
Fuera de toda opinión referida a la discusión del contenido de la Ley Bases, y dejando la misma en manos de expertos en dicha materia, considero vital referirme a 10 premisas universales que son los diez mandamientos. Sin ellos sería imposible sostener en nuestro país cualquier paquete de leyes que tienen como meta efectuar cambios para el bien de los argentinos.
Los diez mandamientos bíblicos, que Dios entregó al patriarca Moisés al pie del Sinaí y que representan la columna vertebral de las religiones monoteístas, son mandamientos de bases, para la convivencia, el ejercicio de la democracia y la libertad.
Un breve análisis de algunos de ellos nos permitirá identificar un camino de reconstrucción nacional:
No hagas mal uso del nombre de Dios: según datos del CONICET el 85% de los argentinos manifiesta creer en Dios, es decir que el nombre de Dios está en boca de la mayoría, no es un dato menor que el Preámbulo de la Constitución rece “invocando la protección de Dios“. La pregunta es qué uso le damos al nombre de Dios, ya que escuchar en algunos medios de prensa, expresiones que ridiculizan la fe o el nombre de Dios solo como muletilla, dista bastante de la fe de millones de argentinos.
Acuérdate de guardar el día de descanso: el trabajo es sinónimo de dignidad humana, siempre que el trabajador no sea vulnerado en sus derechos y el descanso es uno de ellos. El descanso evita accidentes, fortalece los vínculos familiares, desarrolla calidad de vida, logra una visión renovada por medio de la meditación, la lectura y la recreación. Las leyes laborales deben contener este mandato bíblico, garantizando la protección de los trabajadores, mejores condiciones y salarios, que traerán como resultado la productividad.
No matarás: es preciso procurar leyes que promuevan y protejan la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Una nación que no priorice la defensa de la vida en toda su dimensión se verá afectada en todos sus órdenes, por la simple razón de no velar por su valor sagrado. Los países que priorizan otros intereses por sobre el cuidado de la vida, empobrecen no solo en su economía, sino también en lo moral.
No robar: un líder sindical confesó alguna vez en un conocido programa de televisión que si se dejara de robar en Argentina por dos años el país saldría adelante, haciendo alusión a la corrupción reinante. Si cada ciudadano, líder político, social o empresarial, entendiera las consecuencias de romper con este mandamiento, descubriría los beneficios de su cumplimiento. No depende de no robar por un tiempo y luego volver hacerlo, ya que se correría el riesgo de caer en un pecado mayor. Deberíamos iniciar una campaña con el slogan “La revolución de no robar.”
No des falso testimonio contra tu prójimo: Hoy se practica como deporte la fake news, se lanzan carpetazos con medias verdades, se editan entrevistas para crear otras interpretaciones, se adulteran índices estadísticos para sostener un pensamiento ideológico. Esta práctica cuando se transforma en un círculo vicioso, se alterna el rol de víctima y villano, para beneficiar o unos y perjudicar a otros. Argentina necesita redimirse en un liderazgo sano que esté por encima de todo interés personal o ambición ciega al poder por cualquier precio, es la verdad la que nos hace libres, la que honra la justicia y la objetividad. Es tiempo de visibilizar en todo medio que la verdad sí importa.
Como corolario de esta columna de opinión, las palabras de Martín Luther King: “La oscuridad no puede sacarnos de la oscuridad. Solo la luz puede hacerlo. El odio no puede sacarnos del odio. Solo el amor puede hacerlo.” La reconstrucción de un país radica en el pensamiento bíblico de vencer con el bien el mal. Volvamos a los diez mandamientos o primera ley bases, esta es una receta que nunca falla.
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