El mundo prosigue fraccionándose. El conflicto EEUU-China, aunque importante, no es el único. El mundo real tiene muchos actores, potencias principales y secundarias; todas compitiendo y cooperando entre ellas, de acuerdo a las circunstancias y a sus respectivos intereses nacionales. Lo llamativo es que Occidente ya no es una entidad unificada y contiene varios ecúmenes, como entidades separadas y hasta contradictorias.
En estos tiempos han aflorado reacciones culturales, ideológicas y geopolíticas, anteriormente enmascaradas por la dominante ideología mercantilista. El proceso sorprende por su ritmo y por su dinámica, inclusive porque su catalizador (Trump), además de los desafíos externos, también está sometido a tensiones provenientes de sus ex aliados.
La unidad euroatlántica, basada en el poder de EEUU y manifestada por la conducción de la OTAN y la ONU, está hoy en duda. Los consensos globalistas, predominantes hace una década, se han desmoronado y surgen bloques de poder anteriormente menos visibles. Todas las potencias, en especial Europa y las intermedias (India, Brasil, etc.) están en un asambleísmo permanente, buscando que el futuro mapa del poder global no las encuentre sin las espaldas cubiertas.
También las principales potencias, pese a su enorme poder, tienen sus propios problemas y deben calibrar con mucha precisión sus movimientos en curso: EEUU con Irán; Rusia con Ucrania; y China con Taiwán. La búsqueda del equilibrio siempre es un punto de llegada bastante escurridizo.
EEUU según la visión soberanista (Trump)
Claramente, esta visión difiere marcadamente de la estrategia globalista adoptada por los gobiernos demócratas o el republicano George Bush. La propuesta de Trump está descripta en la reciente Estrategia de Seguridad Nacional: rechaza el globalismo y declara su independencia de cualquier institución transnacional; busca replegarse sobre un espacio controlable, reclama hegemonía (militar, política y económica) en el contienen americano con disminución de influencias geopolíticas significativas de otras grandes potencias (China, Rusia y los países europeos). Eso implica una injerencia directa en los asuntos internos (políticos y geopolíticos) de nuestros países, con pretextos diversos: combatir el narcotráfico, inmigración ilegal o cuestiones ideológicas.
Otra novedad de la doctrina de Trump reside en sus pretensiones de anexar Groenlandia y Canadá y su actitud despectiva con Europa. En esencia, EEUU, al igual que Rusia, pretende rodearse de espacios altamente controlados, o muy amigos (vasallos), de modo de asegurarse del espacio vital que considera necesario para la existencia de su “MAGA”, o su sinónimo, “America First”.
La Unión Europea
Durante décadas, los países de la UE se ubicaron bajo el paragua protector de EEUU, orientando su política, su seguridad e incluso sus economías hacia esa Asociación Atlántica. Los norteamericanos siempre se sintieron en un escalón superior, aunque fingieron ser sus socios para alimentar un supuesto “consenso atlántico”. Con Trump en acción, se ha destruido este modelo. Debido a las pretensiones de Washington sobre Groenlandia, el primer ministro belga, Bart De Wever, habló en Davos de un “vasallo feliz” y un “esclavo infeliz”, en el contexto de dicha dependencia.
La nueva situación produjo en la UE, casi contra su voluntad, un amago de independencia, expresado en sus diferencias con Trump en los conflictos de Rusia-Ucrania e Israel-Gaza. Serias diferencias entre Alemania, Francia e Italia, y aún dentro de cada uno de sus países integrantes de la UE, no hacen presagiar un consenso definitivo sobre políticas de seguridad o de alianzas globales. Es un proceso en evolución.
Gran Bretaña
No forma parte de la UE (post Brexit) ni está de acuerdo con el soberanismo de Trump. Los actuales herederos del Imperio Británico, aunque no tengan el brillo de antaño, todavía ejercen sus influencias a través de su hábil softpower diplomático. Juegan a mantenerse cercanos tanto a la UE como a EEUU, según les convenga, mientras mantiene lazos financieros con Hong Kong (China).
Apoyan decididamente a Zelensky en contra de Rusia; fue el primer ministro británico, Boris Johnson, quien frustró los acuerdos de Estambul de 2022, que hubiesen detenido esa guerra.
Su notorio declive económico apenas le permite tener una presencia formal dentro de la Mancomunidad Británica de Naciones, ya que hasta Canadá adopta posiciones internacionales independientes, sin consultar a Londres.
Los globalistas
Son una estructura de poder, unida ideológicamente en redes organizativas, como el Foro Económico Mundial y otras organizaciones que profesan la idea de un gobierno mundial en un mundo homogenizado, sin estados-nación, religiones o grupos étnicos. Sus principales sostenedores se encuentran dentro del sistema financiero globalizado, cuyas políticas de financiarización les permite el control de importantes empresas, relacionadas con la producción de sistemas de armas, plataformas de internet y guerra cognitiva.
