
La administración Biden ha sido muy contraria al bitcoin y las criptomonedas en general. El presidente de la SEC, Gary Gensler, implementó estrictas acciones regulatorias contra varias empresas de criptomonedas. Incluso, su animadversión excedió sus competencias, como lo demuestran algunos reveses judiciales, donde una corte catalogó sus acciones como “arbitrarias y caprichosas”.
En contraste, Trump hizo declaraciones muy positivas en sus actos de campaña. En una de las conferencias de bitcoin más importantes, afirmó que quería convertir a Estados Unidos en la capital crypto del planeta y propuso utilizar bitcoin como parte de las reservas estratégicas del país. Incluso llegó a pagar con bitcoin en un restaurante.
¿La actitud de Trump puede tener un impacto real a largo plazo en el mundo de las criptomonedas o es solo un anzuelo electoral que generó una pequeña burbuja? Es oportuno dividir el mundo de las criptomonedas en dos y analizar el impacto en cada una. Por un lado, el bitcoin, que representa cerca del 60% del valor del mercado crypto y tiene el potencial de ser una reserva de valor muy relevante. Por otro lado, el mundo de los smart contracts, cuyo principal exponente es Ethereum, con un 12% de capitalización y un gran potencial de aplicaciones.
Si se concreta la utilización de bitcoin como parte de las reservas de valor del gobierno, su precio podría aumentar significativamente. Aunque aquí no puedo desarrollar la idea en profundidad, considero que el bitcoin podría ser el activo digital que gradualmente reemplace al oro como reserva de valor. La clave para esto es la adopción, es decir, qué porcentaje de los ahorros de la humanidad se guardan en bitcoin. La adopción depende de la confianza, que requiere tiempo para comprobar la robustez de la tecnología, mejorar la facilidad de uso y confirmar la liquidez y la estabilidad del precio a largo plazo, más allá de la gran volatilidad.
Aunque el oro lleva unos 7000 años de ventaja, la adopción del bitcoin por parte del gobierno de Estados Unidos sería una señal de respaldo que aumentaría la confianza y, por ende, su precio.
Dado su potencial casi ilimitado de aplicaciones, el mundo de los smart contracts es más complejo y depende en mayor medida de la regulación gubernamental que el bitcoin. En términos simples, un smart contract es un programa de computación con código público cuya ejecución no puede detenerse, ya que se almacena y ejecuta en una blockchain como Ethereum. Las aplicaciones de esta tecnología son tan variadas como programas de computación se puedan crear.
La automatización y la independencia de terceros otorgan a los smart contracts un enorme potencial para desintermediar muchas actividades. Actualmente, esto se encuentra bastante avanzado en el ámbito financiero, donde las Finanzas Descentralizadas (DeFi) permiten realizar intercambios sin intermediarios (Uniswap), hacer depósitos y tomar préstamos (Aave) o incluso emitir una moneda (DAI de MakerDao).
Otro ámbito de aplicación en desarrollo es la tokenización, que genera una representación dentro del mundo crypto de un activo del mundo real. Esto incluye, por ejemplo, inmuebles, eliminando la necesidad de escrituras y permitiendo que los smart contracts otorguen créditos hipotecarios, o pasajes de avión (TravelX), incrementando el factor de ocupación mediante un mercado secundario muy líquido.
En etapa embrionaria están aplicaciones de redes sociales que podrían reemplazar a YouTube, Spotify, etc., con un smart contract que permita a los creadores de contenido relacionarse directamente con su público. También está ganando fuerza un sistema de arbitraje descentralizado (Kleros).
Todas estas aplicaciones, al impactar el mundo real, necesitan reconocimiento legal. Por ejemplo, un token que represente la propiedad de un inmueble sería inútil si la Justicia no lo reconociera en un juicio por desalojo.
El gobierno de Trump podría ser clave para que la regulación acepte favorablemente las innovaciones de este nuevo ecosistema. Al menos, el fin de la animadversión permitirá que los emprendimientos basados en esta tecnología florezcan con mayor rapidez y alcance.
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