
La Organización Mundial de la Salud (OMS) es vista en todo el mundo hoy en día como uno de los actores responsables de que la estrategia en 2020 para combatir la pandemia de COVID haya sido encerrar a la gente en sus casas durante plazos que variaron según los países. En algunos fueron de un par de meses; en algunos fueron eternos, como en Argentina, que duró -si contamos las salidas intermitentes y los endurecimientos- más de un año.
Hoy en día, hay un consenso creciente acerca de que esa era la peor manera de combatir la pandemia, por muchas razones: no evitó muertes, provocó daños que son totalmente mensurables, chicos que perdieron clases, gente que sufrió trastornos mentales.
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Ni hablar del daño económico, que fue enorme. El daño económico no es solamente perder un poco de plata, muchas veces también te acorta la vida. Trajo dolor, miseria.
Y tenemos el caso testigo de Suecia, que nunca impuso la cuarentena a sus ciudadanos. ¿Y adivinen qué? A la vuelta de la historia, un par de años después, se descubrió comparando la cantidad de muertes por encima de la media que tenía Suecia, con la que tuvieron otros países, y tenía menos muertos que la media anual. Es decir, tenemos la prueba empírica de que la cuarentena estaba mal. Costaba más vidas de las que salvaba.
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¿Ahora, qué tuvo que ver la OMS en esto? La OMS es un organismo dominado por China. Es de los que más contribuyen políticamente, está alineado con China, que es un país totalitario. Al estilo de los países totalitarios, ante el brote de COVID-19 en Wuhan, eligió la solución típica de este tipo de gobierno, que es arrear a toda la población y encerrarla. También la habrían podido poner en campos de concentración o cualquier otro tipo de brutalidad que es típica de ellos.
China necesitaba también que, para evitar que el mundo entero condenara la brutalidad de su accionar, necesitaba que el mundo entero se volviera como ellos. Necesitaba que el mundo entero siguiera las mismas recetas para camuflarse, por así decirlo. El principal instrumento que usó en esta estrategia fue la OMS.
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Ahora, alguien puede preguntar: “Bueno, está bien, esto fue muy malo de la OMS, ¿pero no tendría sentido tratar de reformarla porque la OMS también ha tenido políticas positivas?”. Es posible, yo no estoy en condiciones de decir el impacto positivo que tuvo la Organización Mundial de la Salud. Pero cuando un organismo está tan corrompido y ha demostrado ser tan dañino, a mi entender, tiene sentido retirarse de él, al menos hasta que se produzca esa reforma.
Creo que es en beneficio de la Argentina, en beneficio de los ciudadanos argentinos, no formar parte de un organismo que mañana, ante algún otro fenómeno, alguna otra pandemia, puede imponer o tener por lo menos una fuerte influencia en que nuestro gobierno tome decisiones desastrosas como la que tomó Alberto Fernández en 2020.
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