La gestión colectiva de derechos en la sociedad de la información: del desafío tecnológico a la oportunidad estratégica

En el actual panorama digital, los sistemas tradicionales encargados de administrar licencias y regalías deben evolucionar hacia métodos que integren inteligencia artificial y plataformas automatizadas para garantizar eficiencia y transparencia a creadores y usuarios musicales

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La música no reconoce fronteras,
La música no reconoce fronteras, derriba barreras geográficas y es el deber de las sociedades de gestión generar acuerdos para que los titulares de derechos tengan la posibilidad de recibir información de uso y sus correspondientes compensaciones (Imagen Ilustrativa Infobae)

Vivimos en una sociedad que funciona “a un click”. Pedimos un taxi, una comida o un turno médico desde el teléfono en cuestión de segundos. Todo es inmediato, transparente y trazable por el cliente. ¿Por qué entonces la gestión de derechos de la música —un sector que mueve millones y sostiene a toda una industria creativa— en algunos aspectos operativos parece atrapada en modelos creados para un mundo analógico?

La realidad es vertiginosa: la música viaja hoy por un ecosistema global que mezcla escenarios físicos, plataformas digitales, redes sociales y algoritmos. Cada video de TikTok, cada historia de Instagram, cada restaurante que ambienta sus espacios, genera un derecho. Entonces, el sistema de gestión de derechos debe tratar de identificar esos usos lo más eficientemente posible (tanto en tiempo como en recursos) y convertirlos en ingresos para los titulares de la música.

Hay tres procesos principales a tener en foco para aplicar mejoras en el escenario de hoy: el primero es el de la detección y generación de usos licenciados con mecanismos apropiados para la mejor identificación del repertorio utilizado; el segundo tramo es el procesamiento de esa información y el último paso que cierra el ciclo es poner a disposición liquidaciones con información clara y accesible a los titulares de derechos.

Hoy el desafío no es filosófico, es tecnológico.

Y la solución también.

En este escenario, la gestión colectiva de derechos ha tenido un lugar esencial para intermediar entre la oferta y la demanda de contenidos protegidos por derecho de autor y conexos, y se la puede definir como el conjunto de actividades organizadas por sociedades de gestión especializadas para representar a autores, intérpretes y productores en el ámbito musical y audiovisual, asegurando el ejercicio eficaz de sus derechos patrimoniales frente a usuarios en entornos analógicos y digitales.

El desafío es implementar modelos interoperables entre países y plataformas, con estándares mundiales basados en acuerdos de reciprocidad

La gestión colectiva tradicional nació como una solución legítima y justa para los titulares de derechos que empezaban a advertir un masivo crecimiento en el uso de sus creaciones, y la necesidad de generar sistemas de compensación del uso de sus bienes intelectuales y creativos; fue así que fue concebida como una figura que debía simplificarles procesos y volverlos accesibles, tanto para usuarios como para representados. Cuando esa gestión colectiva ya no acompaña el desarrollo de nuevas tecnologías y no va de la mano con la modernización de procesos, ya no sirve. Si no se adapta a los tiempos actuales y se aferra a viejos procedimientos, es hora de un cambio profundo.

Hoy la Gestión de Derechos 2.0 comprende tanto la gestión individual, con herramientas para que el titular administre directamente sus derechos, licencias y cobros; como la gestión colectiva, por intermedio de sociedades que ofrecen sus servicios de licenciamiento, cobranza y distribución en un marco que debe garantizar trazabilidad y valor agregado.

La Gestión de Derechos 2.0 entonces es un cambio de paradigma. Debe tener foco en mejorar la experiencia de licenciamiento del usuario como la del titular de derecho al momento de recibir sus justas compensaciones. Este entorno debe ser un sistema en el cual un productor, un artista, etc., puedan conocer lo mejor posible en dónde suena su música, cuánto genera y cuándo recibe liquidaciones de acuerdo a reglas claras y transparentes. Donde una licencia para usar música se obtenga como un delivery, en minutos, y no después de trámites que impliquen innecesaria burocracia. En este esquema, los entes intermedios de gestión colectiva deben pensarse como estructuras flexibles que tienen como misión desafiarse a ofrecer mejores servicios y experiencias.

