
Los tan conocidos alivios en los impuestos a las empresas tuvieron un rol significativo pero no fue el principal ni único pilar del desarrollo de la economía irlandesa, a la que se fijó como norte el presidente Javier Milei.
La reforma impositiva y la reducción del consumo por parte del Estado motorizaron un flujo considerable de inversiones, entradas de capitales y el comercio internacional; sin esas aperturas, el progreso hubiese sido apenas beneficioso.
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El PBI por habitante, que era apenas un tercio del de EEUU. en 1984, ya lo había alcanzado en 2003. Y, 20 años más tarde, ya se ubicaba casi al tope del planeta, 40% mayor al de la primera potencia mundial.
Contrariando al credo de gremialistas y de algunos opinadores argentinos, la liberación de las trabas comerciales impulsó notablemente el empleo privado y la actividad productiva en general.
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Las horas trabajadas por cada asalariado promedio aumentaron 15% y la ocupación pasó del 58% al 68% de la población adulta. Con ello, las horas totales trabajadas se elevaron casi 40%, un hecho fenomenal que no ha sido investigado suficientemente.
En particular, convergieron dos componentes centrales del ideario liberal: reducciones graduales de los impuestos a las empresas, acompañadas por disminuciones de los gastos de consumo estatales, que derivaron en que se multiplicara por 7 la productividad total del uso de los factores productivos (PTF), en dólares constantes.
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Los cambios más relevantes
Los impuestos sobre los ingresos de empresas de servicios y actividades no manufactureras alcanzaban al 50% y se redujeron gradualmente, hasta 12,5% en 2003, ubicándose en la tasa más baja entre los países de las OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).
Otros cambios en política fiscal fueron la baja en los impuestos al trabajo y al consumo privado, mientras se redujo el gasto en consumo estatal, del 20% del PBI en 1980, a 14% del PBI en 2005; en tanto, las transferencias del gobierno se mantuvieron constantes en 9% del PBI. Por otro lado, el despegue furibundo de la economía atrajo ingresos considerables de capitales, principalmente inversiones extranjeras directas.
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El historiador Robert Fitzroy Foster cree que la entrada de compañías estadounidenses como Intel ayudaron a la bonanza. Los bajos impuestos, una fuerza laboral joven, regulaciones favorables a las empresas y fácil acceso a los mercados de la Unión Europea sedujeron a emprendedores. Tanto que, entre 2016 y 2023, la tasa de inversión promedió 40% anual y el gasto estatal 28% del PBI.
Comerciar dentro de la Unión Europea: La República de Irlanda recibió unos 20.000 millones de euros para invertir en educación e infraestructura. Antes de integrarse a la Unión Europea el país comerciaba predominantemente con Reino Unido, en condiciones menos competitivas.
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Oferta de empleos. La instalación de cerca de 300 industrias tecnológicas de avanzada, tipo Microsoft, Dell, etc, expresa el dinamismo de la economía. Se multiplicó por tres el volumen de las exportaciones; por cuatro el valor de la producción industrial promedio de los trabajadores; y por cinco la producción de manufacturas. Este dinamismo fomentó un excepcional mercado laboral.
Los antes desempleados, estudiantes y mujeres, que dependían del soporte económico de familiares y parientes, y la incorporación de quienes habían emigrado durante la crisis financiera, de 1980, retornaron para trabajar.
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Los incentivos de sumarse al empleo acrecentaron la proporción de trabajadores respecto de la población total y actividades conjuntas. Previamente, cada 100 trabajadores mantenían a más de 220 dependientes con impuestos y compromisos hacia sus familiares. Cuando las mujeres y otros anteriormente dependientes consiguieron trabajar, se redujo el número de personas que cada trabajador debía mantener. En 2001 el trabajador promedio producía 46% más y compartía sus ingresos con 28% menos dependientes. Es decir, los ingresos obtenibles per cápita se habían duplicado.
Resurgimiento de conflictos
La prosperidad se detuvo transitoriamente ante conflictos imprevistos, como la crisis financiera de 2008. También sufrió el país con la caída del mercado inmobiliario. Ambos episodios provocaron pérdidas de competitividad y escándalos bancarios.
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Por otra parte, la dependencia de fuentes foráneas de energía y desigualdades de la distribución de la riqueza son señaladas como debilidad de la economía.
Pero, la gran fortaleza de la economía irlandesa reside en la solidez de la estructura institucional, la pertenencia a la Unión Europea y al euro. Ambas proveen confianza y alivio de los permanentes descubridores de atrasos cambiarios.
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El autor es director de BG Consulting
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