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La frontera de Ceuta como termómetro del pulso entre España, Marruecos y Argelia en el Magreb

El cruce irregular deja de ser solo una emergencia y pasa a reflejar rivalidades regionales, desde la disputa del Sahara Occidental hasta la competencia entre Rabat y Argel, que condiciona la relación de Madrid con ambos

Ceuta volvió a convertirse en el epicentro de una crisis migratoria que refleja las tensiones entre España, Marruecos y la Unión Europea. Foto:  REUTERS/Jaime Lopez
Ceuta volvió a convertirse en el epicentro de una crisis migratoria que refleja las tensiones entre España, Marruecos y la Unión Europea. Foto: REUTERS/Jaime Lopez
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Ceuta ha vuelto a convertirse en el epicentro de una crisis migratoria que trasciende la emergencia humanitaria para consolidarse como un complejo tablero de ajedrez diplomático. Lo que a primera vista se presenta como un flujo desesperado de miles de personas buscando refugio en suelo europeo, esconde en realidad un mecanismo de presión internacional. En esta frontera sur de la Unión Europea (UE), los flujos migratorios actúan como el indicador mas preciso de las tensiones bilaterales entre Madrid y Rabat. También de las circunstancias geopolíticas del Magreb.

Detrás de cada repunte migratorio (el anterior fue en mayo 2021) se proyecta la histórica reclamación territorial de Marruecos sobre los enclaves españoles a pesar de que no existe ninguna resolución de Naciones Unidas que reconozca a Ceuta y Melilla como territorios pendientes de descolonización, ni que catalogue la soberanía española sobre los enclaves como un problema colonial. En términos diplomáticos y jurídicos la ONU trata a Ceuta como una frontera exterior soberana de España y de la UE.

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Sin embargo, desde la independencia en 1956, el reino alauita ha considerado a Ceuta y Melilla como “ciudades ocupadas” y como una anomalía geográfica heredada del pasado colonial. Aunque las relaciones comerciales y de seguridad obligan a mantener una fachada de cordialidad diplomática con Madrid, Rabat nunca ha renunciado a la aspiración de soberanía. El control fronterizo se convierte, de este modo, en una herramienta de reclamo intermitente que Marruecos activa o desactiva según necesidades políticas internas y externas.

La historia reciente demuestra que la apertura o el cierre de los puestos de control marroquí coincide con los momentos de fricción diplomática con España. Cuando Madrid adopta posturas que incomodan a Rabat como podría ser un reciente acuerdo diplomático entre Madrid y Argel, la vigilancia en playas y espigones limítrofes disminuye de forma repentina. Esta relajación de la seguridad no es casual, funciona como una demostración de fuerza que obliga a España y la UE a negociar bajo una fuerte presión mediática. La migración, en este contexto, deja de ser un fenómeno social para transformarse en un arma diplomática.

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La ONU no considera a Ceuta y Melilla territorios pendientes de descolonización y reconoce a Ceuta como frontera exterior soberana de España y de la UE.. Foto: REUTERS
La ONU no considera a Ceuta y Melilla territorios pendientes de descolonización y reconoce a Ceuta como frontera exterior soberana de España y de la UE.. Foto: REUTERS

El principal motor de esta estrategia ha sido tradicionalmente el conflicto del Sahara Occidental. Marruecos exige el reconocimiento internacional de su plan de autonomía para la antigua colonia española para garantizar una vecindad pacífica. El giro histórico de España en su postura sobre el Sahara, respaldando la propuesta marroquí, evidenció el éxito de la diplomacia coercitiva. La estabilidad temporal de la frontera de Ceuta se compró al precio de concesiones políticas de alto nivel, demostrando que el paso de personas ha sido la moneda de cambio favorita de Marruecos.

Por su parte, Argelia entra en este escenario no por ambiciones territoriales sobre Ceuta, sino como el eterno rival geoestratégico de Marruecos en la región. Las fronteras entre ambos países magrebíes y su histórica enemistad por el liderazgo subregional convierten a la inmigración en un asunto aún más espinoso. Argelia, principal apoyo del Frente Polisario, observa con recelo cualquier avance diplomático de Marruecos. El flujo constante de ciudadanos de origen argelino que intentan cruzar a Ceuta a través de territorio marroquí añade una capa extra de complejidad.

Para la UE, la situación en Ceuta representa un desafío importante. Bruselas se ha visto obligada a equilibrar la defensa de los derechos humanos y el asilo con la necesidad de blindar sus fronteras exteriores. El bloque europeo responde financiando los sistemas de seguridad de Marruecos para que actúe como gendarme fronterizo. Sin embargo, esta dependencia financiera y policial otorga a Rabat un poder de veto implícito sobre las políticas migratorias europeas, perpetuando un circulo vicioso de vulnerabilidad para Ceuta y Melilla.

Mientras la gestión de los flujos migratorios siga subordinada a las concesiones políticas en el norte de África, Ceuta continuará siendo escenario de los pulsos geopolíticos, y el drama humano, termómetro que mida la temperatura de las complejas ambiciones soberanistas en el Magreb.