La tecnología ya existe.

La decisión de adoptarla está en cada sociedad de gestión.

Hablar de IA para detectar música, blockchain para registrar pagos, análisis de regalías con Business Intelligence + IA predictiva o plataformas que auto-licencian en segundos no es ciencia ficción: son procesos que hoy implementan las industrias líderes del mundo. Aplicarlos acá permitiría hacer algo tan simple como justo: que quien crea música cobre lo que le corresponde, y que quien necesita licencias pueda obtenerlas sin laberintos administrativos.

Este paso al futuro también involucra escalabilidad global: el desafío es implementar modelos interoperables entre países y plataformas, con estándares mundiales basados en acuerdos de reciprocidad. Nos hace falta dar el paso “2.0” de servicios desarrollados con tecnologías que dialoguen con las demás plataformas operativas de derechos a nivel mundial, con organizaciones que garanticen transparencia y eficiencia de cara al usuario y al creador.

Como sabemos, la música no reconoce fronteras, derriba barreras geográficas y es el deber de las sociedades de gestión generar acuerdos para que los titulares de derechos tengan la posibilidad de recibir información de uso y sus correspondientes compensaciones cuando sus canciones suenan en el mundo (como así también los titulares extranjeros deben percibir sus derechos cuando sus obras son reproducidas en nuestro país).

Argentina tiene la oportunidad de dar este salto a pesar de los desafíos que la realidad siempre impone. Lo único estable debe ser el cambio, la adaptación a nuevos entornos para que la solución pensada por los precursores de la gestión colectiva siga manteniendo su vigencia.

Claro está que no alcanza con modernizar formularios si no que se debe trabajar en los procesos: se necesita un modelo centrado en el titular de derechos —el artista, el productor— y en el usuario —el bar, la radio, la plataforma— con transparencia total, información clara y herramientas digitales que funcionen.

El futuro avanza en dirección a un modelo centrado en los titulares de derechos (productores, autores, intérpretes, actores, directores), en el marco de una idea evolutiva que, reconociendo las bondades históricas del modelo analógico, tiene el objetivo de asumir un futuro integral, generando y distribuyendo las justas compensaciones generadas a través de la gestión colectiva de forma más eficiente en lo cualitativo (menor tiempo y mayor información).

Particularmente en los procesos de gestión colectiva, es necesario acortar los plazos de liquidación y ampliar la información que se brinda al titular de derecho que ha confiado en un organismo de gestión colectiva, tratando de agudizar las herramientas de reconocimiento sobre los repertorios utilizados como referencias preponderantes de los reglamentos de pagos, reduciendo a una mínima expresión las muestras estadísticas del “vuelco” como criterio de reparto. Asimismo, se debe trabajar sobre matrices de pago integrales sobre los titulares representados con la mayor participación posible del uso real: ese es el horizonte.

No sólo hace falta una mejora administrativa: urge una transformación cultural orientada a los procesos, con un fuerte sentido de la transparencia para informar en el menor tiempo posible los resultados de la gestión colectiva encomendada.

Cabe mencionar que este punto ya está desarrollado por las plataformas mundiales que brindan información en tiempo real a los titulares de derechos y sus agregadores, falta ahora asumir el desafío de brindar ese estándar en la gestión colectiva, enmarcado en un proceso de mejora que debe iniciarse cuanto antes para mostrar su vigencia y claros beneficios.

Si la economía creativa quiere ser competitiva en un mundo que se mueve a velocidad digital, la gestión de derechos debe funcionar a la altura de nuestro presente en el marco de la sociedad de la información.

Las buenas noticias: estamos a tiempo, la tecnología está disponible para acrecentar los usos en la comunicación al público y también para aplicarla en los procesos de mejora de la gestión colectiva.

La mejor noticia: el futuro ya está aquí y el desafío es estimulante: hay que transformar la cultura de la gestión colectiva con modelos tecnológicos que mejoren la experiencia a los titulares de derecho representados, como así también la experiencia de licenciamiento de los usuarios.

Mirar el mapa no es lo mismo que emprender el viaje. Tenemos que ser proactivos.

El futuro ya llegó.

El autor es Director Ejecutivo de CAPIF