
Entre las variadas etiquetas que recibimos las mujeres podemos contar: que somos conflictivas, dramáticas en exceso e incluso que estamos locas si reaccionamos, nos defendemos o alzamos nuestra voz. También se dice que somos gastadoras, derrochadoras de dinero. Así siguen vigentes los chistes sobre las tarjetas de crédito que “lloran” cuando ven una mujer cerca, o los maridos que caminan horas y horas detrás de sus mujeres que van de shopping.
Yo me pregunto: ¿a cuántas mujeres así realmente conocemos? ¿Cuántas de nuestras hijas, sobrinas, novias, mamás, tías, salen a “reventarle” la tarjeta al marido? Seguramente todos podemos pensar en un ejemplo, sí. ¿Pero uno solo vale para etiquetar a todas las demás por lo mismo?
En cambio, si la pregunta pasa a ser cuántas mujeres que conocemos se encargan de organizar y cuidar la economía familiar. Cuántas buscan precios, comparan opciones, aplican el famoso “camine señora, camine” con el que crecimos en los ‘90. Ahí seguramente el número de ejemplos que se nos viene a la cabeza cambia, porque las vemos hacer las compras todos los días, las cruzamos en la caja del supermercado o haciendo malabares para pagar la ropa y las zapatillas de sus hijos. En fin, cuidando su dinero, no gastándolo.
En el contexto de este Día de la Mujer, que después de todo para lo que sirve es para poner temas en agenda y que al menos una vez al año los charlemos, propongo que pensemos en cómo darles herramientas a las mujeres, en lugar de perpetuar estereotipos que sin dudas no construyen. Creo que es momento de repensar el concepto de que la mujer gasta sin límites. Dejar de usar los ejemplos graciosos de series y películas, y empezar a aplicar lo que se vive en la realidad.
Seamos agentes de cambio. Seamos quienes realmente vemos a las mujeres como las que, junto con sus parejas, buscan lo mejor para sus familias, tanto en precios como en calidad. Para ayudarnos a dar un enfoque nuevo, basta con compartir herramientas y educación en lugar de memes. Charlar sobre dinero en la mesa familiar, incluso desde la adolescencia, no juzgar las decisiones relacionadas con las finanzas de otras familias y, sobre todo, dejar de ver al dinero como algo malo o sucio que hay que esconder.
Repito, todos tenemos en mente más ejemplos de mujeres que hacen magia con recursos escasos, y no que gastan hasta lo que no tienen. Mujeres que pelean todos los días para salir adelante, y no que se desviven por una liquidación de carteras. Propongo que las honremos a ellas, y que dejemos de lado la imagen caricaturesca de la señora impecable que sale del centro comercial llena de bolsas. Para que las próximas generaciones tengan ejemplos de mujeres más reales y menos sacadas de una película de Hollywood.
La autora es creadora de Dinero en Orden
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