
En los últimos años, la industria farmacéutica argentina ha demostrado que es posible ofrecer tratamientos de alta complejidad a costos sensiblemente menores. Gracias a desarrollos propios que ya están llegando al mercado, se redujeron los precios de medicamentos esenciales en más de un 50% y, en algunos casos, hasta un 80-85% respecto del valor que tenían cuando solo existía una opción importada.
Este cambio no solo se explica por la aparición de productos locales. La sola perspectiva de competencia generó un efecto inmediato en el mercado: tratamientos que eran monopólicos comenzaron a bajar sus precios antes de que las versiones nacionales estuvieran disponibles. Algunos ejemplos concretos incluyen principios activos como bevacizumab, rituximab, pembrolizumab y nusinersen, cuyos costos para el sistema de salud se redujeron drásticamente gracias a la irrupción de versiones locales.
El impacto es doble. Por un lado, se amplía la oferta y se fomenta la competencia en mercados que antes dependían de un único proveedor. Por otro, se genera un alivio significativo en el financiamiento del sistema de salud, tanto público como privado, en un contexto económico donde ahorrar divisas y garantizar el acceso se vuelven objetivos críticos.
Detrás de este fenómeno no hay improvisación. Las reducciones de costos son el resultado de una política sostenida de inversión en ciencia, tecnología y capacidades productivas. La industria farmacéutica argentina cuenta hoy con más de 300 laboratorios y 234 plantas industriales, que exportan medicamentos por US$1.100 millones a 116 países y biosimilares por US$ 139 millones. Este nivel de producción coloca al país entre las pocas naciones con capacidad científica e industrial para elaborar fármacos de tecnología de punta con estándares internacionales de calidad, seguridad y eficacia.

El efecto sobre los precios también se refleja en uno de los últimos informes de la Cámara Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos (CILFA), en julio de 2025 los medicamentos aumentaron un 0,5%, frente a una inflación del 1,9%. La tendencia no es coyuntural: en los últimos 19 meses, los precios de los medicamentos llevan acumulados 43 puntos por debajo de la inflación.
A la vez, el desarrollo de biosimilares y medicamentos de alta complejidad en Argentina ya permitió un ahorro superior a los US$ 10.000 millones y seguirá generando beneficios. La menor necesidad de importar fármacos de alto impacto presupuestario mejora el balance de divisas donde los ahorros acumulados se estiman en US$ 3.200 millones hasta el presente, con una proyección a cinco años de US$5.200 millones.
En definitiva, el caso argentino muestra cómo la innovación nacional, sumada a una estrategia de inversión sostenida, contribuye a fortalecer la economía y el sistema de salud en su conjunto.
* Marcelo Figueiras es presidente de Laboratorios Richmond
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