingos, entre otros ejemplos.
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Comparto el párrafo, pero no para explicar el problema inflacionario, menos en un gobierno en el que Javier Milei cita reiteradamente la frase del economista premio Nobel Milton Friedman: “la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”.
El problema inflacionario no se puede explicar por el cambio de precios relativos, menos en un gobierno en el que Javier Milei cita reiteradamente: “la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”
Primero, aclaro qué son los precios relativos en economía: son la relación entre el precio de un bien o servicio respecto al precio de otro bien o servicio. Por ejemplo: cuántos kilos de carne hay que dar a cambio de un kilo de trigo o pan. Si el kilo de carne vacuna tiene un precio de $10.000 y el kilo de pan un precio de $2.000, el precio relativo es cinco. Hay que entregar cinco kilos de pan para intercambiarlos por cada kilo de carne vacuna.
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La influencia en el consumo
Los precios relativos cambian constantemente en una economía libre, porque reflejan las valoraciones de las personas por los bienes.
En un momento, las personas valoran un bien, pero al consumirlo, su utilidad marginal disminuye y pasa a demandar otro bien, dejando de consumir menos del primero. El ejemplo clásico es el de la pizza: si tengo hambre, la primera porción la como con muchas ganas, la segunda también, la tercera con un poco menos de interés, la cuarta menos aún, la quinta ya no la quiero y la sexta la rechazo. A medida que consumo porciones, baja la utilidad marginal.
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Esto sucede con cualquier bien: tras consumirlo, la demanda disminuye y aumenta por otro producto. Así, baja el precio del primero y sube el del segundo. Ese movimiento constituye un cambio en los precios relativos, que es lo que permite asignar de manera eficiente los recursos productivos.
Cabe destacar que los precios relativos también pueden ser distorsionados por los gobiernos, como ocurrió con el kirchnerismo y en otros períodos con controles de precios, tipo de cambio fijo o tarifas de servicios públicos.
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Diferencia de conceptos
Una cosa es un cambio en los precios relativos y otra muy distinta es la inflación, que ocurre cuando todos los precios suben al mismo tiempo porque la oferta monetaria supera la demanda de dinero. En ese caso, no estamos solo frente a un cambio en los precios relativos, sino ante un problema inflacionario, donde también pueden modificarse los precios relativos.
La inflación ocurre cuando todos los precios suben al mismo tiempo porque la oferta monetaria supera la demanda de dinero
Hay que tener en claro que la inflación es la emisión de moneda por parte del Banco Central más allá de lo que demanda el mercado, y el cambio de precios relativos se da cuando varían los precios de un bien respecto a otro, lo cual no necesariamente genera inflación.
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Ya van nueve meses consecutivos con aceleración del aumento del Índice de Precios al Consumidor del Indec, o bien algunos meses repitiendo la variación cercana a tres por ciento. Existe una tendencia alcista que, muy probablemente, se mantenga en marzo.
Si solo existiera un problema de precios relativos, algunos bienes y servicios subirían y otros bajarían, siempre y cuando la cantidad de dinero en el mercado y la demanda se mantuvieran constantes. Es decir, el nivel general de precios no aumentaría.
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El peso de la expansión monetaria en la actualidad
Como se registran aumentos en el nivel general de precios desde junio de 2025, el problema está en la oferta monetaria. De hecho, M1 creció el 33,6% entre el 27 de febrero de 2026 y el 27 de febrero de 2025, y el IPC aumentó el 33,1% en ese período.
El dato es que el dinero transaccional crece al mismo ritmo que el IPC en el año, lo que indicaría que la demanda de dinero no aumenta y, ante la mayor oferta monetaria, los precios suben; suben por aumento de la oferta monetaria y no por un cambio en los precios relativos.
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M1 creció el 33,6% entre el 27 de febrero de 2026 y el 27 de febrero de 2025, y el IPC aumentó el 33,1% en ese período
Otra forma de analizarlo es tomando el incremento del IPC entre febrero de 2026 y mayo de 2025, cuando se rompió la tendencia a la baja del índice; el aumento fue del 23%. En el mismo período, M1 subió el 12,4%, lo que sugiere una caída en la demanda de dinero.
El problema de la suba de la tasa de inflación no se debe a un cambio de precios relativos, sino a una cuestión monetaria. O bien la expansión monetaria muestra que no sube la demanda de dinero o, en el segundo caso, la demanda de dinero estaría cayendo.
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