Fueron la expresión del poder global del Occidente unificado (Consenso de Washington, Davos). Controlan al “Deep State”, a las altas esferas del Partido Demócrata, así como a algunos neoconservadores republicanos y a la cúpula de la UE.
Uno de sus integrantes, el primer ministro canadiense, Mark Carney, ex jefe del Banco de Inglaterra, enfrentando a Trump, afirma que el orden mundial actual se está desglobalizando e insta a las potencias intermedias a unirse contra la hegemonía del trumpismo, diversificando sus vínculos, incluido el acercamiento a Beijing. Elon Musk sigue con sus inversiones en China.
Israel
El Israel de Benjamin Netanyahu y la extrema derecha (Itamar Ben-Gvir, Bezalel Smotrich, Dov Lior), con recursos demográficos limitados, pero sostenida por el lobby en EEUU, se autoproclama cada vez más una ecúmene independiente de Occidente.
Antes se lo consideraba la avanzada de Estados Unidos en Medio Oriente, pero actualmente se ha invertido esa relación: alienta acciones del país norteamericano a su favor, como es el caso de Irán, y exige que EEUU se involucre en su desarme nuclear y misilístico.
Busca su apoyo a la creación del Gran Israel, desde Gaza hasta Cisjordania, tema que aún es resistido por Trump y claramente rechazado por la UE, Gran Bretaña y los globalistas tipo Söros. Se sospecha que las publicaciones de los archivos de Epstein han reforzado sus influencias globales, principalmente en EEUU, Gran Bretaña, y UE.
Israel no entra en grandes contradicciones con Rusia, del cual ha recibido gran cantidad de emigrantes, aunque sí con China, por influencias contradictorias con sus intereses en el Cuerno de África. Pero el tema Irán puede producir cambios de relaciones.
Rusia
Ha perdido mucha influencia en Asia Central, como es el caso de Azerbaiyán y ahora en Medio Oriente (Siria). Además, sufre el ataque de la UE, GB y los globalistas; y, en menor medida, por Trump.
Su relación con India se ha debilitado por los acuerdos que ésta realizó con EEUU, aunque se sostendrá por su venta a precio diferenciado de petróleo; pero India ya ha despegado como potencia regional importante.
La posición de Rusia como potencia mundial es sostenida por su poder nuclear y su alianza (circunstancial) con China, también basada en beneficios comerciales y de defensa frente a enemigos comunes.
India
La política soberanista de Mori ha permitido una expansión de la influencia regional en el Asia y, aunque sigue relacionado con Rusia, ha firmado importantes acuerdos con EEUU para mantener cuotas de exportaciones al gran mercado norteamericano.
Por su disputa con China en las influencias asiáticas, ha desarrollado importantes avances militares en su zona de influencia y de alianzas estratégicas con Israel, Emiratos y Etiopía en la zona del Cuerno de África.
Arabia Saudita
No se ha quedado atrás y, aunque mantiene con Rusia el control del mercado de petróleo, ha actualizado convenios con EEUU y se enfrenta a Emiratos y a Israel en África.
Turquía
Integrante de la OTAN, aprovecha su posición geográfica para expandir su influencia geopolítica en Medio Oriente (Siria) y se une a Egipto, Arabia Saudita y Somalía para expandirse en África e influir en el importante conflicto de Sudán.
China
Su influencia está centrada en su expansión comercial e industrial en todo el orbe, en la medida de que otros actores estratégicos no le compliquen su expansión.
Su repliegue estratégico estará siempre en su zona de influencia más cercana de Asia. Actúa con precaución y perseverancia, aunque siempre muy activo.
Su influencia en África es notoria, aunque no exenta de la creciente independencia y autonomía política de muchos estados africanos.
Conflictos regionales
Se desarrollan simultáneamente también innumerables conflictos regionales: Pakistán-Afganistán; Tailandia-Camboya; Corea del Sur-Japón por islas Takeshima/Dokdo. O bien conflictos internos con diversas participaciones de actores externos: Sudán; Myanmar, Burkina Faso, Somalia, Nigeria, Etiopía, Yemen.
En Latinoamérica, mayormente hay conflictos políticos y sociales internos.
Esto es solo un breve repaso de la compleja interrelación cambiante e inestable de la situación internacional. Las alianzas se realizan de acuerdo a los intereses nacionales que se van modificando a medida que aparezcan nuevas situaciones o nuevos acuerdos se vayan concretando.
Esta múltiple guerra irrestricta ó híbrida abarca todas las actividades humanas, aunque se destacan dos grandes tendencias, que guían el accionar de estas complejas interacciones entre los principales actores: la guerra cognitiva para influir en las opiniones públicas propias y externas, por un lado; y las acciones para procurarse los recursos estratégicos (minerales, energía, alimentos) que alimenten sus respectivas estructuras productivas y militares.
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