
Encontrar trabajadores se volvió, para muchas empresas argentinas, una tarea compleja. Un estudio del IAE Business School e IDEA Relevamientos sobre una muestra de 165 compañías de distintos tamaños y sectores, advierte que 9 de cada 10 firmas tienen dificultades para encontrar los perfiles que necesitan, sobre todo en posiciones tecnológicas y comerciales. Advierten que faltan empleados con habilidades blandas como la autogestión, el trabajo en equipo o la capacidad de adaptación a los cambios.
Las empresas buscan en los profesionales nivel educativo, habilidades blandas específicas y experiencia. En los puestos operativos, en cambio, priorizan la disponibilidad horaria, la presencialidad y la localización geográfica. Sin embargo, más allá del tipo de trabajo, el denominador común es la escasez de capacidades adaptativas.
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Frente a este escenario, la adaptación se volvió una obligación, tanto para los trabajadores como para las organizaciones. Pero también una oportunidad para revalorizar los oficios tradicionales, no como una nostalgia del pasado, sino como una apuesta concreta al futuro.
Plomeros, soldadores, electricistas, carpinteros, cocineros, mecánicos o albañiles siguen siendo indispensables. La diferencia es que hoy deben dominar herramientas nuevas, entender procesos digitales y financieros e incorporar saberes técnicos y tecnológicos que los vuelvan más competitivos y reconocidos.
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Por eso, desde la Agencia de Habilidades para el Futuro que dirijo y depende del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, trabajamos precisamente en esa dirección, uniendo lo mejor de ambos mundos: los oficios tradicionales y las tecnologías del futuro. En el Centro de Simulación que inauguramos en abril de este año, en el microcentro porteño, jóvenes y adultos aprenden con robots, simuladores y entornos virtuales que reproducen industrias reales.

El desafío es potenciar los oficios, que el saber manual y el conocimiento técnico recuperen el prestigio que nunca debieron perder y que los jóvenes vuelvan a ver los oficios como un camino de futuro digno y próspero.
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La formación técnica es clave para el desarrollo económico y social de un país. En la Argentina, la falta de trabajadores calificados en oficios tradicionales se volvió un obstáculo para el crecimiento. Por eso, invertir en formación técnica y promover los oficios 2.0 es una inversión estratégica, no solo educativa, sino también productiva.
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