
Llegué a Chile hace más de 3 años, el país faro para mi generación: su música, su literatura, sus procesos políticos. Vivimos como propio el dolor del 11 de septiembre de 1973.
El mandato del presidente Alberto Fernández fue sencillo para entender y monumental para llevar a cabo: que hubiera más Argentina en Chile y más Chile en Argentina. Compartimos la misma espina dorsal del macizo andino, abrevamos en la historia común, y nos complementamos económicamente.
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Llegué en plena pandemia. Durante la emergencia sanitaria, miles de compatriotas y chilenos residentes en la Argentina fueron repatriados merced a la labor de funcionarios de los dos países, que deseo reconocer.
Dos visitas presidenciales a Santiago y una a Buenos Aires abrieron surcos más anchos, para una mayor y mejor integración. Se adquirieron compromisos en materias tan diversas como la cooperación antártica, científica y técnica, la integración física, económica y fronteriza, y la cooperación en Derechos Humanos.
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Las montañas nos desafían desde siempre, pero el desplazamiento de la economía global del Atlántico al Pacífico, nos plantea nuevas urgencias. Las economías regionales argentinas necesitan salir hacia el naciente, de manera más rápida y de modo más eficiente. Conscientes de que las grandes obras de infraestructura requieren de inversiones mayúsculas, nos planteamos encarar mejoras “quirúrgicas” inmediatas.
El principal corredor bioceánico que conecta a las economías de Argentina y Chile, el Paso del Cristo Redentor, ha triplicado su tráfico de carga luego de la pandemia. Ambos países impulsaron la utilización de vías cercanas alternativas, como la del Paso Pehuenche, para aliviar la presión de un sistema vial diseñado en la década del ‘70 del siglo pasado, insuficiente para enfrentar la demanda creciente del siglo XXI, pero indispensable para descongestionar la arteria principal.
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Nuestras provincias andinas empujan sus agendas: Jama es estratégico para Jujuy y Sico para Salta, así como lo es San Francisco para Catamarca. Recibimos, en estos últimos años, repetidas misiones de funcionarios provinciales que visitaron los puertos de Caldera, Coquimbo y Antofagasta. Peras argentinas se embarcaron en el puerto de Lirquen, con destino a los mercados asiáticos.
Hacia el sur, reconocimos la importancia del tránsito país-país, tanto para asegurar la conexión austral de Chile, como para que la conectividad entre el continente y la Provincia argentina de Tierra del Fuego fuera ágil e integre controles aduaneros y migratorios.
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Tenemos una comisión bilateral de cooperación científica y tecnológica, una mesa digital (que aborda todas las cuestiones de la nueva economía digital, desde el 5G -sigla utilizada para aludir a la quinta generación de tecnologías de telefonía móvil– hasta el Cable Humboldt y la interconexión fronteriza de fibra óptica). El comercio no es únicamente poner en contacto a vendedores con compradores. Debe ser gobernado de acuerdo con las potencialidades y las necesidades de cada país, es decir, qué vender y a quién, cuándo, por dónde y en qué condiciones.
Suscribimos un memorándum que constituyó la mesa binacional de Litio y Salares, donde abordamos desde cuestiones relacionadas con la gobernanza hasta el añadido de valor y la sustentabilidad. Provincias como Salta, Jujuy y Catamarca, propietarias de este recurso estratégico, han participado de los encuentros y hecho oír su voz.
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Tuve el privilegio de que la residencia en la que vivo transitoriamente fuese enriquecida por la conversación inteligente de dirigentes políticos de izquierda y de derecha. Muchos de los que considero los mejores logros de gestión de la Embajada (como el incremento de las exportaciones de gas y petróleo) se gestaron así, “paso a paso” y evitando los anuncios grandilocuentes.
En lo que las exportaciones de gas, se refiere, (sobre todo, las no interrumpibles), los envíos se multiplicaron por 4 y pasamos de 9 millones de m3 diarios por un solo gasoducto en 2020, a 14 millones de m3 diarios, por cuatro ductos. Volvimos a exportar petróleo crudo, 50 mil barriles diarios (que se triplicarán en breve). Argentina, sobre una base sólida, es una pieza fundamental de la transición energética chilena.
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Chile representa para la Argentina la principal fuente de superávit comercial a nivel global (más de U$S 5 mil millones en 2022 y U$S 3600 millones para lo que va de 2023). Su canasta exportadora comprende desde bienes energéticos hasta commodities agrícolas, alimentos procesados y vehículos. El 70% de la cal que consume la minería chilena viene de la provincia de San Juan. Varias provincias argentinas tienen en Chile un mercado ascendente; Córdoba y Neuquén, en particular, que exportaron en el último bienio aproximadamente U$S700 millones cada una. Independencia económica que no se ejerce, se escurre, y alguien la está esperando, no siempre quien hubiese sido más conveniente.
Para un país, como la Argentina, que necesita divisas, la promoción de las exportaciones y de los encadenamientos productivos fue mi prioridad absoluta. Así recibimos misiones comerciales de los más diversos sectores, desde la Alimentación, hasta la Tecnología y los servicios basados en el conocimiento, pasando por la minería. Estuvimos en FIDAE, en EXPOMIN y en Food & Service. Organizamos los “días” de la tecnología y de la minería argentinas, con la presencia de altos funcionarios nacionales y provinciales, de emprendedores y de potenciales consumidores. Argentina es un suministrador confiable para Chile; para muestra, un botón: cuando recientemente hubo problemas en el abasto de papas, proveedores argentinos “corrieron” a cubrir el déficit.
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Nada fructifica si antes no se lo ha sembrado y cuidado su crecimiento. Estoy convencido de que la Embajada argentina en Chile ha sembrado mucho y se ha preocupado por el destino de esa siembra, muchas veces exhortando hasta la exageración a buenos funcionarios nacionales y provinciales por las oportunidades que se abrían, si se actuaba como un proveedor responsable.
Así como se hereda, se deja en herencia. Continuamos lo más útil de lo que recibimos y otros hombres y mujeres trabajarán sobre lo ya trabajado que consideren útil. Tengo el convencimiento de que la consigna “más Argentina en Chile y más Chile en Argentina” continuará siendo una política de Estado, respetuosa de las singularidades de cada país. Es lo mejor que puedo desear. Hay cimientos sólidos; ¿es sensato esperar a construir sobre escombros?
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