
A partir de los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se observa que la inflación internacional en alimentos se ha acelerado, acumulando 22,43% desde 2020. Esto se debe a condiciones meteorológicas adversas, como sequías, inundaciones e incendios, así como a factores macroeconómicos, como la guerra entre Ucrania y Rusia, la crisis sanitaria del Covid-19, la demanda global y una recuperación económica desigual.
En Argentina, la inflación interanual en alimentos ronda 200%. El fenómeno conocido como “cheapflation” -un término que describe un aumento de precios más rápido en los productos más baratos que en los más caros- se ha convertido en una tendencia global. En esencia, lo más barato cada vez cuesta más, como un “fantasma” de los productos low cost de consumo masivo.
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Según el informe de la FAO, los alimentos muestran una tendencia inflacionaria con el azúcar y los aceites vegetales liderando las alzas acumuladas desde 2020, con incrementos de 58,26% y 31,61% respectivamente.
El encarecimiento del azúcar se explica por una combinación de factores climáticos adversos y daños en los campos de caña en Brasil, donde la sequía y los incendios han afectado significativamente las perspectivas de cosecha.
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En cuanto a los aceites vegetales, el índice alcanzó su nivel más alto desde principios de 2023, impulsado por la continua suba de los aceites de palma, soja, girasol y colza. La producción de aceite de palma, en particular, registró su cuarta subida mensual consecutiva debido a una menor producción en el sudeste asiático.
Por otro lado, el precio del aceite de soja repuntó debido a una molienda menor a la prevista en Estados Unidos, mientras que los aceites de girasol y colza mostraron una leve recuperación en septiembre ante una oferta más ajustada para la próxima campaña agrícola.
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Otros productos también registraron aumentos: los lácteos 24,06%, las carnes 21,87% y los cereales 10,38%, lo que evidencia la persistente presión sobre los precios de los alimentos a nivel mundial.
Impacto en la calidad y consumo en Argentina
Frente a este contexto inflacionario, los productores, tanto en Argentina como en otras partes del mundo, se ven obligados a utilizar técnicas como la sustitución de materias primas por otras más baratas y de menor calidad, con el objetivo de mantener los precios o, al menos, moderar su aumento para no perder ventas. Como resultado, la calidad de los alimentos se deteriora, pero los consumidores terminan pagando lo mismo o incluso más.
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En Argentina, las marcas y cadenas de supermercados han recurrido a promociones como los “3x2″ o descuentos en la segunda unidad para sostener las ventas.
Aunque estas ofertas parecen beneficiosas, los consumidores en situación de vulnerabilidad no pueden aprovecharlas, ya que en un país con más de la mitad de la población en estado de pobreza en el primer semestre, las compras mensuales se han vuelto semanales o diarias, adquiriendo solo lo justo y posible en autoservicios o almacenes cercanos, en lugar de en hipermercados. El costo de trasladarse en transporte público a los centros de compras encarece aún más el gasto.
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Como resultado, las personas en situación de pobreza terminan pagando precios más altos por alimentos y sin la posibilidad de acceder a financiamiento.

En ciertos productos relevados, se detecta que en autoservicios se paga hasta 50% más que en hipermercados.
El fenómeno de la cheapflation también ha reducido la diferencia de precios entre primeras y segundas marcas, a veces haciendo que la brecha sea negativa. Para evitar el sobre stock y el vencimiento de productos, se han implementado descuentos en primeras marcas de entre 20% y 50% en días específicos.
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En algunos casos, esas promociones pueden combinarse con planes de financiamiento que ofrecen los hipermercados, como descuentos al pagar con billeteras virtuales, cuotas sin interés o descuentos por pago en efectivo. Sin embargo, para la mitad de la población que vive en la pobreza, estas ofertas siguen siendo inaccesibles.
Al comparar precios entre primeras y segundas marcas en hipermercados, aplicando un descuento de 35% en las primeras marcas, se invierte la ventaja de ahorro.
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Estrategias comerciales y efectos en el consumo
Se observa un aumento moderado en las ventas en pequeños almacenes y una caída interanual en los supermercados e hipermercados, que mantienen amplios niveles de stock. Esta situación ha llevado a las grandes empresas de producción industrial de alimentos a utilizar estrategias de cheapflation para enfrentar la presión inflacionaria.
Para los consumidores, es fundamental comprender cómo y cuándo se presentan estos fenómenos para tomar decisiones de compra más informadas. Por otro lado, las empresas y los organismos reguladores debieran trabajar en la transparencia para que los consumidores puedan evaluar la calidad de lo que adquieren.
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A pesar de este fenómeno, no se vislumbra el fin de los supermercados ni de los productos low cost. De hecho, podría suceder lo contrario. En el siglo XIX, el economista escocés Robert Giffen observó que, en medio de la crisis de precios, el consumo de papas entre la población pobre continuaba aumentando, incluso cuando su precio subía. Esto, conocido como efecto Giffen, se produce cuando los consumidores de bajos ingresos priorizan la cantidad sobre la calidad.
En el caso de Argentina, este fenómeno es particularmente evidente. A pesar de que el precio de la carne ha sido uno de los que menos ha aumentado en el último año, su consumo ha disminuido en favor de alimentos como los fideos o el arroz.
El autor es Analista Económico
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