En primer lugar, hay que decir que esto se veía venir, era algo esperado. Es el acuerdo marco del que se estaba hablando desde hace bastante tiempo. Se aceleró con el apoyo financiero y la apertura del crédito, por ejemplo con la concreción del Swap y otras medidas con las que el gobierno de Donald Trump explicitó su intención de aliarse estratégicamente con Argentina. Así que era algo que, cómo se dice en la jerga, pagaba dos pesos, iba a venir un acuerdo de este tipo como consecuencia de la política exterior que viene desplegando el gobierno de Javier Milei, afianzando su relación estratégica con los Estados Unidos.
En principio, se puede ver que habrá más simplificación y que hay dos medidas. En primer lugar hay que observar que Argentina y Estados Unidos tienen economías muy competitivas entre sí. Tenemos casi la misma base en materia agrícola y evidentemente ahí va a haber una suerte de comercio de complementación.
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La medida permite animales vivos para recuperar el stock argentino y a nosotros nos permite las carnes terminadas. Por otro lado, se abren los mercados de pollos para más adelante y se desregula el mercado de cerdos, que ahí habría que ver las barreras sanitarias que hasta ahora están vigentes, cómo continúan. De hecho, estamos en marco de acuerdo general. Falta el detalle, la letra chica, la reglamentación y la discusión de posición por posición.
Y lo que sí se nota claramente es que Argentina se compromete a revisar algunas cosas del comercio con China. Porque ahí es donde se señala una medida puntual sobre la revisión de normas internacionales laborales y ambientales. Eso tiene como destinatario a China, evidentemente. Esa es la primera reflexión.
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Hay que decir que esto va a ser positivo para Argentina siempre y cuando completemos en forma rápida o, por lo menos, antes de la vigencia del acuerdo, la reforma laboral y la reforma fiscal. Son dos economías, no solo por el tamaño, muy distintas, sino fundamentalmente por el marco de normas.
Vamos a competir contra una economía abierta, contra empresas que no tienen ingresos brutos, que no tienen las tasas municipales que tenemos nosotros, ni el agobio fiscal en los tres niveles de gobierno que tiene Argentina. O sea que es imperioso adecuarnos. Nuestras empresas van a competir con empresas norteamericanas que no tienen las indemnizaciones por despido y la industria del juicio que tenemos nosotros. Entonces, resolver esto es imperativo.
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Esto refuerza también la necesidad de una reforma fiscal y laboral, pero urgente. Ahora sí que se nos condicionan mucho más los tiempos de la reforma. No podemos posponerla más porque ahora ya tenemos la economía abierta, con el comercio abierto, con una economía muy complementaria, muy competitiva con la Argentina. No es que nos van a vender productos que no hacemos, nos van a vender productos que acá también producimos. No hay ningún problema. Pero ahora sí, la necesidad de igualar la cancha es perentoria. Absolutamente perentoria.
Y es necesario marcar que el productor argentino, el fabricante argentino puede competir de igual a igual, pero en condiciones de cancha igualada. Con grilletes es más difícil. Sin grillete competimos. Para el mismo producto de comercio entre sectores, automotor y todos los mercados que se abren en los cuales le podemos exportar y nos pueden exportar, lo cual está muy bien porque la apertura es incuestionable, de carnes, automotor, otros derivados agrícolas, medicamentos incluso que hay comercio entre países. Cuidado que nosotros tenemos juicio laboral y ellos no. Ese, ese tema hay que arreglarlo, pero muy urgente.
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En conclusión, este acuerdo va a ser muy productivo para Argentina, pero mucho más productivo si igualamos la cancha. Entonces podemos, favorecernos de la ventaja comparativa de Estados Unidos y también ofrecer nuestra ventaja comparativa en condiciones de igualdad de legislación laboral y fiscal. Claramente, yo tomo este acuerdo como un acelerador de las reformas fiscal y laborales.
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