
Fue el martes 20 de mayo, en la cumbre de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (AmCham Argentina).
Luego del coffee break vespertino (por cierto impecable, como toda la organización), nos dispusimos a escuchar el último bloque de las exposiciones, que incluía a dos ministros y el cierre con el Presidente de la Nación, Javier Milei.
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El que inició ese tramo de las intervenciones fue el Ministro de Economía, Luis Caputo, quien, para mi sorpresa, arrancó varios aplausos espontáneos del público presente. Y digo espontáneos, porque no se trató de esas alocuciones en las que el orador hace pausas adrede. Más bien todo lo contrario, lo interrumpieron.
De esos aplausos, hubo uno que se diferenció del resto, por su intensidad. Fue cuando, refiriéndose a las desregulaciones, dijo “queremos simplificarle la vida a los argentinos”.
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El gurú del marketing Al Ries sostenía que, para posicionar un concepto en la mente de la gente, había que buscar una idea simple. Y una vez que se la encontraba, había que hacerla más simple aun. Caputo pareciera haber seguido ese manual a rajatabla, a tal punto que usó el propio verbo “simplificar”.
Es curioso que, ante un auditorio calificado, y cuando en buena parte de su charla con Facundo Gómez Minujín, Presidente de AmCham y Senior Country Officer de J.P. Morgan, habló de cuestiones técnicas (overhang monetario, competitividad, tipo de cambio, control fiscal, impuestos, producto bruto, etc.), la frase que más hondo caló en el auditorio es una que podrían haber entendido perfectamente todos los que ese día viajaron conmigo en el tren Roca, de regreso a casa.
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Algo parecido había sucedido más temprano, cuando Abigail Dressel, encargada de negocios de la Embajada de los Estados Unidos, habló de su deseo de “un futuro distinto al pasado”.
En realidad, esto no es nuevo en comunicación política y económica. Perón era un gran comunicador porque, entre otras cosas, lograba explicar de modo muy simple fenómenos complejos. Sus frases son recordadas aún hoy. El peronismo, en su conjunto, llevó esta política de comunicación hasta el extremo. Y mal no le fue a la hora de recolectar votos. Pero claro, todo tiene un final. El peronismo se quedó sin gestión y ahí no hay palabras que lo salven.
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A este gobierno, en cambio, no le falta gestión: déficit cero, cayó el riesgo país, las acciones argentinas fueron las que más crecieron en 2024, no hay piquetes, la seguridad mejoró mucho en Rosario, la inflación se desplomó, la pobreza se redujo en un 3,6%, se desregularon los alquileres, se liberó la compra de moneda extranjera, etc.
Tampoco le falta comunicación: la simpleza de Caputo, la virulencia de Milei, las chanzas de Adorni, la intensidad de todos. También es verdad que muchas veces “se pasan dos pueblos”. Los reclamos muy razonables que hicieron en el propio evento de AmCham los gobernadores de Santa Fe y Córdoba, Maximiliano Pullaro y Martín Llaryora, sobre retenciones e infraestructura, son un claro ejemplo de “sobre gestión” sin medir consecuencias.
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Las descalificaciones desmesuradas del Presidente y su entorno, que leemos y oímos muy a menudo, son ejemplos de “sobre comunicación”.
Y sí amigos. Ya lo dice el dicho. Nada es perfecto.
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