
Estos días entre Rosh Hashaná (el Año Nuevo del calendario hebreo) y el Yom Kipur (el Día del perdón) son llamados los Días del Arrepentimiento o días del Retorno. Al Shabat que se encuentra en el medio de esos días se lo conoce como Shabat Shuva, el Shabat del Retorno o el Shabat de la Vuelta.
En tiempos de evaluación personal, el concepto remite claramente a rever lo pasado del año que se está cerrando, para repararnos. Para sanar, para repensar la vida y el tiempo. Una estación en el año para evaluar conductas, respuestas fuera de lugar, silencios de ausencia, actitudes y formas que duelen y que cada uno conoce de uno mismo. Errores sin intención y acciones con intención.
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Los días llaman a “Volver”. Pero ¿volver adonde?
El verbo volver nos remite inmediatamente a algún momento del tiempo que ya vivimos. Por lo que retornar o volver, implicaría regresar al lugar o al momento previo a aquel error. Nos estarían invitando a volver a ser esa persona que éramos antes de lo que haya pasado.
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Pedimos que el tiempo nos permita volver el tiempo atrás y cambiar. Cambiar lo que fuimos, o lo que hicimos. Con un perdón sincero, el “volver” pide volver a ser la persona que fui antes de haber hecho o dicho lo que hice. Suena lindo, pero ¿es posible? Por más arrepentidos y conscientes que seamos de los problemas que ocasionamos a otros y a nosotros, ¿se puede volver a ese lugar previo y simplemente decir “arranco de nuevo, limpio; seré otra vez la persona que era antes de lo que pasó”?
Maimónides (Ramba”m), uno de los más grandes pensadores de la tradición judía, escribió entre sus innumerables legados un Libro llamado “Hiljot Teshuvá - Las Leyes del Arrepentimiento”.
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En el comienzo de la obra el sabio pregunta: “¿Mahi Teshuvá?, ¿qué es la Teshuvá?”, ¿Qué es el arrepentimiento? ¿De qué se trata este regreso?
En esa ruta Maimónides, fiel a su estilo detallista, propone un orden, un proceso para alcanzar un arrepentimiento real y un cambio genuino. El maestro dice que lo primero que se debe hacer es: “Isiro mimajshavato”: correr el pensamiento negativo, el pensamiento que nos lleva a hacer lo que deseamos cambiar. Una vez que logramos capturar nuestros pensamientos y controlar el poder que ellos tienen sobre nosotros entonces: “igmor belibo shelo iaasehu od”, determinar con todo el corazón que no lo volveremos a hacer.
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Primero: Razón y corazón. Ubicar los pensamientos y gobernar las emociones en un compromiso compartido de no volver a ser en el futuro lo que no queremos ser.
El segundo paso será testimoniar frente al “Iodea Taalumot, el Conocedor de todos los secretos”, y confesar con los labios lo que hayamos realizado en el pasado.
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Al leer a Maimónides notamos que el maestro del Siglo XII, propone un orden contrario al tiempo. El proceso pareciera estar al revés de cómo debiera hacerse.
Para reparar un error del pasado, lo lógico debiera ser antes que nada y en primer lugar confesar lo hecho de manera incorrecta. Volver hacia atrás. De eso se trata el retorno. Una vez reconocido el error, recién después de esa declaración, comprometernos en que no volverá a ocurrir.
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Sin embargo, Ramba”m propone lo contrario. Lo primero es utilizar los pensamientos y el corazón en definir lo que queremos ser mañana. Recién después, buscar el error de ayer, para saber con precisión quirúrgica lo que no puede continuar dentro nuestro.
Lo natural es creer que el pasado es anterior al futuro, que primero debemos resolver el ayer para saber adónde ir mañana. El Ramba”m nos enseña que el tiempo corre exactamente al revés de lo que creemos. Lo primero es delinear con la mente y el alma el tipo de persona que queremos ser. Con ese modelo a seguir, con la percepción personal de la propia nueva identidad, podremos reconocer más fácilmente qué cosas debemos dejar de hacer, para poder ser.
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Porque si empezamos por las cosas del pasado, sin dudas, encontraremos un mundo de auto justificaciones. Habrá un sinfín de culpables y responsables, minimizaciones y disculpas a medias.
Sin embargo, si comenzamos por delinear qué tipo de personas sí queremos ser, cómo queremos que nos conozcan o recuerden, el tipo de padre, de hijo, de ciudadano, entonces volver será volver a leer lo que alguna vez fuimos, para construir quiénes seremos y quiénes ya no.
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Amigos queridos. Amigos todos.
Rosh Hashaná es el comienzo del nuevo año. Diez días después llega Yom Kipur, que es el cierre del año que pasó. Primero el futuro, y recién después el pasado.
Es por eso que estos diez días no pertenecen a ninguno de los dos años. Son días fuera del tiempo.
Volver, es volver a leer el tiempo. El diseño de nuestro yo del mañana será la ruta para leer con otros lentes las páginas de nuestro ayer.
Jatimá Tova. Que tengamos una buena firma en el Libro de Nuestras Vidas.
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