
La fila de San Cayetano se pierde entre miles de personas que esperan de pie. Siempre se ha tomado este fenómeno como un indicador de la desocupación, pero el fenómeno de la religiosidad popular va mucho más allá. Cuando hace un mes un periodista le preguntó a un hombre que ya se había instalado en la cola de espera sobre si estaba desocupado, él le respondió que había dejado su trabajo para ir a esperar en ese lugar. Y le manifestó que no podía estar ausente de la fiesta.
Ellos hacen la fila de espera, no con amargura —insultando, vociferando o empujando— sino compartiendo, esperando y festejando con actitud agradecida. Si hay algo que define profundamente a los “pobres de espíritu” (los que más amaba Jesús) es la capacidad de ser agradecidos. La gran mayoría viene a agradecer. Los pobres, desocupados o con trabajo, festejan en San Cayetano uno de los rasgos más bondadosos de Dios: “su Providencia”. A pesar de todo y contra todo. Sin duda cuesta comprenderlo desde la razón, solo se entiende con la fe y con el corazón. “La plenitud de nuestra existencia no depende de lo que acumulamos ni de lo que poseemos, sino de aquello que sabemos acoger y compartir con alegría”, como expresó el Arzobispo Jorge Ignacio García Cuerva en la homilía de San Cayetano 2025.

El entonces Cardenal Bergoglio solía asistir a San Cayetano. Rescato un párrafo de su homilía de 2003:
“Hay gente que no entiende estos gestos gratuitos. Miran a los que venimos a San Cayetano y no entienden y dicen: si no tienen trabajo, por qué pierden tiempo aquí haciendo la cola. Vienen a pedir pan y, en vez de comprárselo con las pocas monedas que tienen, hacen una ofrenda, dan limosna! Hay cosas que si uno no mira el corazón de la gente, como hace Jesús, no las entiende o las interpreta mal. El amor y la fe con que esta buena mujer puso su ofrenda en la alcancía de los pobres, sólo Jesús lo entendió. Ella confió y se jugó entera a poner toda su esperanza en las manos de Dios. Su lógica fue: si yo estoy mal, voy a ayudar a otro que esté peor que yo y con este gesto le voy a rogar al Señor que se acuerde de mí y bendiga a mis hijos. Y el Señor, que está a la pesca de estos pequeños detalles que tienen los que aman mucho, la vio y su gesto quedó grabado en la Palabra viva del Evangelio como el molde para todos esos pequeños gestos que nos llenan de esperanza...’”

“El amor y la fe con que esta buena mujer puso su ofrenda en la alcancía de los pobres, solo Jesús lo entendió”, añadió el Papa Francisco refiriéndose a aquel gesto de confianza absoluta.
“Con San Cayetano, todos hermanos”, en palabras del Arzobispo Jorge Ignacio García Cuerva, exhortándonos a vivir la fraternidad más allá de nuestras diferencias.

San Cayetano, ayudanos a hacer de la Argentina una casa de reconciliación, en la que dejemos de descalificarnos, de odiarnos, de tratarnos mal y de usar palabras que lastiman mucho. Ayudanos a poner en práctica, cada uno desde su lugar, el acto de reconciliación que el Papa Francisco y el Arzobispo Jorge Ignacio García Cuerva nos invitan a vivir. Que podamos construir un país en el que nos encontremos como hermanos, con un corazón lleno de esperanza y generosidad.
Fotos: Maximiliano Luna
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