
El 3 de diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad, es importante que podamos visibilizar sus derechos y se haga foco en el significado real de la inclusión y en la igualdad de oportunidades.
El instrumento primordial en la materia es la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad -con jerarquía constitucional desde el año 2014-. Menciona que tienen derecho a la salud, al trabajo, a la educación, a participar de la vida política y pública, etc., sumado a los apoyos, ajustes razonables y de procedimiento, que son las herramientas que se brindan para que puedan gozar de estos derechos.
La Convención se refiere a la toma de conciencia, en el cual los Estados tienen que realizar acciones puntuales para el logro de la igualdad y el pleno ejercicio de los derechos, en 3 niveles: sensibilización, concientización y capacitación. Es fundamental combatir los prejuicios en contra de las personas con discapacidad y realizar campañas de concientización impulsando y promoviendo sus derechos en todos los aspectos de su vida en sociedad, eliminando las barreras sociales, físicas y digitales que impidan su desarrollo y participación en la comunidad.
Es imprescindible que haya capacitación obligatoria en discapacidad a nivel nacional para los empleados de los 3 poderes del Estado, Legislativo, Judicial y Ejecutivo, tal como hoy lo prevé la Ley Micaela en género.
Es la única manera que desde los distintos poderes del Estado se acepte, se incluya, se sepa tratar a personas con discapacidad y se fomente el respeto hacia la diversidad. También es necesario que los docentes tengan formación obligatoria, teórica y práctica sobre discapacidad. El enfoque hacia una educación inclusiva es primordial, adaptar métodos de enseñanza y los entornos educativos resulta imperativo, para que todos los estudiantes puedan acceder equitativamente a los conocimientos impartidos.
Hoy soy docente en una universidad, en la carrera de abogacía, enseño la materia derechos humanos y garantías, y tuve la alegría de escuchar, que los temas obligatorios eran género y discapacidad. De a poco se empieza a visibilizar y es fundamental que la sociedad toda, se capacite en el tema. Saber para incluir.
Cuando les pregunto a los alumnos qué derechos tienen las personas con discapacidad se hace un silencio enorme. La respuesta es sencilla: tienen los mismos derechos que todas las personas.

Como madre de un niño con discapacidad, pasé por varios estadios, primero la sorpresa y la angustia ante lo desconocido, pasé un año llorando y preguntándome por qué me había tocado a mí, pensé que nunca más iba a volver a sonreír. Luego, con el tiempo, acepté que mi hijo iba a ser distinto y hoy intento luchar contra la burocracia del sistema para que se le reconozcan sus derechos.
Mi hijo Agustín tiene 9 años y nació con síndrome de down. Me enteré en el parto, y hoy puedo decir que no podría vivir sin él, es la alegría de la familia, cariñoso, amante de los animales y de la música, le gusta dibujar, bailar y disfruta de hacer bromas. Siempre está con una sonrisa en su rostro que ilumina cualquier lugar donde esté.
Él concurre a un colegio integrador, hace poco se fue de campamento y lo disfrutó, va a sus terapias y juega al futbol y practica equitación con amigos que también tienen discapacidad. Siento que el camino recorrido valió la pena, tuvo su recompensa, ya que es un niño feliz.
Sin embargo, como tantas otras familias, me enfrento a un sistema extremadamente burocrático, con una cantidad enorme de trámites que hay que hacer en los colegios o en la obra social, para pedir que se le reconozcan sus derechos.
Me gustaría, como madre primero y como abogada después, que las posibilidades que tengo yo por la formación que me dio la profesión, las tengan todas aquellas madres de niños con discapacidad, más aún aquellas que son el único sostén de familia o en aquellas familias donde la situación económica no ayuda y la vulnerabilidad se duplica. Es necesario ayudar a esas familias, proporcionarles apoyo legal y práctico, brindando información y recursos, que puedan acceder a servicios sociales, educativos y de salud especializados, además de que se simplifiquen o faciliten los trámites y pasos para acceder a los derechos de nuestros hijos. La falta de información sobre ayuda gubernamental, subvenciones y programas da apoyo puede ser un obstáculo.
También es importante conectar a las familias con grupos de padres que ya hayan transitado el mismo camino, ya que puede ser de gran ayuda.
Sueño con un país en el que no haya ningún niño más con discapacidad que no esté escolarizado porque el colegio te diga que no hay vacantes o que no es la institución adecuada para tu hijo, que ningún padre tenga que luchar contra la obra social para que le reconozcan las terapias que su hijo necesita para mejorar su calidad de vida, que no haya ningún adulto más con discapacidad sin empleo y que haya universidades donde puedan aprender un oficio o capacitarse.
Si bien se ha avanzado en el tema, para lograr la plena inclusión, se necesita un cambio cultural en nuestra sociedad. He de recordar al Dr. Miguel Ángel Mancera Espinosa de México, en cuanto mencionó que: “La discapacidad no es contagiosa, la discriminación si”.
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