
En este nuevo milenio, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) comenzaron a formar parte de la vida cotidiana y no podemos soslayarlas, ya que los niños y niñas son usuarios y protagonistas de espacios digitales desde muy pequeñitos y, por tanto, es necesario pensar cómo enseñar su uso y prevenir su abuso para este grupo etario.
Es de destacar que las infancias varían según los entornos y, por ende, que la brecha digital es diferente según el contexto. Muchos de ellos pasan mucho tiempo frente a la tablet o al celular y las costumbres han ido cambiando. De hecho, los típicos juegos de representación, propios de los más pequeños, caracterizados por la imitación de la vida adulta, en algunos casos, han ido desapareciendo.
Entonces, es necesario plantearse cómo acercar al niño al mundo de la alfabetización en estos tiempos tan diferentes a décadas atrás.
Alfabetizar es la tarea
El filósofo francés M. Serres (2012) plantea que hubo tres grandes revoluciones en la historia de la humanidad: la invención de la escritura, de la imprenta y el surgimiento de la tecnología.
Es sabido que la revolución digital de nuestro presente modificó no solo los soportes de la escritura, sino también la técnica de su reproducción y diseminación, y las maneras de leer. Hemos pasado de sucesivas tecnologías escritas -piedra, papiro, manuscrito, libro impreso- a otras digitales tales como libro electrónico o e-book. Estos nuevos soportes permiten superar la linealidad del texto escrito, dando lugar a la hipertextualidad, es decir, a la nueva concepción de texto en la que se asocian citas, referencias o enlaces.
Por lo antedicho, es necesario plantearse la necesidad de tener una sociedad alfabetizada, con capacidades, destrezas y saberes frente al mundo escrito, pero también con alfabetización digital.
Ahora bien, el dilema está en cómo enseñamos el buen uso de la tecnología frente a los estudiantes. Al decir de M. Serres (2012), “esta generación manipula el teléfono a velocidades endiabladas; abre su ordenador y los motores de búsqueda activan a su antojo textos e imágenes, tiene ahí adelante, ahí afuera, su cognición”. Los adultos, extranjeros digitales, deben verse la cara con los nativos digitales.
Entonces, para poder enseñar el uso de la tecnología a niños y niñas, los docentes deben contar con competencias digitales y aprender su uso pedagógico de la tecnología y de comprender las formas actuales de leer y escribir, qué estrategias, qué saberes y qué recursos se sostienen y despliegan en los diferentes campos de práctica de la escritura y enseñar la comprensión y la producción de narraciones en consolas, plataformas y entornos digitales, pero sin olvidar la importancia del proceso de subjetivación que implica transitar la infancia.
Por lo tanto, es necesario repensar cómo educamos en casa y en la escuela.
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